7
Cayetana gimió al sentir mi dura verga rozando su coño y echó las caderas hacia atrás. Restregué mi polla contra su pubis para comprobar que estaba completamente depilada y de un solo golpe se la metí hasta el fondo.
―¡Ahhhhggggg, joder!, ¡qué bueno! ―gritó ella, agarrándose con fuerza a la cómoda.
Me eché un poco hacia atrás para poder verlo bien y retiré mi polla unos centímetros para volver a clavársela hasta el fondo. No me podía creer.
¡¡¡Me estaba follando a la mujer de Sergio!!! ¡¡¡A la hija del dueño de la empresa donde trabajaba!!!
Con un golpe de cadera mi polla desapareció por completo en su interior y puse las manos en su cintura para comenzar a follármela. En ese instante, nos miramos a través del espejo y yo seguí embistiéndola con golpes fuertes, secos y duros.
Sentí cómo me vibraba el móvil que tenía en el bolsillo. No me hizo falta mirar para saber que el que me estaba llamando era Sergio. Me daba igual, ya solo quería tirarme a su imponente mujer, que gemía como una loca al ritmo de mis acometidas.
Me encantaba cómo rebotaba mi estómago contra su culazo, y Cayetana cada vez sacaba más las caderas, incluso había acompasado el ritmo de nuestros cuerpos y ahora ella se lanzaba contra mí, buscando el contacto.
Pero yo no podía dejar de mirar su culo, y al tirar de sus glúteos con las manos, su pequeño ano rosado pareció llamarme a gritos.
Allí lo tenía a mi entera disposición.
Ya no me iba a conformar solo con follármela, ¡también quería probar ese culo, que debía ser una absoluta delicia!
Volvieron a llamar, esta vez sonó el timbre y Cayetana sí que lo escuchó y se detuvo casi de inmediato.
―¡¡Ahhhhggggg, Diosssss!!, ¡¡para, para, están llamando a la puerta, joder, qué bueno, aaaaahhhggg!!
Hice como que no la había escuchado y la agarré con fuerza por el pelo antes de azotar sus blancas nalgas con la mano. La obligué a que se subiera en la cama y la arrastré por ella sin soltar su precioso pelo rojizo.
Cayetana se quedó a cuatro patas con las braguitas a medio bajar y miró hacia atrás.
―¡¡Joder, Sergio!!, pero ¡¡¿qué estás haciendo?!!
Enseguida descubrió mis intenciones cuando me puse detrás de ella, aparté la barba postiza y dejé caer un salivazo entre sus glúteos.
―¡¡Noooo, por el culo noooo!!, ¡¡ahhhgggggg!! ―gimió Cayetana cuando la volví a azotar con dureza.
Me decía que no de palabra, pero su lenguaje corporal era distinto. Me fijé en lo mojadísima que estaba, tanto que su coño literalmente goteaba en la cama.
―¡Te voy a matar, Sergio!, ¡joder, te dije que te esperaras a esta noche! ―dijo metiéndose dos dedos en la boca para luego acariciarse el culo e introducírselos ella misma en el ojete.
La muy puta se lo estaba preparando para mí.
De forma soez, la pija de Cayetana se metió los dedos por el ojete, hizo círculos con ellos y tiró hacia fuera para abrir su pequeño ano. Yo dejé que durante unos segundos se follara de esa manera y ella gimió como una cerda trabajándose el culo delante de mis narices.
Entonces me di cuenta de que se ponía cachonda comportándose de esa manera tan vulgar.
No quise interrumpirla y un minuto más tarde se sacó los dedos, apoyó las dos manos en la cama y arqueó, de manera muy sexy, la espalda hacia abajo para que su culazo sobresaliera más. Su ano lucía increíblemente abierto y ahora Cayetana me lo estaba ofreciendo para que se lo follara.
Dejé caer otro salivazo entre sus glúteos y acerqué mi polla a su entrada trasera.
Supuse que no iba a ser tan fácil de penetrar como su coño, pero de forma alucinante su ano se tragó mi glande con un ligero empujón.
Apoyé las manos en su cintura y con un leve golpe de cadera toda mi polla se hundió en sus entrañas.
Cayetana gimió y se giró sorprendida mientras meneaba de lado a lado sus caderas.
―¡¡Ahhhhhggggg, qué rico!!, ¡¡qué bien ha entrado hoy!!
No hacía falta ser muy listo para deducir que la polla de Sergio era bastante más grande que la mía, pero en ese momento me importó tres cojones.
Ahora estaba en su cama sodomizando a su mujercita.
La sujeté bien por la cintura, ya no se me iba a escapar, y le subí bien la faldita. Aquello quería verlo bien. Era impactante ver mi polla dentro de aquel culo de clase alta y comencé a embestirla con golpes secos.
Había una pequeña foto en la mesilla del día de la boda de Sergio y Cayetana y a cada sacudida que le pegaba el marco temblaba amenazando con caerse. Yo no podía dejar de mirar esa foto mientras me la follaba, haciendo que el cabecero de la cama martilleara la pared sin piedad.
Estaba cabreado y furioso con aquel cretino.
Esto por hijo de puta. Y embestí con fuerza el culo de su mujercita.
Esto por robarme el puesto de trabajo.
Esto por humillarme cada día.
Esto por llamarme Fernan.
Esto por follarte a mi novia.
Esto por Irene.
Esto por joderme la vida.
―¡¡¡Ahhhhgggggg, más despacio, más despacio, ahhhggggg!!! ―gritó Cayetana.
La cama seguía golpeando la pared y me la follé todavía con más ganas, lo que hizo chillar de placer a la mujer de mi jefe, hasta que la foto cedió y se cayó bocabajo en la mesilla. No me quedaba mucho para correrme, pero quería durar un poco más.
Le saqué la polla y la dejé extendida en la raja de su culo. Cayetana, también al borde del orgasmo, movió sus caderas, buscando que se la metiera de nuevo.
―¡¡Venga, no te pares ahora, termina ya, vuélvemela a meter, joderrrr!!
Y ella misma me agarró la polla para ponerla a la entrada de su ano, echó las caderas hacia atrás y mi verga desapareció en su interior.
Era el momento de correrme. Me hubiera gustado alargar más aquello, pues uno no tenía todos los días a una mujer como Cayetana abierta de piernas, ofreciendo su culo para ser follado; pero no nos podíamos demorar más.
Antes de empezar a destrozarla le solté otro sonoro azote en la nalga derecha y la sujeté por las caderas para taladrar su culazo sin piedad.
Cayetana chillaba sin dejar de lanzar su culo contra mi cuerpo; con un último golpe de cadera le hundí mi verga hasta las entrañas y golpeé con mis huevos en su empapado coño.
―¡¡¡Ooooh, ooooh, oooooh, me corrooooo!!! ―aullé, vaciándome dentro de ella.
Sí, me estaba corriendo dentro de Cayetana. La mujer de Sergio. El hijo de puta de mi jefe. Y en ese momento me pareció el mejor placer de la vida.
¡Insuperable!
Pero Cayetana no había terminado, ahora movía con violencia su culo de pija, buscando su propio orgasmo y lanzando su cuerpo contra mí, aplastándome las pelotas.
―¡¡Diosssss, Diosssssss, me voy a correr, Sergio, aaaaah, aaaaaah!!
El timbre no dejaba de sonar, ni tampoco mi teléfono, que me llevaba vibrando en el bolsillo por lo menos diez minutos. Tenía que ser Sergio el que me estaba llamando, pero yo no le hacía caso, estaba muy ocupado clavando mis dedos en las caderas de su mujer mientras su culo se tragaba mi polla.
―¡¡Ahhhhhggggggg, ahhhhhhggggggg!! ―gimió Cayetana cuando comenzó a correrse.
Y yo aguanté todo lo que pude para seguir lo más empalmado posible una vez que había llenado sus entrañas con mi leche calentita.
Era increíble la manera de moverse de Cayetana mientras el orgasmo atravesaba su cuerpo, no se paraba quieta y solo pasado un minuto pareció tranquilizarse y se quedó ronroneando unos segundos más, meneando suavemente sus caderas delante y atrás hasta que mi polla, con un pequeño plop, abandonó su esfínter.
Entonces hizo algo que todavía me dejó más alucinado.
Se dio la vuelta y a cuatro patas, me agarró mi alicaída verga para metérsela en la boca y dejarla bien limpia, mientras gimoteaba y sacaba su lengua.
¡¡Menudo vicio tenía la Cayetana!!
Ni se inmutó porque la acabara de tener dentro de su culo. Eso le dio igual, chupó con ansia los restos de semen e incluso me pegó un par de lametazos en los huevos, que hicieron que me palpitara la verga.
―¡¡Uffffff…, creo que ha sido el mejor orgasmo de mi vida!! ―suspiró con su peculiar voz de pija.
Rápidamente me subí los pantalones y me aparté para quedarme mirando a Cayetana, que seguía a cuatro patas en la cama, con la faldita en la cintura y lamiéndose unas gotitas de semen que tenía entre los dedos.
―Anda, baja a ver quién es el pesado que lleva llamando un rato. Yo me voy a arreglar un poco y a volverme a pintar, no puedo ir a cenar a casa de mis padres con estas pintas, mira cómo me has dejado el vestido... ―dijo Cayetana bajándose de la cama y alisándose la falda.