Capítulo 7 Unas copas
El reservado tenía dos sofás medianos de color gris, eran muy modernos y pinta de ser bastante cómodos. Me pregunté cuánta gente habría follado en ellos, por lo menos me gustó el detalle de que saliera una limpiadora justo antes de entrar nosotros.
Matías se puso de pie y me propuso acompañarlo a la barra a pedir unas consumiciones.
Dejamos a las chicas sentadas una en cada sofá y fuimos a por algo de beber.
Matías se movía como pez en el agua en ese ambiente, todo lo contrario que yo, que estaba en constante alerta.
Veía parejas pasar por el pasillo, solteros en la barra en busca de alguna presa, a la chica de relaciones públicas enseñar el local a los que iban entrando nuevos...
no me esperaba que hubiera tanta gente en este tipo de sitios.
Llegamos a la barra que estaba atendida por dos chicas y un chico de unos veinte años. Matías pidió las copas y le dio los cuatro pases que nos habían dado a la entrada para pagar con ellos.
―No me creo que no hayáis venido antes a un local de intercambio ―me dijo.
―No, es la primera vez.
―Yo pensé que vosotros...
―Ehhh... no, no, nosotros estas cosas…
Puso cara de extrañeza, estaba claro que Matías creía que éramos una pareja liberal o algo por el estilo, solo así era entendible que yo no le hubiera dicho nada después de follar con mi mujer y que ahora les estuviéramos acompañando a un club swinger.
Como le estaba viendo sus intenciones de lejos, antes de volver al reservado quise dejarle las cosas claras.
Cuando fue a girarse le puse una mano en el hombro.
―Espera...
―¿Qué pasa, Marcos?
―Sé perfectamente lo que pretendes, te he visto en el bar y no he querido decir nada por no montar una escena y por respeto a Carmen, respeto que parece que tú no le tienes a tú... mujer, o lo que sea... pero que sea la última vez que le pones una mano encima a mi m...
―¡Ey, tranquilo! No te preocupes por lo que tengamos Carmen y yo, eso no es asunto tuyo, y en cuanto a Marta...
ehm, no te voy a negar que antes, bueno...
ya has visto lo que ha pasado, eso es una cosa que deberías hablar con ella, pero por lo que me ha contado tu mujer creo que te ha gustado vernos juntos, ¿no?
No quiero malos rollos, tío, me parecéis una pareja de puta madre y estás con una mujer que es la hostia, guapa, simpática, morbosa, ¡joder, lo tiene todo!
Recogió dos copas de la barra, la de Marta y la suya, dejando la de Carmen y la mía sobre el mostrador.
―Anda coge eso y vamos con las chicas, que nos estarán esperando.
Me parecía increíble la desfachatez del aquel tipo, que tenía una facilidad sorprendente para encontrar las palabras adecuadas en cada momento y quitarle importancia a las cosas. Total, solo se había follado a Marta en verano y le acababa de sobar el culo delante de mí en el pub.
Y todavía se puso peor en cuanto entramos al reservado.
Matías le dio la copa a mi mujer y después se sentó a su lado, por lo que yo me tuve que poner en el sofá con Carmen.
Marta se recostó apoyando el hombro en el respaldo y pasó un pie por debajo del gemelo de la otra pierna en una postura cómoda y distendida para comenzar a charlar con Matías.
Me sorprendió que mi mujer hiciera eso, era como si Carmen y yo no estuviéramos allí.
Yo me senté con Carmen en el único hueco que tenía disponible.
Era un sitio que no me gustaba nada, pues dejaba a Marta y Matías a mi espalda y no podía ver que es lo que hacían.
Me giré y me encontré con la madurita mirándome y con voz tranquila y serena me dijo.
―La verdad es que han congeniado genial desde el principio.
―¿A quién te refieres?
―Pues a estos dos, claro...
Carmen adoptó una postura completamente distinta a mi mujer y cruzó las piernas de manera sensual en dirección hacia mí, como toda una señora.
En ese momento me vi intimidado por completo, y de nuevo volví a tener una erección bajo los pantalones.
Intenté ocultarla situándome de lado, antes de que Carmen se diera cuenta, pero por la sonrisa que puso, lo único que hice con esa postura fue descubrirme yo solo.
Sin querer se me fue la vista a su busto, las tetas de Carmen lucían de manera espectacular en ese escote palabra de honor y ella estiró el brazo con delicadeza para brindar conmigo.
―Por nosotros... ―me dijo antes de mirarme fijamente a los ojos mientras le daba un trago a su copa.
No pude evitar girarme cuando escuché a Marta riéndose en alto con alguna aventura que le estaba contando Matías. Lo peor es que él se había acercado peligrosamente a ella y no solo eso, ya tenía una mano sobre el muslo de mi mujer mientras le hacía confidencias en el oído.