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Por fin se fueron las putas pesadas. Dos minutos más y me hubiera pegado un tiro. Es que no las soportaba, ni a ellas ni su voz histriónica.
Ni lo zorras que eran.
Apuré el Rusty Nail y levanté la mano para pedir otro.
Ahora sí, me apetecía tomármelo tranquilamente, sin tener que escuchar a esas dos moscardonas pelearse por Fran.
¡Qué alivio!, creo que hasta se me bajaron las pulsaciones de la mala hostia que me estaban poniendo, cuando justo noté una mano en la espalda.
―Me voy, no subas muy tarde, eh... que mañana tienes que llevarnos a todos de vuelta ―escuché que me decía una voz femenina.
Tuve que girarme para ver quién era y allí estaba.
La nueva. Parecía una chica agradable, esas cosas se notan en la cara, pero lo que enseguida me llamó la atención fue el cuerpazo que tenía.
De un primer vistazo ya pude intuir unas buenas tetas con esa camiseta escotada y sobre todo un tremendo trasero bajo esa falda hippie, que casi le llegaba hasta el suelo.
―¿Quieres tomar algo? ―fue lo primero que se me ocurrió por mera educación.
No es que me apeteciera mucho tener compañía, a decir verdad prefería estar solo, aunque aquella azafata no era como las otras, la vi amable, y sinceramente pensé que declinaría mi oferta y se subiría la habitación, pero para mi sorpresa tomó asiento a mi lado.
―Eh, sí, claro... ―aceptó.
Fue un momento delicado, porque ni tan siquiera recordaba su nombre.
―Perdona, ya sé que es muy grosero, pero, ¿te llamabas...?
―Andrea ―contestó ruborizándose por mi incómodo olvido, aunque quiso restarle importancia―. Tú ya sé que te llamas Ismael, ja, ja, ja...
―¿Qué tomas?
―Pues no sé, en la cena he bebido un poco de vino, ahora champán, no me apetece mezclar más cosas o...
―Un Cosmopolitan... ―le pedí al camarero sin volver a consultarla―. Prueba esto, seguro que te gusta...
―¿Qué lleva?
―Vodka, es afrutado, zumo de... tú hazme caso y pruébalo...
―Ah, vale, perfecto ―y justo le sonó el móvil―. Disculpa un momento...
Se levantó de la silla y se apartó cinco metros para hablar por teléfono. Era su novio seguro. Lo había visto tantas veces que era lo más típico, y aproveché para pegarle otro buen repaso a aquella morena, que por su aspecto físico debía rondar los 25 años y mediría sobre 1,72.
Mi primera impresión no había sido acertado del todo; quizás me había quedado corto.
Sus tetas eran bastante más grandes de lo que me pareció en un principio, por como se le movían al andar se notaba que eran naturales y además, las tenía muy bien puestas, con unas venas marcadas que recorrían la cara interna de sus pechos, pero lo que más me gustó fue el trasero que se adivinaba bajo esa falda ibicenca de color verde militar.
Se le pegaba al cuerpo como una segunda piel y se podía vislumbrar perfectamente el contorno de sus caderas.
Apenas pude escuchar lo que hablaba, aunque sí entendí algo así como,“hemos bajado a tomar algo, nada, una copita y enseguida subo a dormir, me han pedido champán para celebrar que era mi primer día, ya mañana te cuento”.
Me pareció curioso que en ningún momento le comentara a su pareja que estaba sola conmigo, aunque tampoco pudo explayarse, pues la conversación apenas duró tres minutos.
―Ya estoy de vuelta, disculpa ―y apagó el móvil y lo metió en el bolso―. Así ya no nos interrumpirán más...
―¿Y qué tal tu primer vuelo, Andrea?
―Muy, muy bien, estoy encantada, además he tenido la suerte de que me toque con Sandra y me ha puesto las cosas muy fáciles...
―Sí, es buena chica, he volado con ella unas cuantas veces...
―Ya me lo había dicho.
―Eres muy joven, ¿puedo preguntarte la edad?
―Sí, claro, veintiocho...
―Ah, aparentas algunos menos...
―Muchas gracias, ¿y cuántos aparento?
―No sé, veintidós, como mucho...
―Ah, nunca me habían quitado tantos años, pero gracias, gracias, ja, ja, ja...
―¿Y cómo es que te dio por trabajar de azafata?
―Auxiliar de vuelo...
―Sí, eso... ―dije con desgana, porque aunque le hayan cambiado el nombre, son azafatas de toda la puta vida.
―Por una amiga, me lo recomendó y tal, domino el inglés y el francés, hice un par de cursos y lo vi una buena oportunidad laboral, siempre me había gustado... aunque nunca imaginé que terminaría trabajando en esto...
―Entonces te doy la enhorabuena...
―Gracias, ¿y tú, llevas muchos años?
―Ufffff, bastantes, más de 30, y este es el último, en unos meses me jubilo, la verdad es que ya se me hace muy pesado esto de viajar, pasar noches fuera de casa, preparar la maleta... de joven me gustaba, y he disfrutado mucho, pero...
―Me imagino.
―Recuerdo cuando era como Fran, me veo muy reflejado en él, porque yo hacía lo mismo...
―¿Ah, sí?
―Sí, lo he pasado muy bien, demasiado bien..., pero también se ha llevado por delante otras cosas...
―¿Por ejemplo?
―Tiempo, sobre todo tiempo que no he podido estar con mi familia, mis hijas...
y estar tanto tiempo fuera de casa ha sido un desgaste muy importante en mis matrimonios, tampoco quiero decir que las separaciones hayan sido por eso, no he sido ningún santo, eh...
Fran hace bien, está soltero y no tiene ningún compromiso, pero yo cuando entré en la compañía ya estaba casado y te imaginarás el resto...
―Me hago una idea, sí...
―¿Y tú tienes pareja?
―Sí, tengo novio desde hace ocho años y llevamos viviendo juntos un par de años... ―dijo cruzando las piernas, y entre la falda asomó un bonito muslo que miré inconscientemente antes de que ella se lo tapara con prisa.
Había sido un gesto involuntario, estaba claro que para nada quería provocarme, pero me encantó ver su pierna, aunque solo fueran un par de segundos y ella me pilló de pleno mirando hacia abajo, lo que hizo que se ruborizara y diera un trago a su cóctel.
―La verdad es que nos va muy bien, pensé que la convivencia sería más difícil, pero de momento no tengo queja... ―siguió hablando, pasándose el pelo por detrás de la oreja y volviendo a beber de la pajita.
Me pareció curioso que me diera explicaciones sobre su relación sin que se las hubiera pedido, como para demostrarme que ella no era como las otras azafatas y quisiera decirme que ni se me ocurriera intentar nada, porque la relación con su chico era perfecta; así que asentí en silencio y enseguida cambié de tema; durante la siguiente media hora tuvimos una conversación fluida y muy entretenida hablando de sus siguientes destinos, de algunos los que países que yo había visitado y lo que más me gustaba de cada uno de ellos.
Cuando nos quisimos dar cuenta ya nos habíamos terminado el cóctel y me apeteció seguir charlando con Andrea.
―Te invito a otro ―le dijo mostrándole mi vaso vacío―, hacía tiempo que no tenía una conversación tan animada y ya había olvidado lo que me gusta tener de compañía a una chica joven y simpática...
―No debería, ya es un poco tarde.
―Yo me voy a tomar otro, te prometo que es el último, que mañana os tengo que llevar a todos de regreso...
―Está biennnnn ―afirmó dubitativa―, aunque ahora invito yo...
―De eso nada, si estás conmigo pago yo... ―y levanté el brazo para que se acercara el camarero―. Lo mismo...
―Muchas gracias ―le dijo ella esbozando una tímida sonrisa por mi descortesía.
Esperé a que el camarero nos sirviera y después levanté la copa para brindar con ella.
―Chin, chin, por que te vaya muy bien en la compañía... ―y bebimos a la vez mirándonos a los ojos.
―Gracias, Ismael, es una pena que no vayamos a ser compañeros mucho tiempo...
―Sí, aunque también es una suerte que nos hayamos conocido.
―Eso sí...
―¿Te cuento un secreto? ―susurré acercándome a ella y poniéndome interesante.
―Sí, claro, no hay cosa que más me guste que un buen secreto...
―Le has llamado mucho la atención a Fran, me comentó durante el vuelo en la cabina que le parecías muy atractiva, tampoco le hice mucho caso, porque estaba concentrado, aunque ahora veo que no le faltaba razón... seguro que le hubiera encantado que fueras con ellos a tomar esa copa...
―Ya va muy bien acompañado y a mí no me interesa tener nada con... bueno, ya me entiendes, con ninguno de vosotros...
―Sí, claro, tienes novio...
Y ella afirmó con una sonrisa sin decir nada.
―¿Es celoso tu novio?
―No... ¿por...?
―No sé, ¿qué pensaría si te viera a... ―miré el reloj haciendo una pausa―, … a la una de la mañana de copas con un viejo piloto en tu primer día?
―Ja, ja, ja, pues supongo que nada... no tendría por qué molestarse, es solo eso, una copa ―y mostró el vaso poniendo cara de indiferencia.
―Hoy eras la primera opción de Fran, pero como no has querido ir con ellos, eh... ya me entiendes... supongo que se acostará con Sandra...
Levantó la mirada y me miró extrañada, como si no le hubiera gustado mi comentario. Quizás fui demasiado directo.
―Llevan tonteando desde hace tiempo y con Leticia ya ha estado un par de veces, así que hoy le toca a tu amiga...
―Claro para eso estamos las “azafatas”... un par de veces con una y luego otra... ―me reprimió bastante enfadada.
―No quería decirlo así... perdona si te ha molestado...
―¿Ya ha estado con Leticia? ―preguntó indignada negando con la cabeza y bebiendo más deprisa, como si de repente tuviera prisa por terminar el cóctel―, creo que eso Sandra no lo sabía...
―Sí, ya te he dicho que dos o tres veces... aunque hoy eras tú la elegida, pero también me dijo Fran que tenía muchas ganas de follar con Sandra, esta más buena desde que se ha puesto las tetas nuevas... ―le dije de manera más vulgar.
―Casi que prefería no haberlo sabido, no sé, parece que dais por hecho que podéis acostaros con nosotras cuando os dé la gana...
―Eres nueva y ya lo irás viendo; pero la verdad es que sí, esta feo que yo lo diga, y es que la mayoría de veces podemos elegir, que no digo por ti, eh... estoy hablando en general... además, es un hecho que reunimos varias circunstancias que a vosotras os parecen muy atractivas...
―¿Ah, sí?, dime alguna...
―Un trabajo con un alto standing social, un estatus superior al vuestro, con lo que eso conlleva, el uniforme también os encanta, nos tenéis en muy alta estima, aunque sinceramente... viéndome a mí ya te estarás dando cuenta de que no es para tanto...
―¿Y por eso ya caemos rendidas a vuestros pies?
―Si yo te contara...
―¿Has estado con muchas?
Me hizo gracia que quisiera saber eso, pero no le contesté y respondí con otra pregunta.
―Si no tuvieras pareja, ¿hubieras ido con tus compañeras a tomar esa copa con Fran?
―Sinceramente, te digo que no, no me gusta mucho salir y prefiero esto, tomar una copa en un sitio tranquilo y una buena conversación, además es mi primer día y quiero descansar para estar mañana presentable, quizás debería marcharme ya ―y apuró su cóctel hasta el final―.
Pensé que esto tenía menos alcohol, pero pega, eh...
―se tambaleó al intentar ponerse de pie.
―Ey, ey, cuidado ―y me incorporé, sujetándola con fuerza entre mi cuerpo.
Andrea se ruborizó, y enseguida retrocedió, sentándose otra vez en la silla.
―Te has levantado demasiado deprisa, ¿estás bien?
―Sí, sí, no te preocupes, me encuentro perfectamente, de verdad...
―Ya no bebas más, que luego no quiero que pienses que he intentado emborracharte, es broma, eh...
―Creo que una mujer puede decidir lo que bebe o no, no te preocupes, que no voy a pensar eso...
―Ey, vale, perdona, oye, ¿no serás una de estas feministas radicales? ―pregunté abriendo los brazos.
―¿Feminista radical?, si fuera una feminista radical ya habría subido a la habitación y te hubiera dejado plantado hace un buen rato, porque no has parado de soltar tópicos machistas uno tras otro, que si azafata, que si estamos rendidas a vuestros pies, que si qué pensaría mi novio si me viera contigo...
no sé si eres buen tío o no, pero está claro que no has evolucionado de acuerdo a los tiempos que corren ―me recriminó aquella niñata―.
Y tranquilo, que aunque haya sido un poco soez, tampoco me voy a asustar porque utilices palabras como follar con una chica que acabas de conocer...
Vaya, vaya, así que Andrea se había enfadado y acababa de ponerme en mi sitio en tan solo un minuto. Me miró altiva y desafiante, esperando mi respuesta. Yo afirmé con la cabeza y levanté el brazo para que se acercara el camarero.
―Chico, pon otros dos de lo mismo...
―Dijiste antes que era el último... ―me recordó ella.
―Lo sé, pero esto se acaba de poner interesante, me gustan las mujeres con carácter, aunque sinceramente, creo que tú no eres de esas... ¿te gusta mandar o que te manden?
―¡¡¿Perdona?!!
―Pues eso, ¿qué cual de las dos opciones prefieres?... ―insistí cogiendo su nuevo Cosmopolitan y poniéndoselo en la mano.
Andrea aceptó mi invitación y esta vez retiró la pajita, lanzándola al suelo y le pegó un buen trago, apoyando los labios en el cristal y mirándome directamente a los ojos, en lo que meditaba su respuesta.
―Me gusta mandar... a la mierda a gilipollas machistas...
―¿Como yo...?
―Yo no he dicho...
―Está bien, como veo que no me contestas te voy a responder yo, tú eres de las que se creen que llevan el control, vas de feminista, de mujer empoderada y todas esas mierdas, aunque en el fondo te encanta que te digan lo que tienes que hacer y bueno...
lo siento por ti, pero tu novio no es de esos...