Los Salones Amenti: El secreto bajo la pirámide de Kefrén CAPÍTULO 4º - EL PROYECTO
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CAPÍTULO 4º - EL PROYECTO

La sirvienta llama a la puerta de la estancia de Sofía.

—¿Necesita algo, señorita?

—No, Amelia, gracias.

La gobernanta la invita a que la acompañe hasta el jardín de la mansión. Hoy hace un día espléndido en Londres, lo que permite comer al aire libre.

—Sofía, ¿cómo te implicaste en la historia?

—Mi jefe, el señor Rossi, no soporta que otros periódicos se anticipen con según qué noticias.

Entonces me pidió que investigara si la historia de las estructuras subterráneas de la pirámide era verdad o un bulo.

Llamé al ingeniero para entrevistarle y me citó en su fábrica.

Cuando llegué, estaban todos muertos y la fábrica destrozada.

El inspector de policía que investigaba lo sucedido me pidió que colaborara para intentar esclarecer los hechos.

Resultó que Bondia no había muerto. Cuando fuimos a verlo al hospital, solo dijo dos palabras: «Seres de Luz».

Entonces, una pequeña esfera luminosa perforó el cristal de la ventana, le atravesó el cráneo y murió.

En ninguno de los cadáveres se encontraron balas.

Consultamos a una médium que nos puso en contacto con el espíritu de Bondia y nos confirmó que lo habían matado los Hijos de la Luz.

Como el inspector conocía a la hija, nos llevó a la casa del ingeniero.

Allí encontramos, en un secreter, un bloc de notas con anotaciones de todo lo que había hecho en tecnología y descubierto sobre el terreno.

—En el artículo no hablas de cómo murió ni del bloc. ¿Tienes las notas?

—Si las he traído. La policía no dejó que publicara ciertas cosas para no perjudicar la investigación.

—Bien, comamos; esta tarde profundizamos. ¿Te gusta el roast beef?

Después de comer, van llegando a la mansión los miembros del equipo. La reunión es en la biblioteca. Eric toma la palabra:

—Os presento a la señorita Sofía Lonus, periodista de El Corriere della Sera.

Es la persona que escribió el artículo, el origen de nuestra próxima expedición, que será descubrir si es verdad que existen las estructuras que menciona el ingeniero Federico Bondia.

Os presentaré a Elisabeth, documentalista; Marcos, aparatología; y Alberto, cámaras y drones —comenta Carol.

—Elisabeth ya lleva unos días preparando un informe.

—Sí, empezaré hablando del ingeniero. Es, bueno, era un genio de la tecnología de radares. Los modificó hasta conseguir el radar de apertura sintética acoplado a un tomógrafo Doppler, que permiten obtener imágenes del subsuelo a gran profundidad —explica Sofía.

Eric la interrumpe:

—Perdona, Marcos, ¿podemos tener este Radar?

—Creo que sí.

—Bien, sigue.

—Consiguió imágenes que mostraban que las pirámides son en realidad la punta visible de grandes complejos subterráneos; serían portales a nodos energéticos.

En la base de la pirámide de Kefrén habría ocho pozos verticales gigantes, con una columna en su centro envuelta en bobinas helicoidales perfectas, que terminarían a más de 3.

500 pies por debajo de la meseta, en cámaras cúbicas de 260 × 260 × 260 pies, más grandes que la mayoría de los recintos actuales.

Allí se guardarían los más grandes conocimientos del origen de la humanidad, salvaguardados por los Hijos de la Luz.

El lugar sería las Salas Amenti. También allí se encontraría el Huevo de la Vida: la raza Abgal de Sirio y los Ushungal de Orión mezclaron sus energías y crearon un huevo que contiene las ocho células madre con todos los atributos del origen del Universo.

Geólogos afines aseguraron que no podían ser estructuras naturales, sino construcciones, y Bondia reveló que cuatro operadores de satélites independientes, Umbra, Capella Space, ICEYE y Cosmo-SkyMed de Italia, devolvieron datos tomográficos brutos idénticos que mostraban las mismas estructuras.

Sin embargo, sus detractores dicen que todo es inventado.

Otros geólogos aseguran que el tipo de roca que hay bajo las pirámides no permite estas construcciones.

Además, ningún radar puede obtener imágenes más allá de un par de metros de profundidad; llegar a casi un kilómetro con nitidez es imposible.

La conclusión es que ninguna de las afirmaciones de Bondia tiene base científica. Entonces, ¿a quién creer?

—Ahora es Sofía quien interviene –

—Lo que encontré en su casa son las notas en las que explica la técnica del radar y su viaje a Egipto. Nos servirá para hacer nuestra propia evaluación.

Elisabeth añade:

—Tengo que decir que es verdad: no he hallado ninguna investigación científica al respecto.

En cambio, textos antiguos como la Tabla Esmeralda, atribuida a Thoth el Atlante, aseguran la existencia de ese mundo y de sus habitantes; describen un reino ubicado en las profundidades de la tierra, bajo la Atlántida sumergida, un lugar de sabiduría y transformación espiritual donde residen los Hijos de la Luz, seres inmortales que guían a la humanidad.

El creador de ese lugar, Thoth, también es el dios de la sabiduría y allí convive con otros dioses de la mitología egipcia, como Osiris.

Este espacio, para los egipcios, es el Duat, donde llegarían las almas de los muertos para su juicio final, que se regiría por el Libro de los Muertos.

También se dice que debajo de la Gran Pirámide y de la Esfinge se encuentra la Sala de los Registros, donde, otra vez, Thoth guardó toda la sabiduría tecnológica de los atlantes antes de su destrucción.

—Carol comenta –

—Es evidente que todo esto merece una expedición, más teniendo en cuenta que los que estamos aquí, menos tú, Sofía, cuando fuimos a Agartha descubrimos y estuvimos en la Sala de los Registros debajo de la Esfinge, algo que no dimos a conocer al mundo porque consideramos que aún no era el momento para la humanidad.

—Carol, creo que deberíamos estudiar primero a fondo el bloc de Bondia.

Después, recordad que tenemos la máquina del tiempo que encontramos en la isla de Santorini cuando buscábamos la Atlántida, creada por sus habitantes.

Podemos viajar hasta el pasado y ver si encontramos imágenes de cuando sucedió todo esto.

Por último, podríamos hacer una escaleta de lo que debe ser nuestra expedición. ¿Estás de acuerdo?

—Sí, Marcos que consiga el Radar, Elisabeth y Sofía que estudien el diario del ingeniero, Eric, tú y Alberto la máquina del tiempo y yo intentaré coordinar todo.

—El radar que usó Bondia, los planos y un tutorial de uso los tiene la policía de Milán. No sé si nos los prestarían; puedo hablar con Nacario.

—Eso estaría bien: al menos los planos, aunque sean fotocopias, no los originales.

—Mañana le llamaré.

Los días siguientes son de intenso trabajo.

Todo el equipo está instalado en la mansión.

La periodista y la documentalista estudian a fondo las notas; Marcos se centra en el estudio de las descripciones de las modificaciones que permiten el nuevo radar; Eric y Alberto ponen en marcha la máquina del tiempo; Carol escribe la petición para el Ministerio de Asuntos Arqueológicos egipcio, escribiendo un dosier, explicando la hipótesis de trabajo, el método que se usará y las conclusiones posibles como resultado de la investigación, todo inventado.

Una mañana se reúnen en la biblioteca.

—Empiezo yo. Ya he pedido los permisos para trabajar en la meseta de Guiza, sin especificar en qué monumento. El título de la investigación es «Estudio geológico del subsuelo de Guiza».

—Llamé a Nacario. La policía no permite salir del país las pruebas de un asesinato; no nos mandarán nada.

—Sofía y yo hemos escrito el plan de viaje y trabajo.

Según las notas de Bondia, primero tendremos que hacer la prospección del terreno en los alrededores y en la base de la pirámide de Kefrén, y hacer un plano de lo que descubramos.

La entrada al complejo nos la indicarán los resultados del radar.

No obstante, el ingeniero describe la entrada de la pirámide: dice que tiene dos, una a doce metros de altura entre las hiladas y otra en la base, pero a treinta metros del monumento, ambas en la cara norte.

Entramos por la segunda bajando a un pozo.

Una vez en el interior, encontramos dos pasadizos: uno que va hacia la base de la pirámide y otro hacia la base de la Esfinge.

—Intuyo que el que va debajo de la pirámide será el camino hacia el reino subterráneo que buscamos y el otro será el camino que nos llevaría al Salón de los Registros.

—Marcos, ¿te han servido las notas para modificar el radar?

—Sí, prácticamente he conseguido una réplica del original construido por Bondia, sus notas son muy claras, me faltará probarlo.

Necesitaremos una avioneta, pues la antena del SAR se monta en el fuselaje y desde allí emite ondas y lo que lee es el rebote, tendré que piratear un satélite con SAR, he pensado en el Sentinel 1, de la agencia europea, su lectura la cotejaré con la nuestra y tienen que coincidir.

—¿Puedes montarlo en el jet?

—Creo que sí. Las imágenes del satélite las tomaré desde aquí y, cuando vayamos a Egipto, las tomaré desde el avión. A ver si coinciden. No obstante, estoy trabajando en una versión más pequeña para colocarlo en un dron, por si no nos dejan sobrevolar la meseta de Guiza.

—¿Alberto y tú habéis puesto en marcha la máquina del tiempo?

—Sí, usando grafismos atlantes que nos proporcionó el profesor Kromqui, marcamos la fecha de 14.

000 años a. C., que es la fecha aproximada en que se supone que Thoth fundó la Atlántida.

Esta desapareció unos 8.000 años después; entonces, él se trasladó a la región de Egipto y fundó la primera dinastía.

Se convirtió en faraón y sacerdote, y en este período empezaron las grandes obras.

El gran problema es que todas estas fechas son aproximadas y no tienen ninguna certificación histórica.

—Carol comenta –

—Resumiendo: habéis visto imágenes de Thoth, de las obras de la pirámide de Keops, obras de la base de lo que sería Kefrén, obras de la Esfinge, pero ninguna del interior del complejo que buscamos.

—Exactamente, pero, por escritos antiguos y la máquina del tiempo, sabemos que Thoth existió, que la Sala de los Registros existe porque estuvimos dentro. Es lógico pensar que el complejo subterráneo existe y sus habitantes también.

Después de la reunión, Amelia sirve unos cócteles en el jardín y continúa con una exquisita cena.

La noche está en su punto más álgido, la oscuridad en los jardines es casi total pues la luna no ha hecho acto de presencia, la mansión está en silencio todos duermen, los pasillos tienen una iluminación suave producida por aparatos quitamiedos, por si alguien tiene necesidad de moverse por la casa a horas intempestivas, la alarma está conectada en modo exterior.

De pronto, unas esferas luminosas aparecen de la nada, surcan el cielo y se acercan a la vivienda, entran por una de las chimeneas y se mueven sigilosamente por los pasillos, al tiempo que van tomando forma humana manteniéndose como una nebulosa blanquecina casi transparente.

Pero, de repente, todas las luces de la casa se encienden. Un chisporroteo eléctrico, parecido al fuego de San Telmo, se apodera de la atmósfera de la morada. Cuando uno de los amasijos de chispas coincide con una de las nebulosas, esta explota y se convierte en vapor.

Carol y Eric salen de su habitación con un Taser en las manos. Cuando se cruzan con una de las nebulosas, activan el arma de electrochoque y esta se evapora.

Todo el equipo se levanta y sale de sus habitaciones, el caos es importante pero las figuras vaporosas van desapareciendo a medida que se cruzan con los efectos eléctricos, hasta quedar exterminadas.

—¿Qué ha sido esto?

—Tranquilos, cuando Sofía contó lo de los Seres de Luz, Marcos y yo hablamos de la posibilidad de ser atacados y que podíamos hacer, él me propuso montar una alarma de exceso de ionización del aire, cuando eso ocurre el aire se carga de electricidad estática y produce el fenómeno de San Telmo, las descargas eléctricas que se generan evaporan la nebulosa, que hace visible al Ser de Luz, estos seres son energía pura, se hacen visibles por la condensación a su alrededor, pero con la electricidad se sobrecargan, perdiendo así su capacidad de actuar y ser visibles.

—Nos estás diciendo que hemos sido atacados por esos seres que supuestamente habitan en las profundidades en las Salas de Amenti.

—Pues sí, seguramente piensan, como ocurrió con Bondia, que somos un peligro. No quieren que nadie los descubra.

—Entonces existen. Este ataque es la prueba.

—Efectivamente.

—Debemos plantearnos la expedición no solo como una investigación arqueológica, también debemos considerar la posibilidad de ser atacados.

—Marcos está valorando diferentes modos de defendernos.

Los Taser esta noche han demostrado que pueden servirnos.

Está intentando crear un escudo eléctrico.

Sería una barrera inalámbrica que utilizaría pulsos cortos de alto voltaje, generados por una batería.

Cuando una esfera de luz intentara cruzar la defensa, sería neutralizada por la corriente.

El resto de la noche transcurre sin más incidentes.

A la mañana siguiente, durante el desayuno, Eric pide a Elisabeth que formalice la compra de Taser para cada uno de los miembros del equipo.

—También he pensado que en lugar de ir a un hotel, alquilar una casa a las afueras de El Cairo y pedir a mi amigo James que su empresa de seguridad privada nos cuide. Elisabeth habla con James, montad toda la movida, mansión, coches, todo lo que necesitemos.

—De acuerdo, hoy mismo hablaré con James.

—Explícale el ataque que sufrimos ayer de los Hijos de la Luz. Coméntale lo de los Taser; si tiene alguna duda, que hable con Marcos.

—Alberto comenta –

—Por cierto, hoy llegan los drones que hemos comprado, según hable con Marcos, para instalar el radar y otro con cámara.

—Y los escudos eléctricos que diseñó Marcos.

—¿Seguro que funcionan?

—Por supuesto. Se basan en el modo de actuar de una valla electrificada. Cuando algo intenta cruzarla, se tropieza con una descarga y se acabó.

Durante todo el día el equipo apura los preparativos para lanzarse a la nueva aventura.