Los relatos de David Lovia. 1
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Le encantaba dormir sin ropa. Se estiró en la cama mientras me vestía frente al espejo y mi chico emitió un pequeño ronquido. Ocho años de relación con él y me seguía volviendo loca su espalda desnuda y musculada.

Las sábanas estaban muy revueltas y olía a sexo sucio en la habitación, unas horas antes habíamos follado con tal intensidad que caímos exhaustos en cuanto terminamos.

Mira que era guapo el cabrón, pero un inseguro de la hostia, y aunque es verdad, que se escuchaban muchas historias de affairs entre azafatas, pilotos y tripulación de cabina, yo nunca le había dado motivos para desconfiar de mí.

Adoraba a mi chico.

Pensé que el sexo me vendría bien para relajarme, pero no dio los frutos deseados y es que aquella mañana estaba muy nerviosa, pues empezaba a trabajar como auxiliar en una gran compañía y tenía mi primer vuelo.

Madrid-Zurich.

Dos horas y veinte de trayecto, dormir allí y vuelta a Madrid al día siguiente. Me habían hablado muy bien de los dos pilotos, Francisco Lomas, un gran talento e Ismael Lara, un histórico con miles de horas de experiencia, así que en ese aspecto estaba tranquila.

Me tranquilicé un poco en el avión, pero en cuanto comenzaron a llegar los pasajeros el corazón volvió a latir con fuerza.

Me situé en una de las entradas y con mi mejor sonrisa les fui dando a todos las buenas tardes y deseándoles un feliz vuelo.

Éramos cuatro auxiliares y a mí me habían asignado junto con otra compañera la cabina de tripulación, faltaba la de primera clase y cabina de emergencia.

Por suerte mi compañera era un encanto. Una rubia que tendría mi edad, sobre 28 años, desde el primer momento estuvo muy pendiente de mí, indicándome lo que tenía que hacer.

Nos echamos una mirada cómplice cuando el avión cogió velocidad antes del despegue y ella estiró el brazo y me dio la mano, susurrándome un “bienvenida” justo al separarnos del suelo.

Sandra enseguida cogió confianza conmigo, y una vez que el avión se situó en altura de vuelo y con los pasajeros ya atendidos comenzamos a hablar de manera más distendida.

―Oye, me has caído muy bien, tía...

―Tú también y muchas gracias por todo.

―Bueno, Andrea, pues encantada de haberte conocido, y no sé, cuéntame algo más de ti, lo único que sé es que eres un pibonazo y que estás muy buena, ja, ja, ja...

―Ja, ja, ja, lo mismo digo.

―¿Tienes novio, novia...?

―Sí, novio, novio...

―Yo pregunto, que hoy en día no se sabe..., ¿y llevas mucho tiempo con él?

―Sí, hemos cumplido hace poco ocho años...

―¡Guau!, eso es mucho tiempo.

―¿Y tú?, ¿tienes pareja?

―Sí, más o menos, podría decirse que sí, ando tonteando con un chico desde hace un año...

―Entiendo.

―Aunque en viajes como el de hoy, es cuando me arrepiento de tener novio.

―¿Y eso?

―¿Es que no te has fijado en Fran?

―¿En quién?

―¡El piloto!, Francisco Lomas...

―Ah, sí, sí, tampoco es que me haya fijado mucho, entre los nervios y tal...

―¡No me fastidies!, ¿es que no te parece mono?, joder, si es como el hermano gemelo de David Beckham...

―Sí, bueno, si tú lo dices...

―Ya hemos viajado juntos unas cuantas veces... y esta noche espero que no se me escape...

―¿En serio?

―Y tan en serio, pero tienes que acompañarme, tía, me da apuro ir yo sola, después de cenar podemos quedar con los pilotos y tomar algo con ellos, es lo normal...

―¿Ah, sí?

―Sí, claro... siento que el otro sea Ismael...

―A mí me da igual, como si es Brad Pitt, ya te he dicho que tengo nov...

―Es muy buen piloto, pero ya está de vuelta de todo, serio, arisco... y se rumorea que es un puto alcohólico, se le murió una hija de veinte años en un accidente de tráfico y desde entonces no levanta cabeza, eso sí, por lo que me han dicho antes tenía fama de follarse todo lo que se movía...

―¡Madre mía!, no tenía ni idea...

―Para eso estoy yo, nena, para ponerte al día... lo único es que tendremos competencia...

―¿Competencia?

―Sí, nuestras otras dos “compañeras”, Beatriz es maja y tal, esa no me preocupa, pero Leticia, uffff, es que no puedo con ella. ¡Es una arpía!

―¿La que está en primera clase?

―Sí, se cree una diosa, y siempre la ponen en los mejores puestos y destinos, es una “chupapollas” de primera... clase, ja, ja, ja...

―Pues a mí no me ha parecido tan...

―¡Tú hazme caso a mí!, esa va detrás de Fran también, está como loca por que un piloto le haga casito...

debería ser más realista, yo sé lo que hay, y tampoco me preocupa, claro que me gustaría salir con Fran y ser su novia, pero hay mucha competencia, muchísima, así que me conformo con echar un polvo con él...

ellos buscan otra cosa, no una auxiliar de vuelo, y Leticia se piensa que por ser guapa puede aspirar a un piloto, ja, ja, ja, pobre ilusa...

De repente se encendió una luz y se activó la señal de ponerse los cinturones de seguridad.

―Creo que estamos llegando a una pequeña zona de turbulencias... será unos minutos, ponte el cinto, luego seguimos hablando...

En cuanto pasamos las turbulencias nos volvimos a poner de pie y Sandra me sugirió acercarnos hasta la cabina de los pilotos.

―Vamos a hacerles una visita, así los conoces y hablamos un poco con ellos...

―Ya nos hemos presentado antes... me da apuro.

―Es lo normal, tonta... tú ven conmigo...

Caminamos por el estrecho pasillo hasta llegar a la cabina y al pasar por primera clase Leticia nos miró con mala cara, por lo que Sandra le dedicó una sonrisa falsa y le dijo a su compañera.

―Vamos a ver a estos para que conozcan a Andrea...

La verdad es que impresiona ver el vuelo desde allí y me quedé unos segundos absorta, observando a los dos pilotos manejar el avión.

Fran fue mucho más simpático al vernos y se levantó enseguida, dejando los cascos sobre el asiento.

El otro, un señor grande y corpulento con el pelo canoso, ni se inmutó, como si no estuviéramos, tratándonos como si fuéramos invisibles.

―¿Y qué tal tu primer vuelo, Andrea? ―me preguntó Fran de manera cortés.

Sandra tenía razón. ¡Joder, qué guapo era el condenado!, alto, pelo castaño con unas mechitas rubias, cara cuadrada, ojos azules, se notaba que estaba en forma y además listo, educado y simpático.

¡Menudo partidazo!

―Bi... bien, muy bien, Sandra me está ayudando mucho... ―tartamudeé como una idiota.

―Has tenido suerte con ella, es de las mejores ―dijo el piloto, pasando una mano por el hombro a mi compañera.

Se notaba que entre ellos había mucha complicidad y que se llevaban muy bien, y ella le correspondió el gesto rodeando la espalda de él con su brazo.

―Te recuerdo que teníamos algo pendiente, eh ―bromeó Fran, haciendo que la cara de Sandra se iluminara al instante.

―Sí, sí, siempre dices lo mismo y luego te me escapas corriendo...

―Bueeeeeno, a ver esta noche qué podemos hacer, a lo mejor la que se escapa eres tú...

―No creo, se lo estaba comentando antes a Andrea, que después de cenar podíamos tomar algo...

―Sí, claro, ya me lo había dicho antes Leticia también, yo por mí ya sabéis que encantado de tomarnos lo que queráis... ―comentó Fran, haciendo que Sandra frunciera el ceño de manera involuntaria.

¿En serio iban a ser así todos los vuelos?

Me parecía increíble la adoración que le tenían mis compañeras a los pilotos, por muy guapos que fueran se estaban comportando como dos niñatas en una lucha de gatas callejeras y por suerte, Ismael terminó aquella conversación que me estaba empezando a dar vergüenza ajena.

―Vamos a comenzar el descenso... ―dijo su voz seria y grave.

―Bueno, chicas, pues allá vamos ―y Fran tomó asiento colocándose los cascos en la cabeza.

Fuimos comprobando que todos los pasajeros llevaban el cinturón puesto y después tomamos asiento en la parte de atrás. Sandra parecía enojada y se quedó unos segundos en silencio.

―¿Estás bien?

―Sí, esa zorra de Leticia se me ha adelantado... ―masculló entre dientes.

―Tú eres mucho más guapa... no te preocupes... además, no sé, parecía que le gustabas a Fran.

―¿Tú crees?

―Yo creo que sí, esas cosas se notan...

―Pues esta noche no se me escapa, y tú tienes que acompañarme, eh...

―Vaaaaale, hecho...

Y el avión fue descendiendo lentamente hasta tocar tierra. Ya estábamos en Zurich.