Los príncipes fae (Crueles Niños Perdidos 4) 4
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Bash

Cuando la veo marcharse, me arden los ojos. A mi lado, mi gemelo está inmóvil. No podemos apartar la mirada.

«¿Es real?», pregunta Kas.

«Si no lo es, es la mejor ilusión que he visto en mi vida».

¿Nuestra querida hermana sería capaz de rebajarse tanto? ¿ De engañarnos con un espejismo de nuestra propia madre?

El corazón me va a mil y me tiemblan las manos. No puedo ignorar el peso que noto sobre el esternón, que me incita a hacer algo . Pero ¿el qué? ¿Qué mierdas se supone que tenemos que hacer con todo esto?

Si ella es real, ¿cómo es posible? ¿Cómo ha vuelto?

No sé si estoy cabreado, triste, resentido, impresionado… o a lo mejor siento todas estas cosas a la vez. Tal vez mis emociones sean como un cuenco de sopa de Nani, hecha con todas las verduras que sobraron de la cosecha; troceadas, hechas puré y removidas una y otra vez.

Nani odiaba a nuestra madre. En aquel entonces pensaba que era normal que las madres y las abuelas no se llevaran bien.

Después de todo, se suponía que ambas amaban a mi padre, y luchar por el afecto y la atención del rey no me parecía que fuera extraño.

Pero ahora me doy cuenta de que Nani odiaba a Campanilla porque mi madre era una zorra sin corazón.

Nani odiaba a Campanilla porque Campanilla no amaba a mi padre, sino que lo utilizaba.

¿Siempre fue así? A veces me pregunto cómo era mi madre antes de perder a Peter Pan y de que se le fuera la puta cabeza.

Y ahora…

Cuando el brillo dorado de Campanilla se desvanece en la distancia, me giro hacia Pan.

Sigue con la mirada fija en el mismo punto, pero tiene la atención mucho más lejos.

Un dolor visceral se le refleja en las finas líneas alrededor de los ojos.

Puede que madre odiara a casi todo el mundo, y puede que diera amor con la misma facilidad con que sangran las piedras, pero siempre hubo alguien que la hacía parecer que tenía corazón.

Una pequeña parte de mí siempre lo envidió por eso. ¿Qué tenía él que no tuviéramos nosotros, que éramos de su propia sangre? Kas, Tilly y yo no éramos más que peones en sus juegos. Nos movía siempre a su conveniencia.

Pero Peter Pan… Si nosotros éramos sus piezas, él era el premio.

Y ahora que está viva, ¿qué significa él para ella? Sobre todo teniendo en cuenta que la mató.

Esto es malo. Muy malo.

¿Qué coño está haciendo la laguna y por qué cojones lo hace?

Primero Balder y luego Campanilla.

Vuelvo por las escaleras, entro en la casa y cruzo el ático.

Me detengo en la barra y cojo la botella de whisky que tengo más cerca.

Es una mezcla con manzanas del mundo mortal, con la etiqueta verde y el tapón dorado.

No es la mejor bebida, pero servirá. Le doy la vuelta a un vaso, sirvo dos dedos y me lo bebo.

Lo primero que siento es cómo la dulzura me baña la lengua y después el ardor me baja por la garganta. Cuando el alcohol se me asienta en el estómago, por fin distingo la maraña de emociones.

En especial la ira.

En ese momento Kas se une a mí.

—Sírveme uno a mí también.

Le tiendo un vaso lleno. Se lo bebe de un trago y exhala un suspiro, pasándose el dorso de la mano por la boca.

—¿Qué mierdas es esto?

Winnie y Vane también se unen a nosotros y, por último, llega Peter Pan.

Tiene pinta de haber visto un fantasma, un fantasma que está vivito y coleando.

Todo está a punto de cambiar. Y cuando digo todo, es todo .

Me cago en la puta.

—Está claro que es una trampa —dice Vane, y me hace un gesto con los dedos para que también le sirva un trago.

Coloco varios vasos en línea sobre la barra y los lleno.

—Por supuesto que es una trampa —respondo, y le doy el suyo.

Se bebe la mitad. Tiene el pelo hecho un desastre; varios mechones oscuros le caen por la frente y por los ojos.

Aunque haya perdido la sombra tenebrosa de Isla Tenebrosa y ahora tenga la de Nunca Jamás, aún le reluce la vieja cicatriz de la sombra de Isla Tenebrosa: tres profundos cortes sobre el ojo derecho, que está completamente negro.

Puede que aún tenga las cicatrices, pero él ha cambiado. Aunque no sabría decir en qué. Ni qué significa eso para nosotros.

Ahora comparte algo con Darling que el resto no, y aún no estoy seguro de si se le ha subido a la cabeza. De todas maneras, siempre ha sido un gilipollas arrogante. Es posible que ni siquiera note si se vuelve aún más gilipollas.

Darling se ha quedado de pie en el límite de la habitación con los brazos cruzados sobre el pecho. Aún no ha dicho gran cosa. ¿Qué cojones se puede decir en esta situación? Mi madre mató a su antepasada porque amaba a Peter Pan.

Darling ama a Peter Pan.

Y yo amo a Darling, igual que mi hermano.

Campanilla tiene que desaparecer. Seguramente ya esté ideando un plan. Puede que esté en el palacio…

—Mierda —suelto—. Tilly.

Kas clava en mí su oscura mirada, entrecierra los ojos y cruza los brazos como Darling.

Si tuviera que compararnos, diría que ellos dos son los que más se parecen.

Por una parte, son amables, dulces y encantadores.

Por otra, despiadados, crueles y mezquinos.

Mi gemelo puede llegar a ser muy cruel, pero prefiere mostrarse encantador para salirse con la suya.

«Nuestra querida madre va a engatusar a Tilly», le digo a Kas en nuestro idioma fae.

Llevamos mucho tiempo luchando contra nuestra hermana, la reina fae, pero que lo primero que se me haya ocurrido sea salvarla de nuestra madre dice mucho de lo que siento por ella.

Nuestra hermanita no es rival para Campanilla. Nunca lo ha sido. Pero ¿nuestra hermana acudiría a nosotros por voluntad propia? ¿O tendremos que sacarla a rastras del palacio?

«Es por tu propio bien», le diríamos. Con el tiempo, ¿nos creería? Matamos a nuestro padre por el mismo motivo y, bueno… , aquí estamos.

Campanilla ha dicho que le ha pedido a Tilly que revoque nuestro destierro y nos devuelva las alas.

¿Buenas intenciones? Ja. Y una mierda.

Kas y yo queremos recuperar nuestras alas. Es casi lo que más queremos.

¿Más que a la Darling?

«Sé lo que estás pensando», dice Kas.

«No, no tienes ni idea», replico.

¿Acaso sé yo lo que estoy pensando?

La tentación es una maldición.

Kas y yo somos los únicos de esta habitación sin sombra y sin alas. Estamos anclados al suelo, y lo único que queremos es alzar el puto vuelo.

—Si habláis, hacedlo en voz alta, príncipes —dice Vane, y apura su vaso. Cuando lo deja a un lado, le reluce el ojo negro—. No es momento de guardarse secretos.

Kas suspira y se apoya en la barra.

—Queremos recuperar nuestras alas.

—Ella está mintiendo. —Pan da un paso hacia el interior de la habitación—.

Siempre se me ha dado bien leer a Campanilla.

Me resulta más fácil que con cualquier otro.

Y miente. No le ha pedido a vuestra hermana que os las devuelva.

De hecho, me apuesto lo que queráis a que ni siquiera ha consultado con Tilly si le parece bien que regreséis a la corte.

—Siguen tentándonos con la zanahoria delante de las narices —dice mi gemelo—. Estoy empezando a estar hasta los putos huevos.

—Lo sé. —Pan se pasa una mano por el pelo y empieza a deambular por el ático. Sus pasos son lentos, pero deliberados.

—¿Qué estás pensando? —le pregunto.

—Nunca os he preguntado… ¿dónde están vuestras alas? ¿Cómo podéis recuperarlas? —nos dice dándonos la espalda.

Kas y yo intercambiamos una mirada. Nani nos inculcó la firme creencia de que nadie que no sea un fae tiene derecho a conocer nuestras costumbres. Pero Peter Pan es tan de Nunca Jamás como nosotros y, además, estamos desterrados, así que no estoy seguro de si la norma se nos sigue aplicando.

—Por norma general —empiezo—, si un fae con la habilidad de volar pierde las alas como castigo por un crimen, se queman. Pero el linaje real está exento de ese castigo, así que las alas se guardan en una cámara, dentro de una vasija mágica. Lo que no sabemos es en cuál las escondió nuestra hermana.

—Para recuperarlas solo necesitamos que alguien nos entregue el recipiente. Ese acto liberará la magia de la cámara y nos permitirá recuperarlas —continúa Kas, separándose de la barra.

—¿Cuándo fue la última vez que estuvisteis en la cámara? —pregunta Pan por encima del hombro.

—Hace muchos años —respondo.

—¿Cómo de difícil sería encontrar la vasija?

Cuando llega al Árbol de Nunca Jamás se gira hacia nosotros. Los periquitos están callados esta mañana, pero los duendecillos no paran de parpadear e inundan las sombrías ramas de una tenue luz dorada.

—La cámara es inmensa —respondo.

—Y está llena a rebosar —añade Kas.

—Pero no sería imposible —digo—. Si nos acercáramos, podríamos sentirla.

—¿Qué propones? —Vane se acerca a Pan—. ¿Allanar el palacio fae y su cámara y robar las alas?

¿ Unas alas guardadas en una vasija mágica que no tenemos ni idea de cómo encontrar, mientras toda la corte fae nos pisa los talones, encabezada por una insignificante reina fae y su malvada madre recién resucitada?

Pan observa a Vane un momento y luego se lleva un cigarro a la boca y hace girar la rueda del mechero. Acerca la llama al cigarro, le da una calada y apaga el mechero. La honda calada hace que las ascuas ardan con fuerza mientras siguen mirándose.

—Eso mismo —dice Pan tras expulsar el humo.

Vane se da la vuelta.

—Me cago en la puta.

—Aunque recuperemos nuestras alas —dice Kas—, mi madre y Tilly seguirán siendo un problema.

Pan da otra calada y la ceniza se desprende del cigarro y cae en espiral sobre el suelo de madera. Ahora mismo soy incapaz de leerlo. Tampoco es que suela ser fácil de leer. Pero en este momento daría lo que fuera por que mostrara alguna emoción.

—Os prometí que os ayudaría a recuperarlas —dice—. Y voy a cumplir esa promesa. Campanilla sabe que es vuestra única motivación y, aunque sé que habéis escogido un bando, el mío, también sé qué haría yo en vuestro lugar.

—¿Estás insinuando que escogeríamos a nuestra madre zombi y las alas por encima de ti? —pregunta Kas.

—¿Estás insinuando que vas a renunciar a tus alas? —responde Pan.

Kas hace una mueca y desvía la mirada.