Los relatos de David Lovia. Capítulo 10 Marcos nos mira
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Capítulo 10 Marcos nos mira

Quería llevar el control de la situación, vi que Marcos y Carmen se habían animado a seguir con el juego y eso todavía me puso más.

Me encantaba que pudiéramos disfrutar de todo aquello, de dejarnos llevar por nuestro deseo y compartir una experiencia tan intensa.

Nunca imaginé que Marcos y yo viviríamos algo así, siempre habíamos sido una pareja muy tradicional, pero todo aquello me estaba encantando.

Dirigí la mano de Matías bajo mi falda, él me acarició el interior del muslo hasta la ingle, sin prisa.

Con el dedo índice hacía dibujos sobre mi tanga acercándose a mis labios, pero sin tocarlos.

Yo le acariciaba por encima del pantalón y a tientas trataba de buscar el botón para liberarle de aquella tensión que ejercía la ropa.

No dejábamos de besarnos y de reojo veía a Marcos haciendo lo mismo con Carmen.

Mil ideas me pasaban por la cabeza a toda velocidad, por un momento me imaginé entre las piernas de Carmen mientras los chicos nos miraban y me follaban.

Matías ya estaba más cerca de mi clítoris, lo acariciaba haciendo pequeños círculos y lo sentía palpitar.

Por mi parte había conseguido sacar su polla de los pantalones y la acariciaba de arriba abajo muy suave.

El glande brillaba en la oscuridad de la sala y aproveché las primeras gotas de su excitación para lubricar la zona y poder jugar con mi mano sin hacer demasiada fricción.

Le estaba encantando porque aumentó la intensidad y profundidad de sus besos.

Me moría por sentir sus dedos dentro de mí. Apartó un poco mi tanga a un lado y yo abrí más las piernas.

—Estás muy mojada —dijo sonriendo mientras se alejaba un segundo de mí para mirarme a los ojos.

—Culpa tuya.

—Me encanta ser el culpable.

—No dejes de tocarme —dije en tono autoritario. No quería charlar, estaba muy cachonda y mi mente no podía pensar en otra cosa.

—Poco a poco, no hay prisa.

Siguió besándome por el cuello a la vez que me acariciaba la entrepierna, esta vez directamente sobre la piel apartando la ropa interior. Aquello era una tortura, necesitaba más ritmo o me correría solo con las caricias.

—Matías, estoy muy cachonda.

—Ya lo noto, ¿y qué te apetece?

—Que metas dos dedos dentro de mí, ¡ya!

—¿Así? —preguntó hundiendo uno muy despacio y provocando que soltara un gemido.

—Otro más, por favor —pedí entre suspiros suplicándole mientras no dejaba de masturbarlo.

Me hizo caso y lo sentí dentro de mí, sus nudillos hacían presión contra mi clítoris.

Sus manos eran mucho más grandes que las de Marcos, dos de sus dedos eran como una polla que jugaba con mi punto G.

Me recosté en el sofá cerrando los ojos para disfrutar de las sensaciones.

Mi mano se movía arriba y abajo por inercia, sin estar muy pendiente de lo que hacía y centrándome en mí.

Entreabrí los ojos y vi a Marcos mirándome, me incorporé, besé a Matías y le masturbé con más intensidad la polla imaginando que era la de mi marido.

Quería que me viera haciéndolo y sin quitarle la mirada acerqué despacio la boca y lamí la punta.

Seguí recorriéndola con la lengua de arriba abajo, preparándola para metérmela dentro.

Puse los labios en forma de o para encajarla despacio en la boca haciendo la presión justa y dejando que se deslizara entre mis dientes y rozara el paladar hasta el fondo de mi garganta.

Succioné despacio al ritmo que él me metía los dedos, acompasando sus movimientos con los míos.

Cuando él aumentó la velocidad yo hice lo mismo a la vez que lo envolvía moviendo de forma circula mi cabeza para abarcarla entera dejando que rozara el interior de mis mejillas.

Pocas veces había sentido tanto deseo por comerme una polla.

No me podía contener más, los dedos me sabían a poco.

No quería tenerla más tiempo en la boca, deseaba follármelo.

Allí, delante de Marcos y Carmen. Anhelaba sentirlo dentro de mí y rebotar sobre ella.

Aparté la mano que Matías tenía bajo mi falda y la subí hasta la cintura, coloqué a un lado el tanga y me monté a horcajadas sobre él.

Me quité el jersey lanzándolo a una esquina del sofá y acerqué mis tetas a su cara, el sujetador de encaje rojo semitransparente rozaba con su boca.

Me devoraba por encima de la tela, pero yo quería más.

Seguía deseando mucho más de aquel hombre y aquella noche. Estaba desbocada.

Me desabroché el sujetador, lo lancé junto al jersey, me agarré las tetas y se las puse en la boca para que las chupara mientras su polla dura se restregaba por mi coño y mi culo, todavía no estaba dentro, pero la sentía caliente rozándose con mi cuerpo y mojada gracias a mi humedad.

Moví las caderas tratando que encajara, pero necesité de mi mano para guiarla.

La coloqué en la entrada de mi coño, la sujeté por la base y fui bajando mi cuerpo a lo largo de todo el tronco hasta que sentí sus pelotas en mi culo.

Era mía, mi sexo la había engullido por completo.

Matías no dejaba de jugar con mis tetas, me encantaba como mordisqueaba mis pezones.

Marcos no me daba tanto placer cuando me las chupaba, en cambio, Matías era un experto y lograba que mi sexo palpitara con una ligera presión de los dientes.

Me moví arriba y abajo. Subía y cuando estaba a punto de salirse me dejaba caer para sentirla de golpe dentro de mí.

Lo hice unas cuantas veces y Matías me confesó que si seguía así se correría.

Eso provocó que lo hiciera en un par de ocasiones más, para llevarlo al límite.

Luego me quedé quieta con su polla dentro y me moví en círculos con mis caderas echando mi espalda atrás y apoyándome en sus piernas.

Arqueándome así la sentía todavía más rozando en el lugar justo.

El placer estaba a punto de estallar para ambos y no podía dejar de pensar en que quería tener la polla de Marcos en la boca.

¿Estaría él pensando en lo mismo?