Los reyes de Kearny Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

—Es el lugar más seguro que se me vino a la cabeza.

«Ufff». No. No me iba a poner a analizar esa afirmación.

—¿No estaré poniendo a tus padres en peligro?

Se volvió hacia mí con su característica cara de «que te jodan».

Parecía cabreado, pero estaba convencida de que no lo estaba, tan solo era la forma que tenía de reflejar cualquier emoción fuerte con sus rasgos faciales.

¿Enfado? Ceño fruncido. ¿Confusión? Ceño fruncido.

¿Excitación? Ceño fruncido, pero con un toque sexy.

—¿No has visto las motos? —preguntó.

—No he tenido ocasión de fijarme mucho —respondí.

Había estado demasiado preocupada por el hecho de que él quisiera que me quedara con su familia.

Hizo un gesto con la cabeza en dirección a las Harley y, diligentemente, yo me volví hacia ellas.

Justo en el centro de cada uno de los depósitos de gasolina había un emblema con un par de alas estilizadas y raídas abiertas por completo.

En medio aparecía una calavera sonriente con un casco de moto.

Yo no había crecido en una comunidad motera, pero, aun siendo nueva, reconocí el diseño.

Era el parche de los Espectros, uno de los clubes criminales sobre dos ruedas más grandes y famosos del país.

En la lista de gente peligrosa del FBI, equivaldrían a una de las Big Four.

Me giré hacia Jakob.

—¿Tus padres están en los Espectros?

Asintió con la cabeza.

—Mi padre es miembro fundador.

Solté una exhalación más parecida a un bufido.

Me sentí como si me hubiera dado un puñetazo en el estómago.

De repente, la ternura que me había producido que nos llevara ahí se había convertido en terror.

Por eso todo el mundo le tenía miedo. No solo por él mismo, sino porque, si cabreabas a Jakob, cabreabas a papá.

Si Liam era miembro fundador, posiblemente fuera uno de los hombres más peligrosos del estado, si no del país.

Nadie querría enemistarse con él. A menos que fueras un suicida.

Llevé la vista más allá de Jakob. Sus padres acompañaban a mi abuela hacia la puerta principal.

Molly, que no quería perderse la emoción, salió corriendo tras ellos por el sendero.

La nana le dijo algo a Liam, que nos miró a Jakob y a mí con expresión ladina.

Luego asintió y se volvió hacia la abuela.

Ella le hizo otro comentario y le dio un codazo suave en las costillas, y él echó la cabeza hacia atrás y se partió de risa, con la cara iluminada.

Pero aquella imagen no ayudó a frenar el miedo que me recorría las venas.

Me giré hacia Jakob. No quería insultarlo insinuando que sus padres eran un peligro para mi nana, pero necesitaba saber que ella estaba a salvo.

—Prométeme que mi abuela va a estar bien aquí.

Me miró con firmeza, sin pestañear.

—Va a estar bien aquí.

De momento tendría que conformarme con eso. Si me estaba mintiendo, si sus padres le hacían daño a mi nana, pediría un par de favores a los amigos que aún estaban en el Ejército y me vengaría de todo el clan Larson. Me la pelaban las consecuencias.

En el fondo, no creía que fuera a darse el caso. Y el hecho de que le confiara a Jakob la seguridad de mi abuela me asustaba más que cualquier otra cosa de las que habían ocurrido ese día.

Liam Larson se cruzó de brazos y miró fijamente a su hijo.

—Entonces ¿qué hicisteis después de que Krista entrara?

Los tres estábamos en la preciosa cocina de estilo italiano de los Larson.

Fuera, visibles a través de la enorme puerta de cristal corredera orientada al río, la nana y Jennifer charlaban sentadas a una mesa mientras bebían limonada en el patio de atrás.

El sol empezaba a descender hacia el horizonte y el día había adquirido una especie de brillo dorado.

Jakob se apoyó contra la encimera de mármol.

—Esperar.

Liam ladeó la cabeza y me sonrió. Intenté mantener la compostura.

—Mi hijo debe de confiar mucho en ti para haberse quedado ahí fuera —dijo.

—Teníamos que averiguar qué estaba pasando con la doctora Perez —contesté—. Había bastantes posibilidades de que yo le sacara esa información a la recepcionista.

—¿Cuándo empezaste a sospechar del guarda que iba contigo? —preguntó.

Tenía la misma intensidad que su hijo. Me costaba mirarlo a los ojos mientras respondía.

—Cuando quedó claro que la recepcionista desconfiaba de él. Annie es bastante dura. Ayer ni siquiera se creyó mi lastimera historia sobre Jakob, así que, cuando me di cuenta de que estaba alterada, supe que algo iba mal. Entonces me fijé en que el tipo no llevaba placa identificativa.

—Tienes buen instinto —celebró Liam, y, entre su sonrisa y la cordialidad del cumplido, empecé a notar una ligera calidez en las mejillas—. ¿Qué pasó en el ascensor?

Le conté lo de la pelea.

—Si es un Joker, es nuevo —afirmé al terminar.

—¿Qué te hace pensar eso? —quiso saber Liam.

—A diferencia de los otros guardas, no llevaba ningún tatuaje a la vista, y no ha estado en muchas peleas en espacios cerrados. Lanzó el primer puñetazo con todas sus fuerzas, y no se protegió y el dolor lo ralentizó mucho. Por eso pude acabar con él tan rápido.

A Liam se le arrugaron las comisuras de los ojos.

—¿Por qué tengo la sensación de que estás siendo modesta?

Negué con la cabeza.

—No es eso. Supongo que te has dado cuenta de que cojeo.

Asintió.

—Pues el guarda o no lo vio o no entendió lo importante que era. Lo primero que hizo fue darme un puñetazo, en lugar de una patada en la pierna.

—Ah —exhaló, pero continuó mirándome como si pensara que le estaba ocultando algo.

La verdad es que no era así. Vale, era más rápida y estaba mejor preparada que el guarda, pero, si ese mamonazo me hubiera tirado al suelo, la pelea habría sido mucho más fea.

—¿Cuándo llamaste a Jakob? —preguntó Liam.

—En cuanto salí del ascensor —respondí.

Él se volvió hacia su hijo.

—¿Y tú cómo reaccionaste?

—Les dije a todos que sacaran las armas más grandes que tuvieran y nos dirigimos a la puerta principal con ellas a la vista —explicó Jakob.

Liam esbozó una sonrisa.

—Supongo que vieron que ibais armados hasta los dientes y salieron por patas, ¿no?

Jakob hizo un gesto afirmativo con la cabeza.

Liam le puso una mano en el hombro.

—Buen trabajo. Sin esa demostración de fuerza, quizá les habría podido la arrogancia y habrían intentado convertir esa residencia en su Álamo particular. —Era difícil no percibir su tono de orgullo cuando soltó a su hijo—. ¿Os largasteis de allí antes de que llegara la policía?

—Sí —confirmó Jakob.

Liam se volvió hacia mí.

—Seguro que te llaman. Querrán interrogarte sobre lo que pasó.

Me dio un vuelco el estómago.

—Genial.

—No te preocupes. Te enviaremos a una abogada del club y ella los enterrará en papeleo.

—¿Quiénes? —pregunté mirando a los dos hombres—. Un momento, ¿los Reyes son una subdivisión de los Espectros?

Jakob asintió.

«Madre del amor hermoso…».

—Por favor, decidme que los Jokers no son una subdivisión de otro club.

A Liam se le borró la sonrisa de la cara.

—Forman parte de los Bandidos.

Genial. Simplemente maravilloso. Dos de los clubes de moteros criminales más grandes del país tenían subdivisiones vecinas al borde de una guerra abierta. Eso no presagiaba nada bueno para Kearny.

Me volví hacia Jakob.

—Si me voy a quedar aquí, tengo que ir a casa a recoger algunas cosas.

Él se impulsó con la encimera.

—Voy contigo.

Su padre gesticuló con la cabeza hacia el garaje.

—Llevaos el Mustang. No lo reconocerán.

—¿Las llaves están donde siempre? —preguntó Jakob.

—Sí —respondió Liam.

Aquel fue a buscarlas y yo fui a llevarme a Jennifer aparte para hablar con ella un momento sobre la nana.

Resulta que la madre de Jakob tenía formación como enfermera, así que supuse que eso había influido en el hecho de que él nos llevara allí, consciente de que la nana iba a necesitar cuidados especiales mientras nos escondíamos.

La puerta corredera de cristal parecía muy pesada, pero se abrió sin hacer ruido con el mínimo roce. Debía de estar bien tener dinero.

—Jennifer, ¿puedo hablar contigo? —pregunté alzando la voz.

Ella miró a la nana, que le hizo un gesto para que se fuera.

—Adelante, Jen. Yo estoy bien aquí fuera, acompañada por estas vistas.

Jennifer sonrió y le apretó la mano a mi abuela antes de levantarse.

Tenía esa clase de atención consciente y porte calmado que casaba bien con la profesión de enfermería y, tras verla interactuar con la nana esa tarde, me sentí un poco menos nerviosa por dejarla al cuidado de los Larson durante una o dos horas mientras regresábamos a Kearny.

Jennifer entró y cerró la puerta tras de sí.

Era unos diez años más joven que el padre de Jakob; debía de rondar los cincuenta.

En su asalvajada melena pelirroja no se veía ni una sola cana.

Seguía teniendo un rostro juvenil, igual que mi abuela, ya fuera gracias a la genética o a un uso saludable del protector solar.

La inteligencia le brillaba en los ojos cuando encontró mi mirada.

—¿Qué tal? —preguntó con un acento que señalaba sus raíces irlandesas.

—No sé qué te habrá contado Jakob, pero mi abuela tiene alzhéimer.

—Sí, me lo ha dicho.

—Bueno, a muchos pacientes con alzhéimer estos cambios tan bruscos les pueden afectar un poco.

Hasta ahora ha tenido una buena semana, pero no me sorprendería que, después del caos de hoy, se pusiera peor.

Puede que tengas que repetirle las cosas muchas veces, o que se altere o se confunda porque no sepa quién eres ni por qué está aquí.

Jennifer miró por encima de mi hombro, hacia el punto de la cocina en el que se encontraba Liam.

—Vale… —respondió lentamente.

—Solo quería avisarte, porque ahora mismo soy su única cara conocida y, cuando me vaya, puede que empiece a patinar de inmediato —expliqué.

Jennifer parecía extrañada.

—¿No te ha dicho Jakob por qué me saqué el título de Enfermería?

Negué con la cabeza.

—Ni siquiera sabía que nos iba a traer aquí, así que mucho menos que fueras enfermera.

Frunció aún más el ceño y miró a su marido.

—Tienes que hablar con tu hijo.