Los príncipes fae (Crueles Niños Perdidos 4) 7
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Kas

Nani coleccionaba cosas y personajes interesantes. Cuando yo era niño, conoció en Puerto Darlington a un joven llamado Lafayette a quien enseguida tomó como su protegido e hizo que se quedara en palacio.

Por cosas del destino o por pura determinación, el chico, tras cruzar el reino mortal, llegó a las Siete Islas en uno de los muchos barcos desviados de su rumbo. Nunca Jamás fue su tercera isla, y le dijo a Nani que de momento era su favorita.

En teoría era uno de los protegidos de George Washington y, al igual que él, se consideraba un estoico. Una de sus frases favoritas era amor fati : « amor al destino».

Su barco se había desviado, el chico había abandonado su mundo y había acabado atrapado en otro y, aun así, se lo tomó como una gran aventura.

« Amor al destino » .

A veces pienso en esas palabras.

Basta una decisión. En el momento puede parecer insignificante e intrascendente, pero esa decisión banal puede cambiar el rumbo de las cosas.

¿Qué habría pasado con nuestras vidas si Pan nunca hubiera matado a mi madre?

¿Y si no hubiéramos matado a nuestro padre para proteger a nuestra hermana y nuestro derecho al trono?

¿Y si anoche , en vez de acostarme en el lado izquierdo de la cama, hubiera dormido en la hamaca?

¿Habría sido el primero en ver a madre en vez de Pan?

¿Y si nuestra hermana no nos hubiera desterrado?

No puedo amar mi destino cuando estoy lleno de arrepentimientos y de «y si… ».

A Nani le encantaba decir que hay que aprender a soltar para llegar a tu destino. Sé que suena a dogma estoico: tan lleno de sabiduría que parece que fueras capaz de afrontar este mundo tan caótico.

Pero no puedo, Nani.

No puedo soltar si mi misión es proteger a Darling y a mi hermano y, joder, incluso a Pan y a Vane.

Pero, de alguna manera, regresar a la casa de mi infancia con el propósito de entrar en la cámara y robar mis alas me parece una traición. Prueba más que suficiente de que nuestra hermana no se equivocó al desterrarnos.

No se puede confiar en mí.

¿Podemos arreglarl o? ¿Cerrar la grieta que hay entre nosotros? ¿Puedo recuperar a mi hermanita?

Ojalá Nani estuviera aquí para guiarme. A veces nos decía que dejáramos de comportarnos como unos imbéciles e hiciéramos lo que había que hacer.

Pero en otras ocasiones nos sentaba y nos obligaba a trenzar hierba dulce mientras nos contaba viejas historias o mitos sobre los dioses.

A Bash le encantaba la del arrendajo azul, el dios del engaño, y Asteria, la diosa de las estrellas fugaces.

A mí me gustaban todas porque me encantaba oír a Nani contarlas.

Ahora me vendría bien un poco de esa sabiduría. Aunque me conformaría con tenerla delante, aunque fuera en silencio.

«Me voy a la tumba de Nani», le digo a Bash.

Me frunce el ceño; hace bastante tiempo desde la última vez que fuimos.

«Voy contigo», dice , y asiente.

—Vamos a dar una vuelta para despejar la mente —les digo a Winnie y a Vane.

—No os acerquéis demasiado al territorio fae —nos advierte Vane.

Como si fuéramos a arriesgarnos a toparnos con Campanilla.

Solo pensar que nuestra madre ha regresado de entre los muertos me provoca un escalofrío por la espalda.

Mi hermano y yo salimos de la casa del árbol en silencio.

Nos abrimos paso por el bosque, por nuestros caminos favoritos, los que normalmente reservamos para correr.

Nuestros pasos son firmes, pero tampoco vamos con prisas.

Después de todo, vamos a ver a una mujer muerta; no creo que vaya a moverse.

Al salir del territorio de Pan aumenta la sensación de peligro y el corazón me late más rápido; lo noto bajo las costillas. Nani está enterrada en el cementerio reservado al linaje real, así que no hay motivo para preocuparse por encontrarnos con alguien.

Aun así, sigo alerta.

Cuando llegamos a la frontera entre el bosque y el campo, Bash y yo nos detenemos.

La nieve cae en lentos copos que cubren el cementerio con un manto blanco. Ninguno de los dos llevamos la ropa adecuada para el frío, solo unas camisetas y unos pantalones que nos pusimos a toda prisa antes de salir, pero el frío aún no me ha calado.

Creo que estoy ardiendo de ira y frustración. Aunque estoy seguro de que el alcohol también ayuda.

Doy un paso y la nieve se derrite bajo mi pie, dejando una huella perfecta.

Bash me pone una mano en el antebrazo y me detiene.

Hace un gesto con la cabeza hacia la montañosa tierra. Hay varias lápidas, muchas de ellas con nombres y símbolos tallados en piedra bruta. Decoran el paisaje en varias filas, así que al principio no logro ver la figura que hay al final, donde está la tumba de Nani.

Miro a mi gemelo.

La figura tiene alas color concha de abulón.

Es nuestra querida hermana.

«¿Nos atrevemos?», le pregunto a mi gemelo.

Mi hermano recorre el terreno con la mirada. Yo me centro en el cielo. La nieve dificulta la visión a distancia, pero el mundo está en silencio y no oigo ningún aleteo.

Bash asiente y da un paso conmigo.

Abandonamos la seguridad del bosque y subimos por la colina. No hay ninguna verja. Ninguna señal delimita el cementerio de los fae. Solo unas hileras de lápidas que honran a los muertos.

Los miembros de la realeza más antiguos están enterrados cerca del bosque, donde la tierra es más llana y resulta más fácil delimitar las parcelas.

Cuanto más nos adentramos en el cementerio, más reciente se vuelve, y más oigo el murmullo del Río Misterioso al otro lado de las colinas.

Bash y yo pasábamos tardes enteras flotando río abajo hasta llegar al palacio fae, con la piel arrugada y la cara quemada por el sol.

Los fae que trabajaban en la enfermería crearon un bálsamo para protegernos, pero nunca lo usamos.

Y cuando regresábamos a casa abrasados, Nani nos golpeaba con su cuchara de madera favorita.

El viento arrecia, haciendo los copos girar a nuestro alrededor mientras subimos por la llana colina y finalmente llegamos a las tumbas de nuestros antepasados más cercanos.

Tilly está de espaldas a nosotros, pero sé que nos siente.

Está frente a la tumba de Nani, con las manos colgando a los lados. No lleva las galas de siempre. Sin joyas ni corona. Es solo una chica con el pelo suelto que llora a una abuela muerta hace tiempo, con una capa abrochada al cuello y una larga cola que ondea al compás del viento.

¿Por dónde coño empiezas cuando hay tanto que decir?

—¿Qué has hecho, Til? —pregunto.

Hunde los hombros y se gira hacia nosotros. No hay duda de que ha estado llorando. Aún tiene las mejillas húmedas y los ojos rojos, pero contiene las lágrimas, aunque le hacen brillar los ojos.

Coge aire.

—Hice lo que había que hacer.

No le tiembla la voz. No hay duda ni resistencia. Pero conozco a mi hermanita. Ella también aprendió el estoicismo de Nani, pero Tilly siempre ha ido un paso más allá hasta convertirse en la personificación de esas palabras.

Si no expresa ningún sentimiento y utiliza su determinación como una coraza, será más fuerte. Nadie podrá hacerle daño.

Debe de sentirse tan sola…

Me rompe el corazón.

Bash y yo hicimos lo que creíamos que debíamos hacer para proteger a Tilly, pero creo que solo conseguimos volverla aún más vulnerable.

Había mejores maneras de cuidar de ella. Estábamos demasiado cegados por nuestros propios intereses como para verlo.

—¿Cómo has hecho que regrese? —Bash se separa de mí y rodea la sepultura de nuestra familia.

Conozco sus intenciones. Está acorralando a Tilly para tener mejor visión del campo, por si alguien decide tendernos una emboscada.

Tilly endereza los hombros, agarra un trozo de su capa y se recoloca la gruesa tela para no tropezar.

Bien jugado, hermanita.

—Le hice una ofrenda a la laguna —admite con el mentón en alto.

Bash y yo nos miramos a través del terreno que nos separa. No necesitamos decir nada para saber qué piensa el otro.

Esta noticia no me sorprende; su estupidez, sí. Después de todo, nuestro padre estaba a las puertas de la muerte cuando lo matamos porque acudió a la laguna en busca de venganza.

—¿Qué le has dado? —le pregunto mientras examino lo poco que puedo ver de ella.

¿Se habrá cortado un brazo? No. ¿Un dedo? ¿Algo que no alcanzo a ver?

Se me revuelve el estómago solo de imaginar a mi hermana renunciando a algo importante para resucitar a nuestra retorcida madre.

—¿Qué le pediste? —pregunta Bash mientras rodea la tumba de Nani.

Tilly se remueve bajo la capa y da un paso atrás para impedir que él se le ponga detrás . Aprieta los dientes y tensa la mandíbula.

—Una manera de derrotar de una vez por todas a Peter Pan.

Finalmente, el frío cala en mí y me estremezco.

Creo que ahora Peter Pan tiene muchas debilidades, y Darling es la mayor. Luego Vane. Puede que hasta Bash y yo.

Esas debilidades son un camino directo a su escudo.

Pero creo que mi madre también es una de sus debilidades. Una debilidad algo diferente.

Fue la hoja que siempre cortaba cuando él necesitaba hacer sangrar a alguien.

Ahora esa hoja se ha vuelto contra él, y no sé si él sabe esquivar el filo.

Siempre ha habido una pequeña parte de mí que cree que pronunciar las palabras que nunca deberían decirse a un hada fue una manera cobarde de matar a mi madre. Lo hizo porque era la única manera de herirla sin herirse a sí mismo por el camino.

Campanilla también es la debilidad de Peter Pan porque, en el fondo, su traici ó n es una de sus heridas más profundas. Una que aún no ha cicatrizado.

Cuando su propia arma se volvió contra él, le rompió el corazón.

Pan finge no tener corazón, pero sé que amaba a mi madre cuando aún era fácil quererla. Puede que incluso fuera su primer amor. Un amor que dio libremente al salir de la laguna: un niño sin nombre, sin historia y sin madre.

Campanilla y Pan vivieron años y años de amor hasta que se dieron cuenta de que eran dos amores diferentes.

Y ya no hubo vuelta atrás. Tampoco ahora la hay.

La pregunta es: ¿por qué coño le ha dado la laguna a Tilly lo que pedía, con lo que ama a Pan? ¿Si literalmente lo trajo al mundo? No tiene sentido.