24
Winnie
Vuelvo a la realidad de un sobresalto cuando el dolor resuena a través de la conexión de la sombra.
Parpadeo en la oscuridad y, por un segundo, creo que estoy muerta. Me noto las manos, los pies; puedo mover los dedos, pero no puedo ver nada, hace mucho frío y todo está en absoluta calma.
Piensa en lo último que recuerdas…
«El hada nos atrapó», susurra la sombra.
Es verdad. Estoy enterrada en una caja. Y Campanilla debió de crear una ilusión para hacerme creer que estaba a salvo con los chicos.
Voy a matarla. En cuanto salga de esta caja.
—¡Ayuda! —grito, y golpeo la tapa. Todo está tan quieto que me zumban los oídos con el eco de mi propia voz—. ¿Alguien puede oírme?
Vane tiene que saber que estoy en apuros, pero si está herido…
Tengo que salir de aquí. Tengo que salvarlos.
Vale, piensa, Winnie. Esto no es más que un juego y tienes que descifrar cómo ganar. Solo que estoy enterrada en una caja y no tengo nada a mano.
—Ahora sería el momento perfecto para que hicieras algo —le murmuro a la sombra.
Pero no responde.
Doy unos cuantos golpes más hasta que me duelen las palmas y estoy bastante segura de que sangro.
Y entonces, a lo lejos, bajito, oigo la tierra removerse.
—¡Estoy aquí abajo! —chillo.
Cuanta menos tierra me cubre, más fuerte se oye el ruido. Tiene que ser alguno de los chicos. Me han encontrado, puede que con la ayuda de Vane y…
Algo empuja la tapa y la abre de golpe.
Y, cuando parpadeo ante la tenue claridad, quien tengo delante no es ninguno de los chicos, sino Tilly.
Me incorporo deprisa, lista para luchar, pero ella levanta las manos y sus alas proyectan una luz resplandeciente por todo el claro.
—He venido a ayudarte.
Estoy pegada a la pared del fondo del agujero; la tierra se desprende y se amontona a mi alrededor.
—¿Por qué?
—Porque todo esto es por mi culpa y tengo que arreglarlo.
No confío en ella. Por supuesto que no. Pero oigo la desesperación en su voz, el tono débil y quebradizo de una chica que ha tenido que tomar decisiones desesperadas para intentar sobrevivir.
Los gemelos dijeron que entregó el trono fae a la laguna como ofrenda, para obtener ventaja sobre Peter Pan y los chicos. Pero ahora todos lo estamos pagando.
—Mi madre nunca me amó —admite Tilly con voz entrecortada—. Y, de alguna manera, ahora me quiere aún menos.
—¿Así que me has salvado para vengarte de Campanilla?
—No. —Traga saliva y se lame los labios—.
Yo… no espero que lo entiendas, pero hice lo que creía que debía hacer para ser la hija obediente y continuar con el legado de nuestra familia.
Pero nunca era suficiente. E incluso ahora, que soy reina, con todo el poder para gobernar la corte, sigo sin tener nada.
Sigo sin tener el respeto de mi madre ni el de mis hermanos.
—Aprieta los dientes para contener las lágrimas, aunque las percibo en cada palabra que pronuncia.
Sé lo que es anhelar el amor de quien debería quererte pase lo que pase y no encontrarlo. Antes de Pan y los chicos, creía que el amor era algo que había que esperar en silencio, con desesperación, y que a veces, aun esperándolo, llegaba en forma de sufrimiento.
—Lo siento, Tilly —digo.
—No quiero tu lástima —dice—. Ayúdame a salvar a mis hermanos.
Sus alas la sacan del agujero y se agacha para tenderme una mano. Pero, justo cuando estiro el brazo, una figura oscura se abalanza sobre ella.
—¡Vane! —grito mientras la sombra brota de él. La estampa contra el árbol más cercano y la estrangula con las manos. Yo salgo disparada del agujero y tropiezo, pero me recupero enseguida—. ¡Para! ¡Me ha ayudado!
A Tilly se le salen los ojos de las órbitas y apenas puede respirar.
—Déjalo ya. —Lo agarro de la muñeca y tiro de él para apartarlo—. ¡Me ha salvado!
Vane me mira perplejo y la sombra se calma. Cuando la suelta y da un paso atrás, me doy cuenta de que está cubierto de sangre.
—¿Qué te ha pasado? —Hay poca luz y no veo demasiado bien, pero sí distingo que está más pálido de lo normal. Lo que significa que la sangre tiene que ser suya—. ¿Estás bien?
—Sí.
Le pongo las manos a ambos lados de la cara y lo obligo a mirarme. La sombra oscila entre nosotros, como agua meciéndose en una poza de marea. Él aprieta los dientes.
«Puedo curarlo», responde la sombra , y se separa de mí y vuelve a Vane a curarle las heridas.
—¿Qué ha pasado mientras no estaba? —pregunto, primero a Vane y luego a Tilly.
Noto la inquietud de Vane y la reticencia de Tilly.
—Contádmelo.
—Es Pan —dice Vane—. Ha renunciado a su sombra por los gemelos.
Corro hacia la casa.
Vane y Tilly me siguen.
—Espera, Winnie, joder.
—Tenemos que ayudarlo a recuperarla.
—¡Para! —Vane me adelanta camino de la casa del árbol y me bloquea el paso—. Ha sido él quien ha renunciado.
—¡Por eso! Eso significa que puede recuperarla.
Intento deshacerme de él, pero Vane me sujeta por los hombros y no puedo moverme.
—La sombra ahora está con los gemelos.
—¿Los dos?
Vane asiente.
Yo nunca escogí la sombra. La sombra me escogió a mí.
Y, más tarde, escogió a Vane. Después de ver cómo reaccionó a nte Holt en la Roca de los Abandonados, sé que las sombras son caprichosas.
No se lanzan a por un nuevo huésped porque sí.
Si la Sombra de la vida de Nunca Jamás ha abandonado a Peter Pan por voluntad propia y ha reclamado a los gemelos…
—Pero… es la sombra de Pan. Ha pasado casi toda su vida buscándola. Es suya .
Tilly aparece en mi campo de visión, por encima del hombro de Vane.
—Las sombras no pertenecen a nadie. Me lo enseñó mi Nani. Las sombras pertenecen a la tierra, y son ellas las que deciden quién es merecedor.
Miro a Vane. Tiene las oscuras cejas fruncidas y no aparta la mirada de mí.
Todo lo que es Peter Pan está en esa sombra. Sin ella… No podrá sobrevivir. Toda su vida ha girado alrededor de la sombra y de reinar en Nunca Jamás.
—Tenemos que ir a por él —digo.
—Lo sé —responde Vane—. Pero ahora mismo la casa del árbol es un completo caos. No sabemos cómo, pero Campanilla controla a los fae y a los Niños Perdidos.
—Algunos fae pueden controlar las mentes —dice Tilly—.
Nuestra familia siempre ha tenido un don excepcional para las ilusiones y para adentrarse en mentes ajenas.
Pero, desde que la laguna la escupió de vuelta, mi madre parece haber afinado sus habilidades.
—No hay orgullo en su voz, solo repulsión—.
Parece que se ha metido en sus mentes y, sea cual sea el oscuro poder que la ha resucitado, le permite infiltrarse en una mente y controlarla.
—Entonces, ¿qué hacemos?
—Si las sombras se unen contra ella, puede que tengamos alguna posibilidad de detenerla. —Tilly nos mira por encima del hombro—. Si estáis dispuestos.
—Por supuesto. Con la condición de que nos ayudes y no vuelvas a traicionarnos.
Abre las alas.
—Supongo que me lo merezco.
Vane resopla.
—Vamos a buscar a mis hermanos —dice Tilly, y alza el vuelo—. Intentad seguirme.