20 #2
—Inclínate hacia delante —me ordena, y hago lo que me pide.
Quien está en el sofá me agarra del culo y me abre para Pan. Luego me penetra el coño despacio mientras Pan entra en mi culo con el lubricante facilitándole el paso.
Una tercera persona se acerca a nosotros y se pone de cara a mí.
—Abre la boca, Darling. —Pan me acaricia la barbilla con el pulgar—. Déjame ver cómo te atragantas con esa polla mientras yo te follo el culo.
Obedezco y separo los labios. Me abruma de golpe el tamaño de la polla cuando me llena: me están follando por los tres agujeros.
—Una última adivinanza —dice Pan, y se hunde más en mi culo—. ¿Qué polla está en tu boca y cuál en tu coño? Piénsatelo bien. Si te equivocas, no dejaremos que te corras otra vez.
Gimo mientras me follan la boca; noto palpitar sobre mi lengua el glande de la gruesa polla.
No puedo pensar con claridad. De hecho, quiero dejar la mente en blanco. Solo quiero sentir. Quiero perderme en el placer.
—Vamos.
Pan sale de mí y yo gimo con la polla aún en la boca, solo para que también me abandone.
Jadeo. Tomo aire con fuerza.
—Bash está en mi coño —respondo, y él gruñe y me penetra hasta el fondo.
—Joder que si lo estoy —dice él.
—Vane me está follando la boca.
Me quitan la venda.
Bash me sonríe, hundido del todo en mí.
Vane me agarra unos mechones de pelo y me obliga a mirarlo.
—Eres muy buena putita, Win —dice—. Ahora deja que me folle esa boquita tan bonita que tienes hasta correrme por toda tu garganta.
Se me escapa un gritito de emoción y él vuelve a buscarme los labios.
Pan y Bash sincronizan el ritmo y Vane me folla la boca.
—Kas —dice Pan—, haz que se corra, una y otra y otra vez, hasta que le tiemblen las piernas.
Varios zarcillos de enredadera me rodean los muslos, se deslizan hacia el clítoris y empiezan a jugar con mi centro hinchado.
Kas está a mi lado, obrando su magia fae, con el lubricante feérico en la mano.
Deja caer varias gotas sobre mi pecho y el lubricante se desliza por mis pezones y me arranca un gemido desde lo más hondo.
Caen más gotas sobre mi vientre, Kas las desliza hacia abajo y me pasa los dedos por el clítoris.
Vuelvo a gemir y Vane sisea mientras me folla la boca cada vez más duro, hasta que se corre en mi lengua y me la llena de tanto líquido que se me derrama por la boca y la barbilla.
Los dedos de Kas se unen a la enredadera y me follan el clítoris, empapado de mi propia humedad y del lubricante.
Aunque lo intentara, no podría contenerme.
El orgasmo me golpea con la fuerza de un vendaval. Me sacudo, las cuerdas crujen y Vane me tira del pelo para asegurarse de que me trago su corrida.
—Mi polla está bien apretada dentro de tu coño —dice Bash—. Joder, Darling.
Tal y como estoy, el cuerpo solo quiere encogerse sobre sí mismo y disfrutar del orgasmo, pero me obligan a permanecer abierta, a disfrutar sin esconderme.
Bash me hace botar sobre su polla cuando Vane sale de mí y me cubre la barbilla de semen.
—Joder, sí —dice Bash, y se corre.
Aunque estoy atada a los postes, es como si estuviera volando, como si hubiera abandonado mi cuerpo.
—Otra vez —ordena Pan, y Kas deja que las enredaderas se desmadren sobre mi clítoris.
Estoy tan sobreexcitada que me arden todos los nervios y el placer se mezcla con el dolor.
Con las manos en mis caderas, Pan me inclina hacia delante para poder penetrarme más hondo.
Cierro los ojos y solo veo estrellas blancas. Cada nervio de mi cuerpo está vivo. Cada músculo se estremece de placer.
Me palpita el clítoris a la vez que otra oleada de placer amenaza con explotar.
—Córrete para mí, Darling —dice Pan—. Córrete mientras te lleno el culo.
Sus palabras bastan para que la oleada me envuelva.
Grito y Pan empuja hacia delante; gime contra mí mientras se corre.
Me tenso y respiro a través del placer y el dolor, e intento volver a sentir mi cuerpo. No quiero perderme ni un segundo de esto.
Respiro con dificultad, sudando, llena de semen, mientras Pan me embiste una última vez y su cuerpo cubre el mío.
—Esto ha sido una pasada —dice Bash debajo de mí.
Pan se aleja dando tumbos.
—Desatadla.
Me dejo colgar de las cuerdas y Bash y Kas deshacen los nudos. Es Vane quien me sujeta y me levanta; me acuna entre los brazos.
—Eres una puta preciosidad cuando te follan, Win —dice, y la voz le retumba contra mí.
Me lleva arriba y arriba hasta dejarme sobre la gran cama de la tarima más alta.
Bash sube unos segundos después con un paño húmedo y caliente.
—Abre, Darling —dice, y me limpia con dulzura.
Kas llega a continuación con un vaso de agua fresca y me obliga a bebérmelo.
Peter Pan es el último y me tiende una camiseta demasiado grande para mí. Parece medio decolorada por el sol, pero huele a él, a sol y a estrellas al mismo tiempo.
—Levanta los brazos —me dice, y no se lo discuto.
Me pone la camiseta y me la ajusta al cuerpo; deja que la tela sobrante se me amontone en los muslos.
Puede que nos estemos enfrentando al peor enemigo que hemos tenido, pero todo eso pasa a un segundo plano cuando los tengo conmigo, aquí y ahora, mimándome después de follarme salvajemente.
Bash ahueca las almohadas y retira la manta.
Pan es el primero en meterse en la cama y tira de mí para que me acurruque a su costado. Bash va después: me pone las piernas sobre su regazo y me envuelve con la manta. Vane y Kas se recuestan al otro lado de la cama; comparten un cigarro y un vaso con algo oscuro.
Me siento embriagada de felicidad, con el cuerpo agotado pero relajado.
—¿Estás cansada, Darling? —pregunta Pan a mi espalda.
Me acaricia el pelo con los dedos y la sensación me deja un cosquilleo en la cabeza.
—Puede que un poco —digo, y bostezo.
Vane me observa a través de una voluta de humo, da una calada onda al cigarro y luego se lo tiende a Kas.
—Duerme un poco, Win.
—No me abandonéis —les digo.
—Pues claro que no —dice Bash mientras me masajea las pantorrillas.
No tardo mucho en quedarme dormida.