Capítulo 21 #3
¿Me gustaba que las cosas hubieran llegado a ese punto?
No, pero confiaba en Nick. La noche anterior me había dicho que echaba de menos la emoción de la caza y lo creí.
Ni siquiera estaba ahí de forma oficial.
El pequeño grupo de personas que él mismo había seleccionado para acompañarlo sabía que se trataba de una operación no autorizada, y a todos les parecía bien.
Era muy difícil conseguir que se mantuvieran los cargos contra las bandas de moteros.
Los miembros no se delataban entre ellos, las pruebas solían ser escasas y los clubes tenían en nómina a abogados como Katherine Jenkins para entorpecer las investigaciones, ahogarlos en gastos legales y luego destrozarlos en los tribunales.
Todo eso enfurecía a los agentes, que perdían la fe en el sistema, motivo por el que Nick y su equipo no habían tenido ningún problema a la hora de acudir en ayuda de una civil como yo para joder a Redding y a los Jokers.
Seguro que también influía el hecho de que de paso frenarían una operación de tráfico de drogas y evitarían una guerra entre clubes de moteros.
Si los Espectros y los Bandidos se enfrentaban, muchas personas inocentes se verían atrapadas en el fuego cruzado, algo que los federales debieron de tener en cuenta cuando decidieron ayudarme.
Que Nick fuera del FBI era el motivo por el que no le había contado a Jennifer lo que tenía planeado.
Ella no podía saberlo. Ninguno de ellos.
En primer lugar, me lo habrían impedido.
Porque no se trabaja con los federales. Si valorabas tu vida, al menos.
Los miembros del club que hacían tratos con agentes del FBI tenían los días contados.
En cuanto se enteraban de lo que habías hecho, estabas muerto, daba igual que fueras un recluta novato o un hombre con la influencia y el poder de Liam Larson.
Por eso Jakob no iba a querer nada conmigo cuando le contara lo que había hecho.
Llevar a Nick a su territorio era traicionar su confianza de la peor forma posible y, si alguna vez se sabía que yo había llamado a los federales para arreglar la cagada de su padre, me echarían de Kearny antes siquiera de decir «soplona».
Si no me mataban sería solo porque no formaba parte del club.
Esperaba que nada de eso llegara a suceder. Nick me había dicho que iba a hacer todo lo que estuviera en su mano para mantener en secreto mi ayuda en la operación, y yo confiaba en que, de un modo u otro, lo conseguiría.
Cerró la puerta de la cafetería tras él y se acercó a mi mesa con paso firme.
—Dichosos los ojos.
—Lo mismo digo —contesté levantándome de la silla—. Me alegro de verte.
Se quitó las gafas, dejando al descubierto unos ojos oscuros con forma de almendra, y me envolvió en un abrazo.
—Yo también.
—Tienes buen aspecto, Skywalker.
«Skywalker». Me había olvidado del apodo. Cuando nos acostábamos, mis compañeros de tripulación le contaron que una vez yo alcancé un blanco imposible «no más grande que una rata womp », y a él se le metió en la cabeza que yo era como un personaje de La guerra de las galaxias .
Nos separamos y le sonreí.
—Tú también. ¿Cómo está Elena?
—Genial, gracias —respondió sentándose a mi lado.
Me dejé caer junto a él.
—¿Cuándo sale de cuentas?
—En dos meses —dijo con una sonrisa tan amplia que se le arrugaron las comisuras de los ojos—. ¿Y tú? ¿Cómo va la pierna?
—Hoy me está dando la lata. No pude ir a mi última visita con el fisio por culpa de toda esta mierda.
—Lo siento.
—No pasa nada —aseguré—. ¿Está todo el mundo en su sitio?
Asintió.
—Tenemos a tres en el edificio de enfrente. Y, de un momento a otro, parará un vehículo en la acera.
En ese preciso instante, una anodina furgoneta blanca aparcó en perpendicular a nosotros.
—No quiero que se me vea la cara en las fotos —advertí.
Él retiró la silla que tenía a su otro lado. Ahí estaría colocada de espaldas a la ventana.
—Ponte aquí —dijo.
Me cambié de sitio.
—¿Has averiguado algo más sobre Redding?
—Ah, sí —contestó Nick—. El tipo es todo un personaje. Hicieron un buen trabajo encubriendo el intento de juicio militar, pero a su tío no se le dio tan bien ocultar algunos de sus otros delitos.
Al final resultó que el hombre era representante estatal.
Arqueé una ceja con curiosidad.
—¿Sus otros delitos?
—Digamos simplemente que nadie va a echar de menos a ese cabrón.
—¿Ni siquiera su tío? —pregunté.
Él negó con la cabeza.
—A estas alturas, creo que se alegrará bastante de librarse de Redding. Quiere presentarse a gobernador y, si alguien descubre que ha estado barriendo bajo la alfombra los delitos del violador de su sobrino, sus sueños gubernamentales se irán a la mierda.
Apreté los puños bajo la mesa. Si los Jokers no se deshacían de Redding, lo haría yo misma, con o sin la ayuda de Jakob.
Un hombre pasó junto a nosotros por la acera.
Llevaba vaqueros y una camiseta, y tenía una cara tan poco memorable que costaría identificarla en una rueda de reconocimiento.
Nick lo observó atentamente, así que volví la cabeza para echarle otro vistazo.
Justo alcancé a ver el sutil movimiento de mano que hizo antes de desaparecer de nuestra vista.
Me volví hacia Nick con el ceño fruncido.
—Prepárate —dijo—. Redding viene de camino.