Los relatos de David Lovia. Capítulo 14 Con ganas de más
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Capítulo 14 Con ganas de más

Necesitaba darme una ducha. Puse música muy suave de fondo y dejé que corriera un poco el agua caliente para crear vapor.

Me miré al espejo, tenía la piel sonrojada todavía de las caricias de Marcos.

No tenía nada que ver él con Matías, era un sexo muy distinto.

Mi marido nunca había sido salvaje y bruto en la cama, todo lo contrario.

Es un hombre cariñoso y cuidadoso, demasiado a veces y en algún momento echaba de menos un poco de intensidad y aventura como me ofrecía Matías y los encuentros con él. Juntos eran la mezcla perfecta.

Me metí bajo el chorro de la ducha dejando que el agua me calara el pelo y las gotas viajaran por todo mi cuerpo.

¿Era una relación abierta? ¿Era infidelidad?

Mi mente cuadriculada necesitaba ponerle una etiqueta a aquello, era como si hubiera una nueva identidad en mí que no encajaba con la anterior.

Además, era madre y esa realidad chocaba con mis creencias. ¡Qué tonta!

Sonreí pensando en la de sandeces que se me estaban pasando por la cabeza.

Zanjé la extraña discusión conmigo misma recordando cuánto disfruté aquella noche y todo lo que me había hecho sentir la experiencia.

Marcos estaba bien, yo también y eso era lo más importante.

No quería perderlo, pero tampoco quería dejar de vivir aquellas sensaciones.

Encontraríamos la forma de que funcionara.

Como un fogonazo vino a mi mente aquel tío desconocido que se coló en el reservado y me imaginé entrando yo en algún reservado viendo a otros follar.

Me apetecía volver a aquel local, quería experimentar más, quería ver a más parejas y quizá, quién sabe, sumarnos a ellos o que Marcos mirara.

Me encantaba verlo pendiente de mis movimientos, mis gemidos y luego tan cachondo.

No podía evitarlo y eso todavía me excitaba más.

Quería provocarlo, ponerlo a cien viéndome con otros. Solo era sexo, un juego, nuestro juego.

Froté el jabón por mi piel para envolverme con la espuma.

Tenía la piel muy sensible y los pezones enrojecidos de los jugueteos entre los dientes de Matías.

Recordé aquellos mordiscos e intenté reproducirlos pellizcándome levemente.

Me gustaba la sensación. Siempre he tenido unos pezones muy sensibles, sería capaz de correrme solo tocándolos y dejando volar mi imaginación.

Sentí que todavía estaba cachonda, el polvo con Marcos me había sabido a poco.

El pobre estaba tan excitado que terminó muy rápido y después del ajetreo con Matías yo apenas la sentía dentro, hubiera tardado horas en correrme con Marcos.

Bajé la mano por la cintura y recorrí mi sexo, palpitaba y me estaba pidiendo más.

No podía irme a dormir con aquella sensación.

Me acaricié el clítoris en círculos estimulándolo poco a poco, muy lento, dejándome llevar y sintiendo el agua recorrerme.

Aumenté un la presión y el ritmo, pensé en Matías, en otro encuentro con él, en el local, en el desconocido, en Carmen pajeando a Marcos y sin darme cuenta ya había colado un par de dedos en mí.

Recordé los de Matías al principio de la noche en el reservado y como hábilmente lograban ponerme a mil en un momento.

Seguí aumentando el ritmo, mi respiración empezó a agitarse, se agolparon las imágenes de aquella noche en mi cabeza y sentí el orgasmo crecer, despacio.

Subí un pie al escalón que rodeaba la ducha para tener mejor acceso.

Me dejé llevar y me corrí, jadeando. Al terminar apoyé una mano en la pared para sostenerme, estaba exhausta, pero con una sonrisa de oreja a oreja.

No podía ser la última noche, quería más. Me envolví en la toalla y respondí el mensaje de Matías.

¿Cuándo repetimos?