Los relatos de David Lovia. 2
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¿Qué se supone que me tenía que poner para cenar en el hotel?

En teoría después íbamos a quedarnos a tomar algo con Fran y las compañeras, pero tampoco me apetecía arreglarme mucho, así que opté por una falda larga de color verde militar y una blusa blanca un poco escotada con tres botones. Un look informal, pero arreglada.

Pasé por la habitación de Sandra y como se retrasaba cinco minutos toqué en la puerta.

―Sí, pasa, tía, que ya estoy terminando ―me pidió retocándose el maquillaje frente al espejo.

Me quedé de piedra al ver que Sandra se había arreglado bastante para bajar a cenar, con un pantalón negro de vestir y una camisa blanca con un par de botones desabrochados, dejando ver unas bonitas tetas operadas. ¡Estaba claro que quería resaltarlas!

―Pensé que era una cena más informal, vas demasiado elegante...

―No, lo normal, yo suelo ir así ―dijo Sandra―. Tú también vas muy guapa...

―Casi ni me he maquillado...

―No te hace falta, cabrona, eres muy guapa y ¡menudo cuerpazo tienes, nena!, ya me hubiera gustado a mí tener esas tetazas, mmmmmm... y ese culo, mejor que disimules las curvas con esa falda, porque si no me levantas a Fran, seguro...

―Por mí no te preocupes, no me interesa, ja, ja, ja...

―Bien, bien, entonces solo me queda Leticia, uffff, y encima nos toca cenar con ella...

―Ah, ¿no cenamos solas?

―No, hemos quedado las cuatro a las 21:30.

―Pues ya vamos cinco minutos tarde...

―¡Qué se esperen...!

Al entrar al restaurante nos estaban esperando las otras dos compañeras.

Vimos a los dos pilotos cenando solos; les saludamos con la mano y ni tan siquiera nos acercamos a hablar con ellos.

Llegamos a la mesa y Leticia miró su reloj, con un ligero carraspeo por la tardanza, por lo que yo me disculpé.

Beatriz iba más normalita, como yo, con unos vaqueros y camisa de rayas, pero si Sandra se había arreglado, Leticia estaba en el siguiente nivel, con un vestido de fiesta morado, y una especie de recogido en el pelo.

Me pareció ridículo bajar así a cenar, aunque tenía que reconocer que estaba espectacular, eso sí, si estuviéramos en una boda.

Durante la cena se notaba la tensión entre Leticia y Sandra, ¡eran dos rubias de armas tomar!, y Beatriz y yo nos mirábamos en silencio, con una sonrisa cómplice cuando se soltaban una pullita, cada vez con más frecuencia.

―Pues ahora he quedado con Fran para tomar algo ―dijo Leticia terminando los postres, con una insoportable voz altiva y de pito.

―Sí, nosotras también habíamos quedado con él...

―Ah, no lo sabía...

―Yo me voy a subir a descansar ―afirmó Beatriz.

―Y yo también ―salí al paso.

―De eso nada, tía, hoy es un primer destino y eso hay que celebrarlo ―insistió Sandra.

―Está bieeeen, una y me voy, eh...

―Sí, sí, una por lo menos...

En el bar del hotel nos estaban esperando Fran e Ismael. El clon de David Beckham se levantó en cuanto nos vio, pero Ismael ni se inmutó y siguió sentado frente a la barra con su ancha espalda, mirando a la camarera y sin hacernos el menor caso.

―Ya estáis aquí, chicas, ¿qué queréis tomar?, yo invito ―dijo Fran con amabilidad.

―Hoy tenemos que celebrar que es el primer día de Andrea, eh...

―Sí, sí, por supuesto...

Y Fran pidió una botella de champán para hacer un brindis. Fue curiosa la escena, porque Ismael pasó de nosotros y se quedó como si tal cosa, pendiente del móvil y degustando su copa.

Desde luego que era un tipo peculiar, rondaría los sesenta años, durante la cena comentaron que se rumoreaba que ya se iba a jubilar, con el pelo muy blanco, repeinado hacia atrás, muy alto y ancho de hombros, con unas manos enormes, tenía pinta de haber sido un guaperas de joven, pero ahora estaba muy desmejorado, desaliñado con la camisa por fuera, incipiente barriga, con pinta de cansado y unas grandes bolsas en los ojos que todavía le hacían más mayor.

Permanecí callada, y durante media hora tuve que asistir a la lucha entre Leticia y Sandra por ver quién se llevaba el gato al agua. Se comportaban como dos niñatas histéricas, manoseando a Fran, acercándose a él y finalmente quedaron en salir del hotel y tomar algo en la noche de Zurich.

―Yo ya me retiro, chicas, ahora sí...

―Ohhhhh, ¿no te vienes?, qué pena, debería insistir... ―dijo Fran.

―No pasa nada, nos tienes a nosotras ―le interrumpió Leticia, poniéndose delante de mí y se enganchó a un brazo y Sandra al otro antes de salir del restaurante.

Respiré aliviada, pues con el estrés del primer día no veía el momento de subir a la habitación a descansar. Dejé la copa en la barra justo cuando Ismael levantaba el brazo para pedir otro cóctel.

―Me voy, no subas muy tarde, eh... que mañana tienes que llevarnos a todos de vuelta ―quise hacer una pequeña broma, apoyando mi mano en la espalda del piloto.

Entonces y sin que me lo esperara, se giró hacia mí, me miró con indiferencia y contestó sin cambiar el rostro.

―¿Quieres tomar algo? ―me preguntó.

Mi primera reacción fue decirle que no, pero sinceramente sentí pena por aquel tipo, y más después de lo que me había contado Sandra sobre la muerte de su hija. Estaba claro que no se encontraba bien y quizás solo necesitaba un poco de compañía y alguien que le escuchara.

―Eh, sí, claro... ―contesté con una sonrisa amable y tomando asiento a su lado...