Capítulo 6 El rombo morado
Era más de la una de la madrugada y hacía mucho frío en la calle, me castañeaban los dientes y busqué abrigo en los abrazos de Marcos mientras decidíamos si ir en un taxi o en el coche de Matías hasta el local.
Él insistía en llevarnos y luego nos dejaría en casa, pero Marcos no quería, prefería tener la libertad de irnos cuando nos apeteciera sin depender de él.
Por las características del lugar y mayor discreción, se accedía al local por el parking.
Fuimos todos en el coche de Matías para que dejara de insistir y subimos juntos en el amplio y elegante ascensor del edificio.
Al abrirse las puertas salimos a un recibidor oscuro con pequeñas luces leds azules rodeando el techo.
A los pocos segundos apareció una chica muy guapa con un vestido corto negro que resaltaba su figura.
Nos recibió con una gran sonrisa y nos preguntó si era nuestra primera vez, a lo que todos asentimos.
Muy amable nos propuso una visita guiada por el local.
Dejé que Carmen y Matías caminaran delante de nosotros, tenía mucha curiosidad por conocer aquel lugar.
El corazón me latía deprisa, le di la mano a Marcos y tiré ligeramente de él para que se pegara a mí.
Tenerlo así de cerca me daba cierta sensación de protección ante el sitio desconocido.
Amanda, como se presentó la chica, nos mostró en primer lugar los vestuarios, en ellos podríamos dejar las chaquetas en taquillas que cerraban con llave, por si queríamos estar más cómodos.
Seguimos caminando por el pasillo estrecho y llegamos a una zona de bar.
A la derecha la barra con tres camareros guapísimos, dos chicas y un chico, nos recibieron también con una sonrisa.
No había mucha gente en la sala, apenas algunas mesas ocupadas por parejas que tomaban una copa y hablaban de forma distendida sin prestar atención a nuestra presencia.
Tras la sala del bar llegamos a otra zona con habitaciones independientes.
Amanda nos explicó el objetivo de cada una de ellas de modo sutil.
Una tenía una cama enorme que iba de punta a punta de la habitación, por lo menos tendría siete metros aquel colchón.
Al final se podía intuir una pareja, fui la única que asomó la cabeza entre la discreta cortina para ver cómo era aquel lugar.
Nos habló del resto de salas. Una de ellas tenía una pared negra dividida en dos partes con unos agujeros, no supe su utilidad, pero me pareció de lo más curioso.
Incluso una de las habitaciones incluía juguetes para azotar y atar.
Mis ojos se estaban acostumbrando a la oscuridad y ya podía intuir más sombras en las salas.
Aquel sitio rezumaba un cierto aroma a sexo y seducción que me estaba poniendo muy cachonda.
Terminamos el tour volviendo a la sala del bar e intentando mantener la discreción para no molestar a ninguno de los clientes, durante aquellos minutos de visita se había llenado.
Por último, Amanda, nos indicó los precios y extras que podíamos solicitar.
Aluciné con la de detalles de aquel sitio, habían tenido en cuenta hasta el más mínimo elemento. Ni en los mejores hoteles.
Miré a Marcos para saber qué estaba pensando sobre el local, él me devolvió el gesto y cierta sonrisa nerviosa.
Sin duda aquel sitio le gustaba tanto como a mí.
Mientras Amanda nos daba las últimas indicaciones me acerqué a él y pegué mi culo a su paquete moviéndolo ligeramente, él me rodeó la cintura con las manos.
Estaba cachondo y podía sentir su dureza contra mi cuerpo.
La sensualidad de aquel lugar invitaba a dejar volar la imaginación sin límites.
En la barra había algún chico solo, uno de ellos tendría unos 25 años y no me quitaba ojo.
Lo miré y me sonrió. Yo seguía pegada a mi marido rozándome con su polla y el desconocido se había dado cuenta.
Era la primera vez que estaba en un local así, todas aquellas personas tenían el objetivo de pasarlo bien y ser observada era algo que me provocaba un morbo increíble.
Imaginar a aquel chico moreno mirándome me parecía de lo más excitante.
Aquella no era una noche más, algo estaba cambiando en mí y deseaba que fuera igual para Marcos.
Sin consultar, Matías pidió un reservado para los cuatro. Amanda nos acompañó hasta una sala al final del pasillo. Puse un pie dentro y un escalofrío me recorrió el cuerpo, nadie había dicho nada, pero ya sabíamos lo que iba a ocurrir entre aquellas paredes.