Los relatos de David Lovia. 9
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El lunes llegué a la oficina. Todavía estaba muy jodido de la resaca del sábado por la noche.

No tardé en cruzarme con Raquel por un pasillo y me saludó con un tímido «hola».

Ni tan siquiera se paró a hablar conmigo, después de lo bien que lo habíamos estado pasando en la cena de empresa, ahora ni se dignaba a dedicarme unos minutos.

Y enseguida comprendí la razón de que Raquel estuviera así, avergonzada; en cuanto vi a Paquito por la oficina, lo entendí todo, iba estirado como un pavo real. ¡No podía ser!, ¿también se había follado a Raquel?

En cuanto me senté en mi silla, se acercó uno de mis compañeros.

―¿Pero dónde te metiste el sábado?, te perdiste lo mejor, ¡qué hijo de puta el Paquito!, parece ser que él y la nueva, la de las tetas, ya sabes ―dijo juntando los dos dedos índices de sus manos.

Me tenía que haber dado igual, pero en el fondo me jodió que ese cabrón hubiera terminado follando con Raquel; eso es que ella había salido dispuesta a todo en la cena de empresa y yo ya había recorrido mucho camino para poder haber llegado a la meta con ella. En fin, ya no podía hacer nada.

Paco se había vuelto a salir con la suya.

Para más tortura, el fin de semana quedamos todos los colegas para comer en el terreno de uno de los amigos de nuestro grupo.

Y por supuesto estaba Eva. Iba muy campera con unas zapatillas blancas, un vaquero viejo y una sudadera.

En nada se parecía a la mujer que me había encontrado de fiesta con sus leggings de cuero rojos y su chupa negra corta.

―¿Qué tal acabaste la noche? ―le pregunté impaciente por escuchar su respuesta.

―Pues seguro que mejor que tú, que ibas bueno…

―Sí, menuda borrachera con la que llegó este ―intervino mi mujer, regañándome como a un niño pequeño.

―Si es que no se te puede dejar salir solo ―me dijo Luis dándome un golpecito en el hombro―. Eva también llegó tarde, pero es mucho más responsable que tú, llegó fenomenal…

Me quedé mirando a mi amigo sin decir nada, pobre cornudo. Eva estaba con sus hijos escuchando la conversación, pero ni se inmutaba la muy zorra. ¿Y qué le respondía yo a ese hombre? «Sí, muy responsable tu mujercita, pero acabó follada por la polla de un jovencito de 25 años».

En ese momento tuve la duda razonable sobre si Eva le habría sido infiel más veces a mi amigo Luis.

No tenía pinta, era toda una madraza con sus dos hijos, pero es que disimulaba tan bien que para ser la primera vez que lo hacía no se la veía nada nerviosa.

Estuve todo el día fijándome en ella, no podía parar de pensar en sus gemidos, en que había estado una hora y media follando con un chico en su coche.

Reconozco que de pensar esas cosas terminé la comida entre amigos con una buena erección bajo los pantalones.

Y esa fue mi cena de empresa en el 2019.

Me hubiera gustado contar que terminé la noche mamando las preciosas tetas de Raquel, o que me follé a la mujer de mi colega, pero no fue así.

Terminé borracho y pajeándome detrás de un coche mientras escuchaba a Eva follar con un chico casi veinte años más joven.

¿Vosotros hubierais hecho lo mismo que yo? ¿Os habría gustado escuchar los gemidos de la mujer de uno de vuestros mejores amigos mientras le ponía los cuernos?

Seguro que sí.