Los reyes de Kearny Capítulo 17
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Capítulo 17

El resto del trayecto hasta Kearny lo hicimos en silencio.

¿Qué narices iba a decir, sabiendo que Liam podía estar escuchando todas y cada una de nuestras palabras?

Y, ya que estábamos, ¿ por qué iba a hacer eso?

¿Era de natural paranoico? ¿De ahí le venía al hijo?

La verdad es que acababa de conocerlo. Aparte de lo que me había contado Jakob y de lo que había visto con mis propios ojos, no sabía nada de él.

Liam parecía una persona bastante equilibrada, pero, por lo visto, en realidad era un obseso del control que había ocultado micrófonos en sus vehículos porque quería enterarse de todo lo que se decía cuando él no estaba presente.

«Virgen del amor hermoso». Jakob me había hecho correrme en el Mustang.

Empecé a girarme hacia él horrorizada, pero me detuve.

Ese coche ni siquiera tenía elevalunas automáticos, así que era imposible que sus circuitos permitieran instalar un sistema de escucha complejo.

O eso esperaba. ¿Y Jakob me habría metido los dedos si pensara que su padre podría estar escuchando cada sonido que hiciéramos?

Lo dudaba. Es verdad que la noche anterior no le había importado una mierda que nos vieran en el camino de entrada de los Reyes, pero que lo intuyeran unos instantes a través de las ventanillas tintadas y que lo escucharan furtivamente durante un periodo de tiempo más prolongado eran dos cosas muy diferentes.

Además, en el coche había estado mucho más hablador y abierto conmigo —para ser Jakob, me refiero—, mientras que en la furgoneta apenas había abierto la boca.

Solté un suspiro tembloroso e intenté calmarme. Vale, probablemente Liam no había oído cómo su hijo me hacía correrme. Aun así, ese día nos había prestado un vehículo que podría tener micrófonos ocultos. Después de sugerirle a Jakob que fuera acompañado de algunos Espectros.

Recordé la tensa conversación que habían mantenido en el patio, la evidente preocupación de Liam, consciente de que su hijo podía estar poniéndose en peligro.

¿Y si no era más que un padre nervioso? Jakob era su único hijo; sería comprensible que fuera algo sobreprotector con él. ¿O allí pasaba algo más?

En el maizal, no se había comportado como de costumbre.

Pensé en su beso desesperado, en lo lejos que me había llevado para responder a mis preguntas, en su prisa por volver a la furgoneta tras mencionar que su padre podría estar mirando el localizador GPS.

Todo indicaba que Jakob estaba…, si no asustado de su padre, como mínimo receloso de él.

Lo que sí había quedado claro era que no quería que se enterara de a quién íbamos a ver.

Me puse a repasar los últimos días y a cuestionar mi percepción de todo lo que había sucedido. En lugar de haberme centrado tanto en Daniel King y en Redding, su misterioso amigo, ¿no debería haber pensado más en Liam Larson?

Intenté tomar cierta distancia y observar la situación desde la perspectiva de alguien ajeno a ella.

Mi aversión hacia Daniel King me hacía querer pensar que ese tipo no tramaba nada bueno.

Que era la clase de hombre que pondría en peligro a gente inocente, como mi abuela, solo para progresar en la vida.

Y, en realidad, ¿qué culpa tenía yo? A Jakob y a mí nos traicionó al día siguiente de enterarse de nuestra relación falsa.

Había irrumpido en su apartamento y lo había tratado como a un perro.

Sin embargo, pensándolo bien, pensándolo bien de verdad , me daba cuenta de hasta qué punto mis propios prejuicios podían haber sesgado mi enfoque de los acontecimientos recientes.

Por muy mal que me cayera, por mucho que me crispara, sabía que Daniel King era bueno para el pueblo.

Que se preocupaba por él. ¿Era un hombre muy problemático?

Sí. ¿Un megalómano volátil con el que nunca jamás me habría permitido estar a solas?

Pues también. Pero las cosas no eran blancas o negras.

El carácter de la mayoría de las personas que había conocido tenía matices de gris y, por mucho que me doliera admitirlo, eso incluía a Daniel King.

No había ni un solo evento en Kearny en el que él no estuviera involucrado de una manera u otra, ya fuera donando su tiempo o su dinero.

Era juez en la feria anual dedicada a los jóvenes.

Los Reyes patrocinaban a tres equipos juveniles de deportes de la zona.

Incluso habían puesto en marcha un campamento de verano para niños desfavorecidos, de forma que tuvieran un lugar donde ir durante las vacaciones y sus padres pudieran seguir trabajando sin tener que preocuparse por pagar dos meses de centros recreativos.

La esposa de Daniel, Eva, formaba parte de la mitad de las juntas municipales y, aunque casi todos los vecinos de Kearny sentían un temor reverencial hacia él, a ella la veían como a una auténtica líder de la comunidad.

Confiaban en sus opiniones. Recurrían a ella en busca de consejo.

No tenía sentido que los Reyes se tomaran tantas molestias para que el pueblo fuera próspero y seguro y que luego Daniel diera un giro de ciento ochenta grados e introdujera drogas en él, así que cuanto más revaluaba mi teoría original, más lagunas le veía.

Porque, a ver, ¿qué ganaba Daniel King desestabilizando Kearny? ¿Cómo podía una guerra territorial con una subdivisión de los Bandidos ayudarlo a librarse de la supervisión de Liam Larson y los Espectros?

Igual yo no era muy astuta y no sabía ver más allá, pero, por muchas vueltas que le diera al asunto, siempre llegaba a la misma conclusión: si Daniel King estuviera planeando iniciar una guerra para que pareciera que los Espectros no eran capaces de proteger a los suyos, tanto Kearny como él mismo saldrían malparados.

Además, una pelea de ese calibre atraería la atención de todo el país, algo que no interesaba ni a los Reyes, ni a los Jokers, ni a los Espectros ni a los Bandidos, ya que tras la atención nacional llegaría la intervención federal, y nadie quiere darle al FBI ningún motivo para entrometerse.

Después de darle vueltas al problema durante unos diez minutos, seguía sin ver cómo ese tipo de táctica podía beneficiar a Daniel. Y apostaría lo que fuera a que Daniel King no hacía nada a menos que le beneficiara de alguna manera.

Entonces ¿qué narices estaba pasando realmente?

¿Quién salía ganando al debilitar el control de ese hombre sobre el pueblo?

El jefe de los Jokers era el principal candidato.

Con Daniel fuera de juego, en Kearny se crearía un vacío de poder que su banda podría intentar ocupar, aunque no lo conseguirían sin luchar de forma encarnizada con el resto de los Reyes.

Ambos clubes se odiaban . Su rivalidad se remontaba a tiempos tan lejanos que era imposible que los Reyes aceptaran el yugo del liderazgo de los Jokers, y estaba claro que los Espectros tampoco iba a permitirlo sin antes presentar batalla.

Lo que me llevó de nuevo a la idea de que a nadie le interesaba llamar la atención de los federales.

Tal vez el objetivo no fuera hacerse con el territorio de los Reyes. Tal vez los Jokers solo querían desestabilizarlos para librarse de la competencia.

O tal vez era alguna otra cosa.

Me giré en el asiento y miré a Jakob, pero pensando en su padre.

Liam Larson. Un hombre que, a todas luces, amaba a su hijo más que a casi cualquier otra cosa en el mundo.

Se preocupaba por él. Lo enorgullecía. Probablemente quería lo mejor para él.

Verlo alcanzar el mismo tipo de poder e influencia que tenía Liam.

La forma más rápida de conseguirlo era deshacerse del hombre que se interponía en el camino de su hijo.

Daniel King no se portaba bien con Jakob.

Quizá Liam se había dado cuenta y no le gustaba.

Quizá pensaba que tendría mayor influencia sobre Kearny y sobre los Reyes si era su hijo quien dirigía el club.

Liam debía de saber lo leales que le eran a Daniel su hijo y los demás miembros del club. Entonces ¿cómo iba a destronarlo sin que los Reyes sospecharan de él?

La respuesta era obvia: incriminándolo. Trayendo a un hombre del pasado de Daniel y colocándolo al frente de una operación de tráfico de drogas rival justo a las puertas de Kearny para que pareciera que Daniel tenía que estar al tanto. Que tenía que estar implicado.

Y yo había caído en la trampa con todo el equipo.

Jakob se sintió observado y me echó una mirada, y yo empecé a verlo con otros ojos.

Me había parecido el típico hombre fuerte y callado, pero ¿y si me estaba equivocando con él tanto como con su padre?

Había crecido en el mundo de los clubes de moteros.

¿Cuántos años tendría cuando se acercó por primera vez al politiqueo de los clubes más grandes?

¿Lo había sometido Liam a una dieta constante de paranoia y coacciones durante toda su vida?

¿Le había enseñado a su hijo a jugar con los demás?

¿A mantenerse en segundo plano y manipular los acontecimientos como un titiritero tras los hilos de sus marionetas?

¿Desde cuándo sospechaba Jakob que su padre podía estar implicado? Porque, en vista de lo sucedido esos últimos días, era bastante obvio que él no creía que Daniel estuviera detrás de todo.

¿Lo sabía desde aquella primera noche en el bar?

Jakob fue quien se acercó a mí y entabló conversación, y más tarde supe que había estado investigándome cuando me mudé al pueblo.

¿Sabía de antemano que la nana estaba en Magnolia?

¿Había dejado caer ese comentario críptico sobre su seguridad con intención de embaucarme?

Dios mío, ¿me había encerrado a propósito en su apartamento y luego me había seducido tan solo para colarse conmigo en Magnolia Hills y comprobar con sus propios ojos lo que allí estaba pasando?

Me aparté de él, con el estómago revuelto. Porque parecía… posible.

«No te precipites, Krista».

Respiré hondo y traté de calmarme. Había sacado conclusiones precipitadas sobre Daniel y mira dónde me habían llevado. Después de todo lo que habíamos pasado Jakob y yo los últimos días, lo mínimo que se merecía era el beneficio de la duda.

Me volví hacia mi ventanilla con el ceño fruncido, dejando a un lado durante un minuto la inquietud que sentía respecto a Jakob.

Todavía quedaba por resolver el problema de mi apartamento.

Si Liam estaba detrás de todo, ¿había ordenado que lo destrozara?

¿O quizá Redding y sus matones habían actuado por su cuenta?

Recuperé una de las preguntas que me había planteado antes: ¿quién salía ganando con todo aquello? Al destrozar mi apartamento, los matones enviaban el mensaje de que allí no estaba a salvo y de que tenía que dejar de meter las narices donde no me llamaban, pero Liam…

Si él era tan manipulador como empezaba a temerme, entonces era plausible que Redding le hubiera contado que su hijo había ido a la residencia de ancianos y en compañía de quién.

¿Le habría dicho también a Liam que yo había presentado a Jakob como mi novio?

Si así era, ¿qué mejor manera de mantener a su hijo alejado de Magnolia y de Kearny que haciéndole creer que allí su supuesta novia corría peligro?

Al fin y al cabo, la primera reacción de Jakob había sido sacarme de Kearny y llevarme a su hogar familiar, dejándonos directamente a merced de Liam.

Mi apartamento destrozado le garantizaba que él iba a quedarse allí.

La cabeza me daba vueltas. Si en ese momento Jakob ya sospechaba que su padre podía estar implicado en todo aquello, quizá se había imaginado que era él quien estaba detrás de los destrozos de mi apartamento y me había llevado a la casa familiar con el objetivo de seguirle el juego.

De ese modo, Jakob podría vigilar a Liam y, a la vez, hacerle creer que no tenía ni idea de lo que estaba pasando en realidad.

Porque, si a su padre no le había temblado la mano a la hora de hacer que saquearan mi apartamento, y a lo mejor hasta había llegado al extremo de atacar a la doctora Perez, ¿qué sería lo siguiente?

¿Ordenar que me hicieran daño? ¿Que se lo hicieran a la nana?

Me quedé pálida. Por Dios, la había dejado allí con él.

Podía esperar hasta que llegáramos a Kearny para interrogar a Jakob, pero el asunto de la seguridad de mi abuela tenía que solucionarse ya.

Mientras salíamos de Hill Country y descendíamos de vuelta a la civilización, saqué mi teléfono del bolso y tecleé en mayúsculas en mi aplicación de notas, a la espera de que nos detuviéramos en un semáforo para ponérselo delante de las narices a Jakob.

Decía: «¿DE VERDAD ESTÁ MI ABUELA A SALVO CON TUS PADRES?».

Él extendió la mano, me agarró del hombro y se bajó las gafas de sol para mirarme a los ojos.

—Sí —fue todo lo que dijo y, por la convicción de esa única palabra, estaba claro que eso era lo que él creía.

Pero ¿y yo? Si Liam estaba dispuesto a destrozar mi apartamento solo para salirse con la suya, ¿hasta dónde sería capaz de llegar? ¿A quién más se atrevería a hacerle daño?

Y, ya puestos, ¿hasta dónde sería capaz de llegar Jakob?

¿Algo de lo que había pasado entre nosotros había sido real?

Una cosa estaba clara: en cuanto saliéramos de la furgoneta, Jakob y yo íbamos a hablar largo y tendido.