Los príncipes fae (Crueles Niños Perdidos 4) 33
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Peter Pan

Noto que me observan; se hacen mil y una preguntas.

No suelo ser quien limpia el destrozo tras una batalla, pero necesito algo con lo que mantener las manos ocupadas.

El poder sigue latiendo por todo mi cuerpo, pero, en el fondo, al acecho, hay dolor.

Ya me tomaré mi tiempo para desenmarañarlo todo, pero, por ahora, es mejor mantenerme ocupado.

Vane se une a mí mientras arrastro a un Niño Perdido muerto hasta la carretilla que alguien ha traído.

—¿Qué ha pasado? —me pregunta.

Darling está con Bash unos metros atrás, pero nos miran y cuchichean.

Intento no oírlos y me concentro en el aire de mis pulmones y en el susurro de la luz del sol.

Cuando perdí la sombra, siempre me preguntaba por qué no podía salir a la luz del sol. Que yo supiera, nadie más tenía ese problema. Si perdían la sombra, volvían a ser lo que eran antes. Sin secuelas.

Ahora lo sé.

Metafóricamente hablando, las estrellas no pueden existir a la luz del día.

Lo que significa que, cuando salga el sol, tendré que volver bajo tierra.

Pero ya he hecho las paces con eso.

De hecho, lo espero con ganas.

Todas las cosas buenas ocurren en la oscuridad, siempre y cuando haya luz que la contrarreste.

—Si te lo cuento, no sé si me creerás —le digo a Vane.

—Ponme a prueba.

Paso el cadáver del Niño Perdido por encima de la barandilla de la carretilla y cae sobre la pila de cuerpos.

—Tu hermano me ha ayudado a aclarar algunas cosas.

Vane se ríe con la boca cerrada, así que el sonido le sale por la nariz.

—Qué huevos más grandes tienes; a mí no me mientas.

—No miento.

—¿Roc te ha ayudado? ¿Roc? ¿Mi hermano? ¿El Cocodrilo?

—Sí, ese mismo. ¿Tienes otros hermanos de los que no me hayas hablado?

Bufa. Yo me giro para recoger otro cuerpo.

—¿Qué ha hecho?

—Me ha ayudado a ver quién soy de verdad.

—¿Un orbe de luz brillante? ¿Una rara avis entre los fae?

Me detengo para poder mirar a Vane. Sé que puedo confiarle todos mis secretos. Pero ¿cómo se resume todo esto? ¿Cómo encuentro las palabras adecuadas?

Miro hacia el otro lado del prado y me encuentro con los ojos de Darling.

Cuando pisó el suelo de Nunca Jamás, enseguida me abland ó . No quería admitirlo; era como el agua que se filtra por las grietas.

—Soy un mejor hombre gracias a ella.

Vuelvo a girarme hacia Vane. Me observa con los ojos entrecerrados, escrutándome.

—Todos lo somos —admite.

Asiento y le doy una palmada en el hombro.

—Y también soy mejor hombre gracias a ti.

—Cállate —dice.

—Lo digo en serio. Acepta mis cumplidos, Vane. Acéptalos.

Aprieta la mandíbula, pero acaba asintiendo.

—Yo también te quiero, capullo.

Al otro lado del claro, veo a Darling decir: «Yo también os quiero».

Bash dibuja un corazón con los dedos y dice: «Os requetequiero ».

Me río y vuelvo al trabajo sucio.

No hay manera de medir el amor, pero, si la hubiera, estoy seguro de que yo iría lleno hasta arriba.