Los pioneros (Los australianos 12) Capítulo 5 #4
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Capítulo 5 #4

—Lamento mucho lo de tu hermano, Jamie. Debe de ser un golpe muy duro. Y pienso en lo mucho que estabas deseando verlo.

—Lo han asesinado. A Rob lo han asesinado —añadió Jamie con ira—. Unos malditos convictos. A él y a un amigo suyo, cerca de un lugar llamado Bathurst.

—Sí —dijo Tom—, me lo acaba de contar el mayor Dumaresq. Pero habrán atrapado a los hombres que lo mataron, ¿o no?

—Eso parece, solo que el gobernador no me ha dicho mucho. Él… —Jamie sentía un nudo en el estómago—. No ha contado toda la historia. Y no estoy seguro de querer oírla, excepto… Vaya, quizá tenga que hacerlo por Rob. Está enterrado en el cementerio de Bathurst, según me ha dicho el gobernador.

Red Broome se puso a caminar a su lado.

—Mi abuela también está enterrada allí —comentó—.

Y, Willoughby, si quieres saber toda la historia de la muerte de tu hermano, el hombre que puede contártela es el señor Rick Tempest. Era teniente de la marina y vino aquí a establecerse después de la guerra americana.

Fue en sus tierras, a unas doce millas de Bathurst, en el río Macquarie, donde encontraron el cuerpo de tu hermano.

Jamie se volvió con incertidumbre.

—¿Cómo podría encontrarlo? ¿Tendría que ir a Bathurst para hablar con él? Porque, como sabes, zarparemos pronto. Puede que no me concedan el permiso.

—No —sonrió Broome—. Da la casualidad de que está en Sídney.

Ha venido para el parto de su esposa, según me dijo mi madre.

Lo encontrarás en aquella casa, esa de allí, la de dos pisos, la que tiene un gran jardín y vistas a la ensenada, ¿la ves?

—Señalaba con el dedo—. Allí vive su hermana, la esposa de Timothy Dawson.

Dale un día o dos, pues acaba de llegar.

Entonces podré llevarte y presentarte. Eso es, claro está, en caso de que quieras entrevistarte con él.

Jamie dudó. Se preguntaba si de verdad quería saber más o si era mejor dejar las cosas como estaban.

Saberlo no devolvería la vida a Rob, además de que sus asesinos habían sido capturados y castigados, según le había dicho el gobernador.

Recordó la última vez que vio a Rob. Evocó con dolor las acusaciones de su padre, lo que su hermano había hecho y las palabras mordaces y despectivas del viejo: «Has deshonrado el nombre de nuestra familia —había espetado el almirante a su primogénito—.

Cuatro generaciones de Willoughby han sido tus predecesores en el servicio del rey.

Has tenido el ejemplo de una larga estirpe de hombres valientes, ninguno de los cuales abandonó jamás el servicio, salvo por muerte o jubilación honorable.

Te puse el nombre de Robert Horatio en el supuesto de que tú, a tu vez, honrarías a uno de los más grandes almirantes de Inglaterra.

Pero me has hecho lamentarlo con amargura».

Jamie pensó que, quizás, con la forma de su muerte, el pobre Rob había demostrado que su padre se equivocaba. Tal vez esa muerte lo había redimido.

—Hubo un duelo —continuó Red Broome en voz baja—. Tu hermano se batió en duelo con un holandés llamado Van Buren unas horas antes de que lo mataran los fugitivos. Lo sé porque salió a relucir en el juicio, y yo oí a mis padres hablar de ello, aunque no conozco los detalles.

Esa era una advertencia, pensó Jamie. Levantó la cabeza y se puso tenso.

—Quiero hacer esas preguntas, Red —afirmó—, y saber la verdad. Te agradecería que me presentaras al señor Tempest.

Vio que Tom Keppel abría los ojos y lo agarraba del brazo.

—¿Qué pasa, Tom?

Su compañero guardiamarina estaba señalando el Warspite, anclado en la ensenada.

—¡La bandera del comodoro, Jamie, la están arriando! Y mira… ¡El capitán Stirling viene hacia aquí en su chalupa! Debe de haber ocurrido algo grave.

Dos horas más tarde, a bordo del buque de Su Majestad Success, el capitán Stirling se dirigió a la tripulación reunida.

—Lamento mucho tener que informarlos de que el comodoro, sir James Brisbane, ha fallecido esta mañana a causa de la fiebre que contrajo durante la reciente campaña en Birmania.

El funeral tendrá lugar en el cementerio de la iglesia de la ciudad de Sídney el miércoles al mediodía.

El comodoro será enterrado con todos los honores militares.

—Dio instrucciones precisas y continuó—: En consecuencia, retrasaremos nuestra salida, pero no se concederán permisos para bajar a tierra hasta después del funeral.

El capitán Richard Dundas ha sido ascendido al mando del buque de Su Majestad Warspite, en tanto que el teniente Young pasará a comandar el buque de Su Majestad Volage.

El teniente Belcher, por su parte, será trasladado del Volage a este buque con el rango de tercer teniente.

Eso es todo. Puede dar a la tripulación la orden de romper filas, señor Young.

Abajo, en los camarotes de los guardiamarinas, Jamie estaba pensativo.

Nunca había visto a sir James Brisbane, pues el comodoro había permanecido confinado en su camarote por enfermedad desde la llegada del Warspite al puerto Jackson.

Así que no sentía ninguna aflicción. Pero contaba con que el retraso en la salida le daría tiempo para averiguar la verdad sobre la muerte del pobre Rob e incluso le permitiría visitar el lugar donde descansaban los restos de su hermano.

Se lo debía a Rob, se dijo a sí mismo. Era lo menos que podía hacer.