Los relatos de David Lovia. Capítulo 9 Empieza el juego
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Capítulo 9 Empieza el juego

Carmen y yo no lo estábamos pasando tan bien como ellos, nuestra conversación no era tan fluida y hablábamos de cosas intrascendentes.

Me gustaba la serenidad de Carmen, parecía acostumbrada a ese tipo de situaciones.

Entonces me miró por encima del hombro y luego me hizo una indicación sin decirme nada para que viera lo que estaba pasando detrás de mí.

Al girarme me encontré a Marta y a Matías besándose en el sofá, no era un beso tierno o cariñoso, el viejo le metía la lengua en la boca a mi mujer mientras le sobaba las tetazas por encima de la ropa.

Me quedé hipnotizado, no podía dejar de mirarlos, entonces sentí una mano de Carmen en mi rodilla y ella se acercó a mí.

―¿Te gusta lo que ves?

No supe ni qué contestar, pero la erección bajo mis pantalones me delataba.

Yo no quería un intercambio de parejas, ni nada parecido, pero me excitó muchísimo ver a Marta morreándose con aquel señor.

Todo me parecía muy sucio y guarro. Y ahora tenía a Carmen a escasos centímetros de mí con nuestras cabezas casi pegadas.

Ya no podía pensar con claridad e hice lo que se suponía que tenía que hacer en un caso de estos, me incliné sobre Carmen para buscar sus labios, pero sorprendentemente ella me rechazó el beso.

La miré extrañado, no podía creerme que Carmen me negara la boca, así que volví a intentarlo con el mismo resultado.

Aquello era increíble, Matías se estaba comiendo a mi mujer mientras no dejaba un centímetro de su cuerpo por tocar y Carmen ni tan siquiera me permitía darle un pequeño beso. Indignado y furioso me puse de pie. No iba a aguantar ni un segundo más aquella humillación.

Entonces Carmen se dio cuenta de que si no cedía a mis pretensiones me iba a llevar a mi mujer de allí dejando a su marido con un palmo de narices.

Tiró de mi mano hacia abajo para que volviera con ella y en cuanto puse el culo en el asiento se acercó a mí besando mis labios con suavidad, rozándome, como si fuera una caricia.

Pasó una mano por detrás de mi cabeza, enredando sus dedos en mi pelo y poco a poco fue subiendo la intensidad de su beso, metiendo con timidez la lengua en mi boca.

Me encantaba la sensualidad que desprendía Carmen y la forma de besar tan exquisita que tenía.

La polla me palpitó bajo los pantalones cuando ella apoyó una mano sobre mi muslo, acercándola peligrosamente a mi entrepierna.

Ahora nos chupábamos las lenguas en un morreo cada vez más húmedo y apoyé una mano en su escote, para acariciar sus tetas.

Carmen me dejó hacer unos segundos, aunque luego me retiró la mano.

Pensé que quizás iba demasiado rápido, pero ella me había dado pie, acercando cada vez más su mano a mi paquete.

No tenía prisa, y me dejé llevar disfrutando un par de minutos más de los besos de Carmen, nuestras bocas se habían acoplado de maravilla y las lenguas bailaban juntas empapándose de saliva.

Los dedos de Carmen hacían un gran trabajo masajeándome la nuca en una caricia placentera y de repente ella bajó la boca acariciándome el cuello con sus labios.

No sé qué estarían haciendo Matías y Marta, pero Carmen apoyó la mano en mi polla y me la agarró por encima del pantalón pegándome un par de sacudidas.

Mientras me comía el cuello me giré para ver que sucedía detrás de mí.

Entonces me quedé de piedra cuando vi a mujer con la polla de Matías en la mano, meneándosela con firmeza y la mano de él acariciando su coño por debajo de la falda.

Marta me vio y se besó con el viejo sin dejar de mirarme a los ojos.

Luego con cara de zorra se separó de él pegándole cinco o seis sacudidas para que yo lo viera. Y se agachó sobre su regazo.

Mi mujer iba a comerle la polla.