Los príncipes fae (Crueles Niños Perdidos 4) 5
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Peter Pan

No consigo quitarme de la cabeza las palabras de Campanilla.

«Todo el tiempo que he pasado ahí abajo con los espíritus de la laguna me ha servido para oír varias curiosidades sobre mitos y hombres … y hombres que se creen mitos».

Hombres que se creen mitos.

Lo decía por mí. Sé que se refería a mí. ¿Qué quería decir? ¿Que no soy quien creo ser?

Fuera del ático, la nieve sigue cayendo de las densas y oscuras nubes, y un frío innegable invade el aire.

Pensaba que este problema estaba solucionado.

Al recuperar la sombra, se suponía que todo se arreglaría, incluida Nunca Jamás. Pero la isla vuelve a parecer distante. Más silenciosa de lo que me gustaría.

¿Por qué coño está nevando?

¿Por qué la isla ha traído a Campanilla de vuelta?

Hay más palabras que no consigo sacarme de la cabeza.

«Rey de Nunca Jamás ».

«Rey de Nunca Jamás ».

«La luz te hemos regalado, pero en la oscuridad estás atrapado».

«¿Nos escuchas ahora, rey de Nunca Jamás?».

Entonces pensé que los espíritus de la laguna me advertían por mi afición a la violencia y la crueldad. Que no podía seguir así, tan insensible y frío.

Darling era mi luz. O eso creía.

Entonces, ¿por qué coño Nunca Jamás está a oscuras? ¿Por qué se siente tan lejana?

A mi espalda, Darling me llama, pero el ruido en mis oídos bloquea su voz.

«Hombres que se creen mitos».

—¿Peter?

Salgo de mi ensimismamiento.

—No me llames así.

Darling frunce el ceño.

—¿Por tu nombre?

Me giro hacia la ventana y observo cómo unos copos de nieve atrapados en una corriente de aire forman un remolino.

—Campanilla me llama Peter.

Puede que lleve en Nunca Jamás más tiempo que Campanilla, pero su regreso me ha convertido de algún modo en un niño. Me siento desnudo y vulnerable.

Darling me apoya una mano en el antebrazo y me recorre un escalofrío. No por el frío, sino por el contraste con su calidez.

—Entonces serás solo Pan.

Vuelvo a tragar. Tengo la boca seca. Necesito un trago.

¿Qué intenta ba decirme la laguna? ¿Querían los espíritus advertirme de que esto pasaría? ¿No supe ver las señales porque era demasiado arrogante para escucharlos?

El regreso de Campanilla es otro toque de atención.

—Vamos a averiguar qué está pasando —dice Darling—. Si nos mantenemos unidos y…

Los gemelos discuten con Vane otra vez, tratando de decidir qué hacer, cómo abordar el problema.

Cada día surge algo nuevo. ¿Cuándo descansaremos?

—No vamos a ir al palacio —dice Vane.

—Sí que vamos a ir. —Me giro hacia ellos.

Darling me suelta y de repente el frío me cala.

—¿Qué coño te pasa en la cabeza? —pregunta Vane.

Cuando lo miro a los ojos, solo veo preocupación. Pero ya no es solo por mí. Está preocupado por Darling. Teme que yo me haya vuelto loco y que vaya a ponerla en peligro a ella también. Puede que tenga razón. Tal vez no sepa qué estoy haciendo.

Pero también sé que no puedo quedarme de brazos cruzados.

La última vez no actué, y Campanilla mató a la Darling original.

Y por eso estamos en esta situación, porque no hice nada.

—Vamos a ir al palacio —le digo con voz firme. No voy a permitir que me lo discuta—. Si no acudimos, pareceremos débiles. Y conozco a Campanilla mejor que ninguno de vosotros. Si la ignoramos, solo conseguiremos que se vuelva más cruel.

—Ir al palacio nos pone a todos en peligro.

—Vane señala a Darling—. Ella es nuestra debilidad, y esa puta hada lo sabe.

La utilizará contra nosotros. Puede que no lo haga de manera violenta.

Ni siquiera de manera obvia. Pero, de alguna manera u otra, nos dividirá y correremos el riesgo de perder a Darling.

Y si esa hada le pone una mano encima a Win, juro por la putísima…

—Lo sé. —Lo corto porque sé a dónde quiere llegar, y no quiero ni pensarlo. Pensar en ello hará que el aire se me escape de los pulmones y que se me contraiga el corazón hasta estallar.

Vane tiene razón: Darling es nuestra debilidad y Campanilla lo sabe.

Pero no va a hacerle daño delante de nosotros. Campanilla juega en las sombras. Es el típico enemigo que siente una retorcida satisfacción al hacernos adivinar dónde y cuándo atacará con la daga.

¿Dónde está la diversión si l a vemos venir?

—Vamos a ir al palacio —repito, y me dirijo hacia el vestíbulo—.

Vamos a aceptar la invitación para así calmar la agresividad de Campanilla.

Fingiremos que hemos hecho las paces porque, al menos así, conseguiremos las alas de los gemelos con más facilidad.

Y si no las conseguimos por las buenas, estaremos en buena posición para hacerlo por las malas.

Al llegar a la entrada del vestíbulo, me detengo y me giro hacia ellos. Los gemelos están en la barra compartiendo una copa. Vane está a unos pasos, más cerca de Darling que los demás.

Lo envidio.

Los envidio a todos.

Kas tiene a Bash. Vane tiene a Darling.

Hace mucho, mucho tiempo, yo tenía a Campanilla.

Es en momentos como este cuando los recuerdos salen a la superficie. He olvidado casi todos mis recuerdos, o los he enterrado. No quería recordar a la Darling original, y pensar en Campanilla solo me traía culpa y arrepentimiento.

De repente la oigo reírse y la veo vadear las aguas someras de la laguna con las alas resplandeciéndole a la espalda.

—¿Puedo ser tu hada, Peter? —me pregunt ó .

—Sabes que no puedes ser mi hada, Campanilla, porque yo soy un caballero y tú eres un hada común.

—Eres un idiota. —Se echó a reír y me salpicó de agua.

Cuando los recuerdos afloran, siempre vienen seguidos de dolor.

Desde que tengo uso de razón, Campanilla había sido siempre mi mejor amiga.

Y si mi mejor amiga podía traicionarme…

—Nos vamos al palacio —les digo—. Os quiero listos justo antes de la puesta de sol.

Y luego los dejo solos, para que puedan discutir si, efectivamente, soy un idiota.