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En lo que Raquel pedía las copas me fui al baño.
Solo tenía que darle un poco de tiempo, seguía nervioso y excitado ante la posibilidad de tener un encuentro sexual con mi nueva compañera de trabajo.
Salí del baño y me volví a poner en la misma posición de antes en la barra para que Raquel pudiera verme, pero ella seguía hablando con Paco.
Me sorprendió que todavía no me hubiera pedido la copa a mí, y no solo eso, se estaba tomando una copa y Paco a su lado otra.
Volvió a mirarme, pero esta vez no me dijo nada, no me hizo ningún gesto.
Nada. Y seguí esperando solo, en la barra, esperando que ella viniera conmigo, pero seguía hablando con el puto pesado de Paco.
Y cada vez parecía que se lo estaban pasando mejor.
Se acercaron mis dos amigos de la oficina hasta mí.
―¿Qué haces aquí solo, Jorge?
―Eeeeeh nada, me estaba pidiendo una copa…
―Joder, llevábamos un tiempo buscándote, ya pensábamos que te habías ido a casa con la tetona y no habías dicho nada…
―No, no, estoy aquí…
Uno de ellos se dio cuenta de que Raquel estaba en la barra charlando cada vez más animadamente con Paco.
―Vaya, ¡ya está el pesado de Paquito!, y parece que ella se lo está pasando muy bien.
―Venga, anda, vamos para otro sitio.
―¡Ya te ha levantado el ligue de esta noche! ―dijo de bromas el otro compañero, pero a mí me sentó como una patada en los huevos.
No entendía qué es lo que había pasado, nos lo estábamos pasando fenomenal Raquel y yo. Ella me había dicho que quería seguir conmigo y que se iba a acercar a la barra a pedirme una copa, y de repente se había puesto a hablar con Paco y había pasado por completo de mí.
La noche no podía terminar así. Me tomé una copa con mis colegas y ahogué mi derrota en el alcohol.
Estaba asqueado, la copa me supo a garrafón, la música no me gustaba y estaba muy borracho.
Y cada vez que miraba hacia la barra y veía a Raquel tonteando con Paco, era como una puñalada en el estómago.
Ella hacía tiempo que ya ni me buscaba con la mirada, pero todavía tenía la esperanza de que la noche pudiera terminar bien para mí.
«Solo lleva una hora hablando con Paco», me dije cuando miré el reloj.
Entonces volví a girarme hacia la barra y me quedé a cuadros cuando me di cuenta de que ahora Raquel al que le rozaba el brazo con sus enormes tetazas era al indeseable de Paquito.
Y él sonreía triunfal, la nueva le estaba zorreando descaradamente como un rato antes me había hecho a mí. Sin embargo, Paco no era como yo, él no iba a dejar escapar a Raquel, y cuando se acercó a su oído a decirle algo pude ver como con todo el disimulo bajaba una mano y le acariciaba el culo.
Nadie más pareció darse cuenta en todo el bar. Solo yo. Era la consumación de mi derrota. Paquito me había levantado a Raquel en mis narices.