Capítulo 8
Bajo sus manos
Un rato más tarde, llegaron a la piscina.
Yo me estaba bañando con Adrián y les hice señas para indicarles donde había extendido las toallas.
Mi mujer iba acompañada por nuestros vecinos y en cuanto dejaron las cosas en una hamaca, pude ver desde el agua como Marta y Matías se iban de nuevo al bar del chiringuito a tomar otra cervecita.
Mi mujer se había cambiado de bikini y llevaba uno negro de lazos, con una braguita pequeña que se ataba por los laterales.
Por el calor que hacía no llevaba puesto nada más y Matías frente a ella se debió de pegar un buen atracón de sus tetas mientras se tomaban esa caña.
Como la tarde anterior, se echaron unas risas y una de las veces que los miré, Marta me hizo un gesto por si me apetecía tomar algo.
Salí con el niño y nos acercamos al chiringuito, no quería dejarles solos más tiempo, cada vez estaba más celoso y rayado, no sabía por qué Marta actuaba así. No le había hecho nada, al menos que yo me diera cuenta.
―Adrián se quiere comer un helado ―dije cuando llegamos.
―A ver, ¿cuál le apetece al campeón? ―propuso Matías llevándose a nuestro hijo de la mano para enseñarle la carta de helados.
―La siesta bien, ¿no? ―le pregunté a Marta cuando nos quedamos solos.
―Pues sí, estupendamente, me ha gustado mucho la hamaca. Lo mismo esta noche duermo allí.
Yo la miré extrañado y ella vio mi reacción. Solo lo había dicho para picarme.
―Que era broma, tonto. Eso sí, no sigas comportándote como un celoso o pienso seguir fastidiándote un poquito―dijo acercándose a mi oído para que no pudiera escucharlo Matías.
―Pero si no te he dicho nada.
―Da igual, no hace falta que lo hagas, ¿o te crees que no te conozco?
Estuvimos un rato más en la piscina y sobre las ocho nos despedimos de los vecinos que todavía se quedaron un tiempo más tumbados en las hamacas.
Mientras nos cambiábamos para cenar no hacía más que pensar en lo que me dijo Marta. A pesar de intentar disimular ella percibió mis celos y me sentía muy mal por ello, pero es que no soportaba el tonteo que se tenía con el viejo, que cada vez se estaba tomando más confianzas con mi mujer,
―Si quieres le vamos poniendo algo a Adrián ―dije yo.
―No hace falta, he quedado con Matías para cenar todos juntos. No te importa, ¿no?
―No, no, claro.
―Dice que debemos probar su famosa tortilla de patatas...
―Está bien, como quieras.
Al menos tenía que reconocer la generosidad de nuestros vecinos, no les importaba invitarnos constantemente, tanto a comida como a bebida. Otra vez Matías nos preparó la cena, esta vez una jugosa tortilla de patatas que estaba de muerte y que nuestro hijo devoró en cinco minutos.
Cuando terminamos de cenar, ya era de noche, nos quedamos sentados charlando en la mesa mientras el niño jugueteaba por el jardín. Matías nos sirvió unos chupitos con hielo y estábamos en la gloria una vez que había caído el sol. Entonces Marta hizo un pequeño gesto de dolor al girar el cuello.
―¿Todavía te duele? Ya me he fijado antes. Casi no puedes ni mover la cabeza. No te preocupes, eso lo arreglamos ahora mismo.
Matías se levantó como un rayo y entró en su autocaravana, no tardó en salir con un bote de crema antiinflamatoria de color azul.
―Esta es muy buena, déjame, ven aquí y siéntate en mi silla que es un poco más alta por favor ―le dijo a mi mujer mientras la ayudaba a levantarse.
―No, que de verdad que no hace falta.
―Insisto.
―Déjale, es muy bueno con los masajes ―dijo Carmen.
Casi obligada, Marta se sentó frente a mí, llevaba una faldita vaquera y arriba solo se había puesto el sujetador negro del bikini.
Nos miramos cómplices y extrañados sin saber qué hacer.
La escena cuanto menos era curiosa. Me imaginé las vistas que debía tener Matías de las tetas de mi mujer desde su posición.
Le pidió que se bajara las tiras del bikini para dejar sus hombros desnudos y echó un par de chorros de crema en ellos.
Al deslizarse el tirante casi se le salió una de sus tetas, pero no pareció importarle mucho a Marta que cerró los ojos cuando sintió las manos del viejo apretando y buscando la zona dolorida.
―Mmm, ¡Qué bueno! Ahí, ahí me duele.