Capitulo 9
El masaje
Fue al sentarme en aquella silla y notar el chorro de crema fría sobre mis hombros cuando me di cuenta de dónde me estaba metiendo. Situada frente a Marcos mientras Matías me tocaba. Quizá no era la situación más erótica de mi vida, pero sí la más extraña que había vivido junto a mi marido.
No hacía nada malo, ¿no? Él estaba delante, viendo todo lo que ocurría y yo solo me dejaba masajear, como cuando iba al fisioterapeuta.
Quise convencerme de que aquella situación no era tan extraordinaria.
Además, ya estaba allí sentada con las manos expertas de Matías encima, no había vuelta atrás, solo me quedaba disfrutar del masaje.
Sus manos eran grandes y fuertes, en pocas pasadas cubría todo mi cuello y mis hombros.
Siempre he sido muy fetichista de las manos masculinas y todavía más cuando saben dónde tocar.
Las deslizaba gracias a la crema con gran facilidad, a veces me agarraba del cuello y sin poder evitarlo eso me ponía cachonda.
Me lo imaginé cogiéndome del pelo y embistiéndome.
¿Por qué pensaba en aquello? Solo estaba dándome un masaje por un dolor de cervicales, no era nada sexual.
Matías por su edad podría ser mi padre, sí se conservaba muy bien y tenía un atractivo que no había percibido en ningún otro hombre de su edad.
Quizá fuera por la erótica de la madurez y la experiencia, no podía ser otra cosa, eso o me estaba volviendo loca.
Bajé la cabeza y me dejé llevar por las sensaciones, tanto que en algún momento el tirante de mi bikini se deslizó descubriendo más de lo previsto.
Sentía sus palmas firmes y calientes en mi cuerpo, deseaba que las bajara por mis clavículas hasta llegar a mis tetas, solo de pensarlo me excitaba, sabía que no iba a ocurrir, pero aquellos pensamientos incontrolables hicieron que humedeciera mi ropa interior.
La mezcla del placer relajante por el masaje y de cómo me tocaba aquel hombre me estaba acercando al orgasmo, no iba a llegar a ese punto, pero quedarme en el limbo de esos momentos previos era casi mejor.
No quería que se detuviera, podía fundirme con el vaivén de sus manos.
Las deseaba por todo mi cuerpo. Tuve que controlarme para no soltar un gemido sonoro.
Cuando Matías dio por finalizado el masaje estaba tan cachonda que podría haber cometido cualquier locura. Volvimos a la caravana, era tarde, pero yo necesitaba quitarme el calentón de encima.