Los relatos de David Lovia. 8
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Hacía mucho frío, pero yo estaba caliente como hacía tiempo que no lo estaba; no hacía más que preguntarme qué cojones hacía en ese picadero la mujer de mi amigo. Es que no le pegaba nada a Eva follar en el coche, como una vulgar puta de carretera.

Yo seguía escondido entre los árboles. Quería acercarme al coche, pero me daba vergüenza por si me pillaban. Solo pensaba en que Eva estaría posiblemente morreándose con el jovencito dentro y eso no hacía más que encenderme más y más.

Después de veinte minutos esperando me acerqué sigiloso, no podía seguir detrás de los árboles sin enterarme de qué estaba pasando en el interior de ese Golf.

Caminé deprisa medio agachado hasta que llegué justo a la parte trasera del coche y apoyé la espalda. El corazón se me iba a salir del pecho.

El coche se movía rítmicamente, señal inequívoca de que estaban follando, pero lo mejor eran los gemidos; ahora estaba escuchando como Eva jadeaba a cada sacudida del jovencito y se oía perfectamente el ruido de los cuerpos al chocar, ese PLOP PLOP característico de cuando te embisten desde atrás.

Escucharlos follar era casi más morboso que ver lo que estaba pasando.

Mi cerebro imaginaba lo que sucedía en el interior del coche.

¿Estaría Eva a cuatro patas dejándose follar por un chico que acababa de conocer?

¿Se habría quitado los pantalones? ¿Estaría completamente desnuda?

¿Se la estaría follando a pelo o con condón?

Eva cada vez gemía más fuerte, su voz era inconfundible para mí, y de repente soltó un…

―¡¡Joder, sííí, más, más rápido!!

Y las embestidas del jovencito se aceleraron, la polla me palpitó bajo los pantalones y me abrí la cremallera para poder sacármela. Me pegué un par de sacudidas más, pero no quería correrme todavía.

Uno no escucha follar a la mujer de uno de sus mejores amigos todos los días.

Entre lo cachondo que estaba y el alcohol que llevaba encima, me armé de valor para levantar la cabeza.

Sabía que había muchas posibilidades de que me pillaran, pero me dio absolutamente igual.

Me incorporé un poco al pasar por un lateral y casi no se podía ver nada, los cristales estaban muy empañados, pero sí se observaban dos siluetas en la parte de atrás del coche. La postura no dejaba lugar a dudas.

El jovencito se estaba follando a Eva a cuatro patas.

¡Qué hijo de puta!, yo toda la vida fantaseando con ese culo y el guaperas en unos minutos la había convencido para follársela en su coche. Se la debía estar gozando con la mujer de mi amigo, esa MILF que casi le sacaba veinte años.

Tampoco estuve mucho tiempo mirando, me volví a agachar y me senté apoyando la espalda en la parte de atrás del coche, luego me pajeé despacio al ritmo al que follaban dentro. Esos gemidos me estaban volando la cabeza.

¿A quién no le gustaría escuchar gemir a la mujer de uno de sus mejores amigos?

De repente el jovencito le soltó un buen azote en el culo, ¡PLAS! Eva no protestó, solo aumentó el volumen de sus gemidos, la follada ya era brutal: dura, rápida y salvaje. Yo también aumenté el ritmo de mis sacudidas. Otro azote rompió el sonido de la noche. ¡PLAS!

―¡¡Aaaaaaaah másssss, mássssss!!, ¡¡fóllame, fóllame más fuerte!! ―volvió a jadear Eva.

―¡¡No puedo, ahgggg!!, me voy a correr, me voy a correr ―le advirtió el chico.

Y mi polla explotó a la vez que la suya. Luego fue Eva la que empezó a correrse. Llegamos al orgasmo casi los tres a la vez. Yo, de rodillas en el suelo, me acababa de hacer la mejor paja de mi vida. Y en cuanto me corrí, volví a esconderme deprisa detrás de los árboles.

Desde allí me quedé mirando al Golf blanco, que no se movía, posiblemente se estarían limpiando. Hacía mucho frío, pero yo seguía esperando a que se fuera el coche. Pasaban los minutos y nada, el coche seguía allí. Diez minutos, veinte, treinta. Nada.

Y yo seguía detrás del árbol. ¿Estarían follando otra vez? Seguramente sí, pero esta vez no me moví, seguía excitado por la situación, pero se me había pasado el supercalentón que llevaba al principio; así que esta vez no me atreví a acercarme al coche y me quedé a unos diez metros.

Solo con fantasear lo que estaría pasando dentro del coche comencé a pajearme de nuevo: ¿se la estaría chupando Eva al jovencito? ¿Estarían follando otra vez? No tenía ni puta idea, pero me hice otra paja hasta que me corrí escondido detrás de esos árboles.

Luego todavía tuve que esperar otro rato más, en total estuvieron allí aparcados casi una hora y media.

¡Una hora y media!, que se dice pronto. En cuanto el Golf desapareció de mi vista, salí andando hasta la carretera y me encontré dos condones llenos de semen tirados en el suelo, los toqué con el pie y me fui hasta mi coche.

Me monté y en el sitio más cercano que pude lo dejé aparcado, luego me fui andando hasta una parada de taxi y una hora más tarde llegué a casa borracho y con una tiritona tremenda, debido al frío. Tuve que meterme bajo la ducha de agua caliente unos cuantos minutos.

Cuando me acosté todo en mi cabeza era muy confuso. ¿De verdad acababa de pillar a Eva follando con otro? Seguía sin podérmelo creer.