8
Unos meses más tarde fuimos a pasar el día al centro comercial con nuestras hijas.
Casi por la noche, después de cenar en el Burger, y, cuando ya nos íbamos para casa, pasamos por delante del cine.
Y entonces lo vi. No había duda de que era él, estaba por la zona de las taquillas, fijándose en las parejas que sacaban la entrada, seguramente buscando unas nuevas víctimas con las que jugar.
El viejo mirón salió justo hacia fuera en el momento en el que pasábamos.
Se quedó mirando cómo le botaban las tetas a mi mujer a cada paso que daba y su culazo apretado en unos pantalones vaqueros muy ajustados.
Luego me miró a mí y sonrió. Estaba claro que nos había reconocido y se acordaba de nosotros.
Silvia ni se dio cuenta de que ese era el tío que se la había follado meses atrás en la oscuridad del cine. Yo creo que ni le llegó a ver la cara aquel día.
Seguimos andando y el viejo nos persiguió unos minutos, me giré y tenía la mirada fija en los glúteos de mi mujer; estaría recordando cómo sus huevos rebotaban contra el culo de Silvia mientras se la metía desde atrás.
Me puso nervioso que nos siguiera durante unos metros, ya que íbamos con las peques, pero a la vez me dio un poco de morbo.
Cuando bajamos por la escalera en dirección al parking, el mirón ya se quedó arriba y yo lo miré por última vez antes de que él me saludara con la mano.
Quién sabía si alguna vez volveríamos a encontrarnos con él…