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Aquella escena de repente me dio mucho morbo y, escondido entre la multitud, me puse a observarlos. Me gustaba espiar a Eva sin que ella se diera cuenta y me excité muchísimo solo por verla hablar con aquel chico tan guapo.
La situación era muy extraña, todos bailaban y se movían a mi alrededor y yo solo tenía ojos para el tonteo que Eva se traía con aquel jovencito tan guapo. Intenté ponerme en un lateral para que ninguno de los dos me viera, tenía que buscar un sitio para poder espiarlos y recrearme con esa escena.
Las compañeras de Eva hablaban entre ellas mirando hacia la mujer de mi amigo, seguramente también sorprendidas ante la soltura que mostraba Eva.
No le pegaba nada tontear así con un chico desconocido, siempre la había considerado una madraza y podría apostar sin ningún riesgo a que jamás le había sido infiel a Luis.
Pero seguía hablando con aquel chico, cada vez más cerca de él y con gesto inocente como los niños cuando cometen alguna travesura.
La escena a mí me estaba poniendo a mil, a pesar de la borrachera que llevaba, hacía un rato que me había empalmado viendo a Eva charlar con ese chico que yo mismo le había presentado.
Unos minutos más tarde Eva volvió con su grupo de compañeras y yo me sentí muy decepcionado; tampoco es que me esperara ver cómo se enrollaba con el jovencito en el bar, pero viendo lo animada que hablaba con él, incluso empecé a pensar que algo podía pasar entre ellos.
Y de repente se encendieron las luces del bar, señal de que iban a cerrar, eché un último vistazo para comprobar que Eva seguía alejada del chico y salí fuera.
Crucé al otro lado y me escondí detrás de un coche, quería esperar a que saliera Eva para verla una última vez.
Eso de espiarla me estaba dando un morbazo tremendo.
Y ella no tardó en salir acompañada de sus compañeras de trabajo, pero no me di cuenta de que fuera la estaba esperando el jovencito.
Joder, qué bueno, tuve que esconderme para que no me vieran cuando comenzaron a hablar de nuevo fuera del bar. No podía escucharlos, pero el corazón se me puso a mil pulsaciones cuando Eva se despidió de sus compañeras de trabajo y se quedó en la puerta del bar hablando con el jovencito.
Unos diez minutos más tarde echaron a andar ellos solos.
Lo primero que pensé es que él iría con Eva hasta una parada de taxi o algo así.
Yo por si acaso los seguía a unos treinta metros de distancia.
No sabía muy bien qué es lo que estaba haciendo, parecía surrealista, siguiendo a la mujer de mi amigo a las cinco de la mañana en una fría noche de invierno.
Cada vez se iban alejando más de la zona de fiesta y, como había menos gente, yo tenía que tener más cuidado de que no me pillaran.
Ellos iban hablando, aunque es verdad que no se hacían ningún gesto de cariño, ni se tocaban, ni nada.
No sabía hacia dónde se dirigían, lo único que había por esa zona era el hotel donde nosotros habíamos celebrado la cena de empresa.
Entonces vi como entraban en el parking del hotel.
El chico debía tener el coche allí. Yo ya no sabía ni qué pensar, todo mi objetivo era seguirlos y ver lo que pasaba entre Eva y aquel jovencito tan atractivo.
Yo anduve hacia mi coche y me metí dentro para que no me vieran, no estaba en condiciones de conducir, pero cuando vi como Eva se subía en el Golf blanco del chico ni me lo pensé.
Arranqué y en el estado en el que estaba salí detrás de ellos, fue toda una inconsciencia lo que estaba haciendo, podía haber tenido cualquier accidente o que me hubieran pillado en un control, que en esas noches eran frecuentes.
Pero yo no pensaba bien, solo quería seguir a Eva y ver por qué se había subido en el coche de aquel chico.
Me supuse que el jovencito iba a acercar a Eva a su casa; si hubieran querido follar, se hubieran reservado una habitación en el mismo hotel, y no me imaginaba a la mujer de mi amigo follando en el coche. Ella tenía mucha más clase que todo eso. Eva era bastante pija para esas cosas.
Con el coche ya no me fue tan fácil seguirlos, por suerte no les perdí la pista y me sorprendí mucho cuando vi que se dirigían a una zona que era bastante conocida en la ciudad por ser un picadero para las parejitas.
Aquello no era posible, de repente se me quitó la borrachera de golpe. Y, cuando vi cómo se detenía el Golf blanco en un lugar apartado, yo aparqué también a unos cien metros para que no se dieran cuenta de que los seguía.
Ni me lo pensé, rápidamente me bajé del coche y me dirigí andando entre los árboles hacia donde estaba el coche de ellos.
Las pasé putas para poder llegar en la oscuridad de la noche, no podía encender la linterna del móvil para que no me vieran, y en unos minutos llegué a unos diez metros del Golf.