Los relatos de David Lovia. 3
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Mi mujer le contestó a su email, diciéndole que asistiría el padre del niño, así que Judith ya sabía que el que iba a ir a la tutoría era yo.

Aquella mañana me pasé por el bar media hora antes de la salida de clase y allí estaba José, tomándose su cañita diaria.

―Ey, ¿qué tomas, tío?

―No, no, hoy nada, que tengo tutoría con Judith y no quiero ir oliendo a cerveza... ―le contesté.

―Ufff, qué suerte, no veas qué modelito nos llevaba hoy la profe, madre mía... esta es de las que les gusta enseñar, pero sin enseñar, ya me entiendes...

―Pues no.

―Joder, lleva una minifalda vaquera, que más te vale que no se siente frente a ti, o te va a ser inevitable mirar hacia abajo, es corta corta, cortísima y unas medias con corazoncitos, ¡tremenda!

, me encanta su estilo, ya me gustaría que mi profesora hubiera estado tan buena cuando tenía la edad de estos, te aseguro que hubiera prestado mucha más atención en clase, ja, ja, ja...

―Ja, ja, ja...

―Me jode que arriba va siempre muy tapada, pero tiene pinta de tener unas buenas tetas también.

―Ja, ja, ja, ¡estás enfermo!, que es la profesora de tu hijo...

―Ya, ya, ¿tú no te la follarías?

―Pues no.

―Pues yo sí, vamos, sin dudarlo ni un segundo...

Acompañé a José hasta la fila y cuando salieron todos los peques, me acerqué a Judith antes de que se diera media vuelta.

―Hola, soy el padre de Jaime...

―Sí, sí, claro, Guillermo, tu mujer me comentó que venías tú, tenemos ahora la tutoría, acompáñame, por favor.

Creo que no me había llamado Guillermo en la vida.

Para ella y todos mis amigos siempre fui Guille.

Y mientras caminaba detrás de ella, me acordé de las palabras de José.

Esta vez tenía razón. Ni había exagerado ni un poquito.

La minifalda vaquera de Judith era bastante corta, llevaba unas medias de corazones muy sexys y unas botas por debajo de las rodillas y como bien dijo mi amigo, completaba su look con un precioso jersey fino de color rosa, bajo el que se adivinaban unas tetas muy bien puestas.

Quería ir provocativa, pero a la vez formal, y es que si se hubiera puesto una camiseta de tirantes con escote, hubiera sido demasiado llamativo, sin embargo, con ese jersey le daba otra apariencia a su vestuario.

Pasamos el aula de nuestro hijo y me pidió que tomara asiento donde quisiera.

Sacó una hoja donde tenía varias anotaciones y se sentó frente a mí, cruzando las piernas.

Tragué saliva al ver cómo asomaba todo su muslo y aquello sí me pareció muy descarado.

La tenía a apenas un metro de distancia y estaba claro que Judith quería provocarme.

―Nada, termino rápido, estoy llamado a todos los padres para iros informando de cómo ha ido el primer trimestre antes de las vacaciones de navidad.

Aquí he apuntado unas cosas de Jaime, la verdad es que muy bien con él, al principio era muy tímido en clase, pero se ha ido soltando, le encanta participar en todo lo que hacemos, es muy buen estudiante, trae todos los deberes hechos, tiene su grupo de amiguitos...

Intenté estar concentrado en lo que me decía, pero os juro que me fue imposible. Y mientras hablaba, aproveché que ella de vez en cuando leía su hoja de notas, para mirar sus piernas y deleitarme con ellas. Estaba tremendamente buena y después comencé a recordar cuando salíamos juntos.

Su voz me transportó a tiempos pasados, y yo dejé volar mi imaginación, pude sentirlo como si hubiera sido ayer, todos los recuerdos agolpándose en mi mente, esas pajas y las mamadas que me hacía en el cine, las enculadas que le pegaba en los baños de la planta alta, los polvos furtivos que echábamos de madrugada en el portal de su casa, en el descansillo entre el segundo y el tercero, los dedos disimulados que le hacía en el parque, como si la estuviera abrazando desde atrás, pero realmente estaba colando mi mano por debajo de su falda, y la de veces que follamos en mi coche, en el parking del cementerio.

Y mientras tanto, Judith seguía hablando y hablando.

―... en el recreo se lo pasa genial, casi siempre juega al fútbol, le encanta leer, y las notas pues muy bien, casi todo sobresalientes y algún notable, creo que en inglés...

estoy muy contenta con él, es un niño súper bueno ―y de repente levantó la mirada y sonrió―.

No sé, si me quieres preguntar alguna cosa, o si ha dicho algo el niño en casa, o cómo le veis respecto al colegio...

―No, no, la verdad es que todo muy bien...

―Pues entonces eso es todo, ha sido muy rápido, el 22 os mandaremos las notas por el Stylus y ya nada más, feliz navidad y felices fiestas ―dijo poniéndose de pie y estiró el brazo para despedirse de mí.

Y ahí ya no pude más y me quedé tranquilamente sentado en la silla, cruzando los dedos de las manos. Ella me miró sorprendida y me preguntó.

―¿Quieres decirme algo más?

―¿En serio, Judith?, ¿vas a seguir actuando como si no nos conociéramos?

Se le cambió la cara al momento y se puso la carpetilla sobre su pecho, intentando mantener la compostura. Y las distancias.

―Ha pasado mucho tiempo, eh, casi veinticinco años... ―insistí yo―. ¡Qué pequeño es el mundo!, y mira que es verdad esa frase, pensé que no volvería a verte nunca más y de repente... eres la profesora de mi hijo.

―Sí, tienes razón, ha pasado mucho tiempo, aunque preferiría seguir guardando las formas entre nosotros, como si no nos conociéramos, por lo que te pediría mucha discreción en este asunto...

―No te preocupes por eso, ni tan siquiera se lo he dicho a mi mujer, ella no tiene por qué saber que tú y yo fuimos novios...

―No te estoy pidiendo eso, tampoco.

―No se lo voy a decir a nadie, esto es algo entre nosotros... y bueno, ahora que hemos aclarado eso, cuéntame algo más de ti, dicen por ahí que estás casada y que tienes una hija...

―Sí, tengo una niña de la edad de Jaime, pero va a otro colegio, mi marido es arquitecto y ha abierto aquí un estudio, como yo he pillado aquí plaza, hemos decidido comprarnos un piso y quedarnos a vivir, nos gusta mucho la ciudad...

―Qué bien, bueno, yo soy abogado, me puse por mi cuenta y no me va mal, no puedo quejarme...

―Ah, genial, tú sí terminaste la carrera de derecho... ha pasado tanto tiempo...

―Sí, mucho, pero te reconocí el primer día, en cuanto te vi a lo lejos ya supe que eras tú... ¡estás muy guapa!, siempre fuiste muy guapa...

―Bueno, Guille, Guillermo, perdón ―y se ruborizó, pasándose el pelo por detrás de la oreja―, me ha gustado verte y hablar contigo...

―¿Podría invitarte un día a tomar un café?, así hablamos y recordamos los viejos tiempos...

―No, no puedo hacer eso.

―¿No puedes o no quieres?

―No puedo, sabes que no estaría bien que me vieran con un padre en una cafetería fuera del horario escolar, imagínate todo lo que dirían...

―Sí, tienes razón... es que no sé, siento que quedaron tantas cosas pendientes entre nosotros y me gustaría hablarte de todos los del grupo...

―¿Sigues teniendo contacto con ellos?

―Con la mayoría sí, de hecho forman parte de mi grupo de mi amigos habitual, algunos están casados, tranquila, tampoco les he dicho nada de que tú seas la profesora de Jaime...

―Muchas gracias, lo prefiero así...

―Como te decía, siento que fue un final raro, ¿verdad?, realmente nunca llegamos a romper.

―Éramos muy jóvenes y al final la distancia, es difícil, tampoco había móviles como ahora...

―Sí, eso lo he pensado yo también, ¿te imaginas que hubiera pasado con las tecnologías de hoy en día?, quizás hubiera sido muy distinto.

―Eso ya no se puede saber...

―Bueno, pues nada entonces, nos vemos por el colegio ―dije levantándome de la silla.

―Sí, claro...

―Feliz navidad y felices fiestas, Judith, me ha alegrado mucho verte ―y le di dos besos en la mejilla, haciendo que ella se ruborizara.

―Igualmente, pasadlo muy bien en familia.

Salí un poco decepcionado del aula, pero, ¿qué me esperaba?, ¿que se me echara encima como si no hubiera pasado el tiempo y nos pusiéramos a follar como locos?

Judith había estado muy correcta y comedida y yo creo que también había actuado con normalidad, siendo muy amable con ella y aunque quizás lo del café fue precipitado, tampoco consideré que hubiera sido algo muy forzado o que pudiera violentar a Judith.

Entonces me acordé de las palabras de José, “yo sí, me la follaría sin dudarlo ni un segundo” e internamente reconocí que yo también me acostaría con ella. Llevaba casado casi quince años y jamás le había sido infiel a mi mujer.

Pero a Judith sí me la follaría. Ya lo creo que lo haría.

Mantener un affair con ella a espaldas de todos, me daría un morbo de la hostia, sabiendo que si esa relación prohibida se descubriera, sería un auténtico escándalo en el colegio. Y en todo el pueblo. Uf, ese peligro de que nos pudieran pillar, lo haría todo más intenso y excitante.

De todas formas, no me hice ninguna ilusión, Judith había sido bastante tajante conmigo y si solo nos veíamos en el colegio, era imposible que allí pudiera encenderse la más mínima chispa entre nosotros.

Sin embargo, y sin que me lo esperara, unos días más tarde, justo después de navidad, recibí un whatsapp de Judith.

Hola, Guillermo, soy Judith, perdona que te moleste, me dio tu teléfono, Mamen, una de las profesoras de inglés y me comentó que tú la habías ayudado con unos temas legales respecto a la herencia de una vivienda.

No conozco a ningún abogado en la ciudad y no sé si podrías recomendarme a alguno.

Muchas gracias

Esa era mi especialidad, el derecho civil, así que me ofrecí gustosamente a ayudarla yo mismo.

Sí, claro que podría recomendarte a algún colega, pero el derecho de sucesiones es mi terreno

Si quieres que te ayude yo me comentas y podemos ver tu caso si te parece bien

Ella aceptó y al día siguiente quedamos en mi despacho. Sin esperarlo, se me presentaba una nueva oportunidad de estar a solas con Judith...