Los relatos de David Lovia. Capítulo 11 El desconocido
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Capítulo 11 El desconocido

Ya no pude dejar de mirarlos, Carmen de espaldas a mí me seguía acariciando con sus dedos por encima del pantalón, alguna vez me giraba y nos dábamos un pequeño beso, pero enseguida volvía a estar pendiente de Matías y Marta.

En cuanto la polla de él entró dentro del coño de mi mujer Carmen me desabrochó el pantalón, y ahora sí, me la cogió suavemente con un par de dedos para sacármela del calzón agarrándomela con toda la mano.

Aquella señora tenía un tacto increíble, no solo besaba bien, en cuanto comenzó a meneármela mis piernas temblaron y me recosté en el sofá dejando que Carmen me pajeara viendo como follaban Matías y mi mujer.

―¿Te gusta lo que ves? ―me susurró Carmen al oído.

―Matías es muy bueno, va a hacer que se corra unas cuantas veces... ―volvió a decirme Carmen mientras me daba un pequeño mordisquito en el oído.

Estábamos tan concentrados en la escena que ni tan siquiera nos percatamos de que alguien se había asomado a la cortinilla del reservado y disfrutaba del espectáculo. Mi primera reacción fue levantarme para echar a aquel mirón de allí, pero Carmen me lo impidió.

―Déjale que mire, es muy normal en estos sitios, ¿no te da morbo que vean como se follan a tu mujer? ―me jadeó Carmen en el oído sin dejar de masturbarme.

Aquellas palabras me encendieron todavía más, y el invitado sorpresa viendo que no le decíamos nada se atrevió a avanzar un par de pasos quedándose ya dentro del reservado. Era un tío normal, tendría sobre 40-45 años y con todo el descaro del mundo tenía la polla fuera y se hacía una paja.

Matías viendo que no estábamos solos descubrió las tetazas de mi mujer e hizo que se diera la vuelta.

Marta ahora estaba sobre el viejo, pero de espaldas a él, y se quedó muy sorprendida, pues lo último que se esperaba era tener público.

Yo estaba sentado frente a ella mientras Carmen me la meneaba y de pie teníamos a un desconocido con la polla en la mano.

Intentó taparse los pechos, pero Matías se lo impidió y con un golpe de caderas se la metió hasta el fondo haciéndola gritar de placer.

Mi mujer se sujetó a sus piernas y se inclinó hacia atrás dejando que Matías se la follara en esa postura, el viejo le agarraba las tetas a Marta y se las bamboleaba delante del desconocido que cada vez se pajeaba más rápido.

―¿Has visto como la mira? ―me dijo Carmen―. Está deseando acercarse a tu mujer y tocarle las tetas... y no me extraña porque las tiene muy bien puestas, mmmmm...

No sabía de esa vena exhibicionista de mi mujer, o a lo mejor es que estaba tan cachonda que no le importaba que aquel mirón se estuviera tocando mientras los veía follar. Las embestidas de Matías eran salvajes, con golpes secos que levantaban el cuerpo de Marta como si no pesara nada.

Marta se echó hacia atrás y abrió de piernas mostrándole el coño al mirón que desde su posición debía ver perfectamente como la polla del viejo entraba y salía sin descanso. El desconocido se acercó a mi mujer meneándosela más rápido, creo que estaba a punto de terminar. Lo mismo que yo.

Entonces Matías empujó por la espalda a Marta para que se pusiera recta y le escuché cómo le ofrecía las tetas de mi mujer, haciéndolas bailar de arriba a abajo.

―¡Córrete encima de ella!

No tuvo que repetírselo dos veces, y el mirón avanzó dos pasos más y eyaculó sobre los blancos pechos de Marta, que se bamboleaban sin descanso al ritmo de la follada que le imprimía Matías.

El siguiente que se corrió fui yo, Carmen también había acelerado el ritmo con el que me masturbaba a la vez que me daba pequeños besos en el oído y comencé a expulsar semen a lo bestia.

La corrida fue muy potente viendo al desconocido como iba bañando con un lefazo tras otro las tetazas de mi mujer.

Y como vino se fue, después de eyacular sobre Marta, aquel señor se guardó la polla y con un escueto «buenas noches» salió del reservado.

Me giré para buscar la boca de Carmen en un beso con lengua. Yo había terminado, pero mi mujer y Matías no.