A Daniel le sacudió el pecho la certeza.
—Fue Marcos.
—¿Qué? —preguntó Raquel.
—El sobre sin sello. Lo dejó él en mi casa.
La línea continuaba:
I.R. por mensajería. Los demás, mañana. B.V. no merece copia, pero la necesita.
La fotografía había sido una invitación de Marcos desde sus últimas horas.
La última página tenía fecha del mismo día en que murió.
No creo en fantasmas. Lo escribo porque la frase de la pared parece lo contrario.
«Ya se ha acordado de nosotros». No es Samu.
Es la memoria. Cuando vuelve, se siente ajena, como si alguien viniera desde fuera a señalar lo que escondiste dentro.
He tardado veintiocho años en entender que recordar no es pagar. Pagar sería hacer algo.