Los Rostros Falsos (Crónicas de El Lobo Solitario 2) I - FUERA DE LA TIERRA DE NADIE #3
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I - FUERA DE LA TIERRA DE NADIE #3

A través de la brecha en la pared resonaban los gritos y gemidos de los heridos.

El aire viciado se saturó de un hedor nauseabundo a yodoformo.

Ráfagas de viento húmedo se arremolinaban de un lado a otro.

Las velas parpadeaban y se agitaban, se consumían en canalones de cera, y eran reemplazadas.

Sombras monstruosas se escurrían de los rincones negros, reptaban por las paredes mohosas, se agazapaban, saltaban y se desvanecían, o, inescrutablemente desconcertadas, se retiraban hoscas a sus guaridas. ..

Durante la mayor parte de una hora la lucha continuó; luego su vigor comenzó a menguar.

La artillería británica más pesada cesó el fuego; tiempo después las baterías de campaña interrumpieron sus actividades.

El volumen de fuego en las trincheras de avanzada disminuyó, se reanudó ferozmente media docena de veces y se fue apagando hasta volver a la normalidad.

Una vez más el boche había sido rechazado.

Al regresar a su silla, el oficial al mando apoyó los codos sobre la mesa e inclinó la cabeza entre las manos en una actitud de profunda fatiga.

Pareció recordar la presencia de Lanyard solo a costa de un esfuerzo extenuante, levantando unos ojos de párpados pesados para mirarle a la cara con una expresión casi incrédula.

—Suponía que estaba usted en América —dijo con un acento apagado.

—Lo estuve... durante un tiempo.

—¿Volvió para servir a Francia?

Lanyard negó con la cabeza.

—Regresé a Europa al cabo de un año, la primavera antes de la guerra.

—¿Por qué?

—Me echaron de Nueva York, perseguido. Los boches no me dejaban en paz.

El oficial pareció sorprendido.

—¿Los boches?

—Más exactamente, Herr Ekstrom... por nombrarle tal y como lo conocíamos.

Pero yo no sospeché esto durante mucho tiempo, que fuera él el responsable de mi persecución.

Solo sabía que la policía de América, informada de mi identidad como el Lobo Solitario, buscaba deportarme, que toda vía para ganarme la vida honradamente estaba cerrada.

Así que tuve que marcharme, e intentar perderme.

—Su esposa... Quiero decir, usted se casó, ¿verdad?

Lanyard asintió.

—Lucy se mantuvo a mi lado hasta... el final... Ella tenía un poco de dinero propio. Aquello financió nuestra huida de los Estados Unidos. Hicimos un viaje con muchos desvíos, para eludir la vigilancia... y, creo, lo conseguimos.

—¿Regresaron a París?

—No. Francia, al igual que Inglaterra, estaba vedada para el Lobo Solitario... Nos instalamos en Bélgica, Lucy, yo y nuestro hijo. Él tenía tres meses. Encontramos una pequeña y tranquila casa en Lovaina...

El oficial le interrumpió con un sordo grito de aprensión; Lanyard lo frenó con un gesto sombrío.

—Déjeme que le cuente...

»Podríamos haber sido felices. Nadie nos conocía.

Nos bastábamos a nosotros mismos. Pero yo no tenía ocupación; se me ocurrió que mis memorias podrían ser una buena lectura.

.. para París; mis amigos los franceses son tan aficionados a sus criminales como ustedes los ingleses a sus actores.

El dos de agosto viajé a París para negociar con un editor.

Mientras estaba fuera, el boche invadió Bélgica.

Antes de que yo pudiera regresar, Lovaina había sido ocupada, saqueada. ..

Se quedó sentado un rato en un silencio taciturno; el oficial no hizo ningún intento de sacarlo de él, pero la mirada que dirigió a la cabeza gacha del hombre era grave y compasiva. Abruptamente, con una voz uniforme y sin tono, Lanyard prosiguió:

—Para poder volver a mi hogar tuve que dar un rodeo a través de Inglaterra y Holanda.

Crucé la frontera holandesa disfrazado de campesino belga.

Cuando volví a entrar en Lovaina fue para encontrar.

.. Pero el mundo entero sabe lo que hizo la bestia rubia en Lovaina.

Mi esposa y mi hijo pequeño habían desaparecido por completo.

Busqué durante tres meses antes de encontrar rastro de ninguno de los dos.

Entonces... Lucy murió en mis brazos en una miserable choza cerca de Aerschot.

Había visto cómo masacraban a nuestro hijo ante sus propios ojos. Ella misma...

La mano de Lanyard, que descansaba sobre la mesa, se cerró en un puño y palideció bajo su piel mugrienta. Sus ojos sondearon distancias inconmensurablemente alejadas más allá de los confines de aquel tétrico sótano. Pero pronto continuó:

—Ekstrom había acompañado al ejército de invasión, había visto y reconocido a Lucy a su paso por Lovaina.

Por lo tanto, ella y mi hijo estuvieron entre los primeros en ser sacrificados.

.. Cuando estuve ante su tumba, dediqué mi vida a la exterminación de Ekstrom y de toda su ralea.

Desde entonces he hecho cosas en las que no me gusta pensar.

Pero el sistema de espionaje prusiano es más débil debido a mi trabajo. ..

»Pero a Ekstrom no pude encontrarle nunca.

Era como si supiera que le cazaba. Rara vez me llevaba veinticuatro horas de ventaja, y sin embargo nunca lo alcancé salvo en una ocasión; y entonces estaba demasiado bien escoltado.

.. Lo perseguí hasta Berlín, hasta Potsdam, tres veces hasta el frente occidental, a Serbia, una vez a Constantinopla, dos veces a Petrogrado.

El oficial profirió una exclamación de asombro. Lanyard le miró con aire de menosprecio.

—No hay nada extraño en ello. Para alguien con mi antiguo entrenamiento aquello era fácil.

.. todo era fácil excepto el fin que buscaba.

.. En passant recopilé información relativa al funcionamiento del sistema de espionaje prusiano.

De vez en cuando encontré la forma de comunicar algo de esto a la Sûreté en París.

Creo que Francia e Inglaterra ya se han beneficiado un poco de mis esfuerzos.

Se beneficiarán más, y pronto, cuando haya contado todo lo que tengo que contar. ..

»De repente Ekstrom se esfumó. De la noche a la mañana desapareció de Alemania.

Una pista falsa me trajo de vuelta a este frente.

Hace dos días me enteré de que había sido enviado a América en una misión secreta.

Sabiendo que los Estados Unidos han roto las relaciones diplomáticas con Berlín y tiemblan al borde de una declaración de guerra, podemos suponer algo sobre la naturaleza de su misión.

Pretendo asegurarme de que fracase... Seguirle a América, abriéndome camino a través de Bélgica y Holanda, persiguiendo los senderos furtivos que debo tomar en territorio dominado por el boche, significaba perder mucho tiempo.

Así que atravesé las líneas esta noche. La fortuna fue amable al arrojarme en sus manos: cuento con su ayuda.

Como antiguo agente del Servicio Secreto, usted está en posición de allanarme el camino; como inglés, promoverá los intereses de un futuro aliado de Inglaterra si me ayuda hasta el límite de su capacidad; porque lo que pretendo hacer en América servirá a ese país, al exponer las conspiraciones del boche al otro lado del océano, tanto como servirá a mis propios fines personales.

La mano del oficial cayó sobre la mesa y se cerró sobre el puño nudoso del Lobo Solitario.

—Como inglés —dijo con sencillez—, por supuesto. Pero no menos como amigo suyo.