Capítulo 6
En la playa
Aquella mañana me desperté con un dolor terrible en las cervicales, quizá de algún mal gesto en la piscina o de la mala postura en la cama viendo el vídeo de la noche anterior. No sé qué fue, pero no podía girar la cabeza hacia la izquierda.
Me di una ducha caliente intentando que el chorro me diera en la nuca y los hombros para relajar la zona, pero no noté mucha mejoría. Al salir de la autocaravana Marcos se había encargado de preparar el desayuno y Adrián ya correteaba en bañador y con el cerco de la leche alrededor de la boca.
—¿Qué tal? ¿Mejor? —preguntó Marcos al verme salir girando en pequeños círculos el cuello.
—No mucho, debí hacer un mal gesto ayer.
—Si quieres me acerco a la farmacia a por alguna crema.
—No es necesario, vamos a la playa que el mar lo cura todo —respondí dándole un bocado a una magdalena. Si pretendía resarcirse del día anterior no iba a conseguirlo con cuatro atenciones.
Cogimos todo lo necesario y nos fuimos para la playa, siguiendo el paseo en apenas cinco minutos estábamos pisando la arena.
Antes de salir de la parcela eché un último vistazo a la autocaravana de los vecinos, tenían todo cerrado y eran más de las nueve.
Quizá seguían durmiendo después de la sesión de anoche.
Mientras Marcos se daba un baño con el niño aproveché para acomodarme en el suelo haciendo hueco a mis tetas en la arena. Bocabajo y escondida bajo mi enorme sombrero de playa me leí un par de capítulos de mi nuevo libro. Me tenía completamente atrapada.
Miré a los lados y no vi a nadie conocido, me quité la parte de arriba del bikini, lo estaba deseando desde que había pisado la playa.
Metí la prenda en la bolsa y sentí el tacto de la toalla en mis pezones.
Me encantaba aquella combinación junto con el sol en mi espalda y el sonido de las olas de fondo, no le podía pedir más a aquel día de playa.
Adrián llegó corriendo para mostrarme las conchas que había recolectado en la orilla, me salpicó de agua y arena, detalle que me saca de quicio, pero ignoré por la ilusión que había en su gesto. Me incorporé para admirar su hallazgo y sentí de nuevo el latigazo en mi nuca.
Decidí darme un baño al que se sumó el pequeño, no desaprovechaba ocasión.
Marcos se quedó vigilando las cosas. No estaba muy hablador, parecía que nos esquivábamos, me sentí algo mal por todo lo ocurrido, era nuestra primera escapada y no la estábamos disfrutando en pareja.
Mientras me bañaba con el niño pensé en cómo podría arreglar la situación entre nosotros y animarlo un poco, se me ocurrieron un par de buenas ideas.
Al volver a la toalla, a medida que me acercaba y podía ver mejor, me di cuenta de que Marcos hablaba con alguien.
Eran Carmen y Matías. Por un segundo pensé en darme la vuelta y volver al agua, no quería plantarme allí delante de ellos con las tetas al aire.
Demasiado tarde, Carmen me vio de lejos y alzó el brazo saludándome, gesto que hizo que Matías mirara en la misma dirección. Ya no había vuelta atrás.
Me acerqué hasta la toalla agachándome sin inclinarme, solo doblando las rodillas para no seguir siendo el centro de atención de la conversación. Marcos iba a explotar como Matías continuara sin quitarme los ojos de encima.
Me cubrí con la toalla, pensé en la noche anterior masturbándome, en los gemidos de la pareja y sentí que Matías podía leerme la mente. Sonreí sin intervenir mucho en la conversación y me puse a jugar con el niño, necesitaba pensar con claridad.
Pasados los primeros minutos de encontronazo y de situación incómoda decidí tomar el sol bocabajo y leer un rato.
Marcos seguía conversando con la pareja que se acomodó a escasos metros de nosotros.
Yo me sumergí en la lectura y desconecté, tanto que me di la vuelta poniéndome boca arriba sin pensar que de nuevo me exponía al mirón.
No quise darle más importancia, la playa estaba llena de chicas haciendo toples, solo era una más.
Incluso me sentí algo creída al pensar que mis tetas podrían ser las protagonistas de las miradas y pensamientos de Matías y Marcos.
Adrián quería darse otro chapuzón, me puse la parte de arriba del bikini y me dirigí a la orilla. Se sumó Carmen y aproveché para hablar con ella mientras el niño chapoteaba en el agua.
—Si te gusta hacer toples no tienes por qué taparte por nosotros —dijo de repente con la mirada puesta en el mar.
—La verdad ha sido un poco raro, nunca lo había hecho delante de nadie conocido y no quiero incomodaros.
—Por mí no hay problema y por parte de Matías te aseguro que tampoco —añadió deslizando sus gafas de sol por la nariz para que viera cómo me guiñaba un ojo.
No entendí mucho el significado de aquel gesto ni el trasfondo de su comentario, si es que lo había.
Solo me quedé en silencio mirando al niño.
Aquella mujer desprendía una seguridad y una experiencia que se respiraba estando a su lado.
Pensé en cómo habría sido su vida, la miré de reojo y sonreí. De mayor, quería ser como Carmen.