Los relatos de David Lovia. 6
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Asintió con la cabeza y, ahora sí, decidido fue hasta donde estaba la mujer de mi amigo, que hablaba con una de sus compañeras de trabajo.

―Hola, ¿Eva? ―me pareció que le preguntaba el chico.

Estuvieron charlando unos quince minutos, incluso me pareció que Eva se ruborizó un par de veces, y el chico se despidió de ella en cuanto se terminó la copa. Luego se acercó a mí para dejar el vaso en la barra.

―Hecho, gracias por la copa. Por cierto, tu amiga es muy interesante…, lo he pasado muy bien.

―Gracias a ti…

Cuando el joven volvió con su grupo de amigos, Eva vino hasta mí.

―¡Te voy a matar! ―me dijo de bromas.

―¿No querías hablar con uno de 20?, pues ahí lo tienes. Yo creo que está muy interesado en ti, por lo que me ha dicho.

―¿Te ha dicho eso?

―Sí, ¿qué pasa?, ¿te gusta, o qué?

―¡Cómo no me va a gustar!, ¿tú lo has visto bien?, mmmmmm, comparado con vosotros, je, je, je.

―Pues adelante con él, yo no voy a decir nada…

―Te voy a dar yo a ti, anda, deja de decir tonterías. Bueno, Jorge, me voy a volver con las compis, pásalo muy bien y no bebas más, que vas bonito. Te va a matar Judith cuando llegues a casa…

―Ya le había advertido que iba llegar borracho, ja, ja, ja, recuerdos a Luis y los niños. Yo creo que me voy a ir, porque no veo a los de mi trabajo y se habrán ido a otro bar.

Eva se inclinó y me dio un beso en la mejilla antes de volver con sus amigas.

Cuando salía por la puerta, me despedí de ella con la mano y ella me devolvió el saludo.

Otra vez estaba en la calle, solo, borracho y hacía un frío que pelaba.

Iba a acercarme hasta la parada de taxis más cercana, pero me entraron unas ganas locas de mear.

Al intentar entrar otra vez en el bar me detuvo el portero y me dijo que iban a cerrar en quince minutos y que ya no se podía pasar. Le respondí que acababa de salir y que tenía que ir al baño un segundo. Al final se apiadó de mí y me abrió la puerta para que entrara.

Veloz entré en el baño y descargué mientras todo me daba vueltas. Entonces al salir no sé por qué me fijé entre la multitud y vi al chico moreno cerca del grupo de mi amiga. Disimuladamente pasé entre la gente para acercarme más y lo que vi me dejó de piedra.

¡El jovencito estaba volviendo a hablar con la mujer de mi amigo!