30
Peter Pan
Cuando no era más que un niño en Nunca Jamás, la noche me aterrorizaba. Sobre todo los aullidos de los lobos y las sombras que se alargaban en el bosque. La sombra me ayudó a superar las noches.
Luego conocí a Campanilla y su dorado brillo ahuyent ó la oscuridad; entonces dejé de tener miedo.
Más tarde, cuando perdí la sombra, era el día lo que me aterrorizaba. El abrasador calor del sol, el poder que me habían arrebatado y el vacío que se había abierto muy dentro de mí.
Siempre había algo. Algo que me hacía sentir débil y algo en lo que apoyarme para sentirme menos débil.
Ahora lo sé.
La laguna me dio la sombra de Nunca Jamás porque la necesitaba. Necesitaba ese apoyo hasta que aprendí a caminar.
Los recuerdos de Balder siguen vivos en mi mente. Los recuerdos de dos dioses en la orilla de la laguna, observando cómo los espíritus del agua se me llevaban.
Debería estar muerto. Varias veces.
Y, aun así, reboso vida. Resplandezco .
«Sumergido en la oscuridad, aterrorizado por la luz».
Siempre he estado tan puto aterrorizado, siempre buscando a alguien o algo que me quitara ese terror…
Hasta ahora.
Atravieso las nubes con una sola misión.
No tengo la sombra, pero vuelo.
Las nubes dan paso a las estrellas que brillan en el cielo nocturno.
A lo lejos, oigo gritos, lucha, el choque del acero y las voces de la familia que he escogido. Los únicos que no me han abandonado, que no me han cambiado por otro, que nunca me traicionarían.
«Ya llego», intento transmitirles, y creo que lo notan.
Ahora estamos todos conectados de algún modo, a través de sombras y de luz.
Y nadie, ni siquiera Campanilla, nos detendrá.