Los Pecados Del Conde (Serie "A La Caza De Un Noble" nº 2) Capítulo 7 #3
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Capítulo 7 #3

—Yo también lo siento. —Lo dijo de frente, sin la cortina habitual—. No pensé que estuvieras sintiéndote así de sola, y tendría que haberlo pensado porque era obvio.

—No quiero escuchar palabras —dijo ella, y le puso la mano sobre la boca antes de que pudiera seguir. Sus dedos contra sus labios, el contacto inesperado—. Solo quiero que me hagas olvidar hoy. Necesito sentirme querida, aunque no sea para siempre.

Él tomó su mano. La sostuvo contra su mejilla un momento. Luego la besó, en la palma, y sus ojos grises sobre el dorso de su mano la miraban de una manera que no tenía nada que ver con la distancia de las últimas semanas.

—Eres la mujer más extraordinaria que he conocido. —Lo dijo despacio, como si estuviera probando el peso de cada palabra—. No me he alejado porque no me importe. Me he alejado porque me importas demasiado para hacerlo bien.

La besó. No con la urgencia del primer beso de esa noche ni con la cuidadosa cortesía de los besos de salón: la besó con toda la atención que llevaba semanas guardando sin saber que la guardaba, y cuando ella respondió con una honestidad que no tenía nada de calculado, él pasó el brazo alrededor de su cintura y la acercó hasta que no quedó espacio entre ellos.

La llevó de la mano por un pasadizo entre los arbustos que ella no había descubierto todavía, una puerta disimulada en la pared del jardín que conectaba con el corredor interior, y subieron sin cruzarse con nadie, y la puerta de su habitación se cerró detrás de ellos.

La luz era la de la luna llena que entraba sin permiso por la ventana descorrida, plateada y directa, y hacía que la piel de ella pareciera mármol vivo cuando él le soltó el cabello y la cascada negra cayó sobre sus hombros.

La llevó a la cama.

Sus manos bajaron hasta la cintura para acercarla más a él y luego ella sintió como la llevaba hasta a la cama hasta que ella estuvo acostada y mirándolo a los ojos.

Sus labios tomaron nuevamente su boca y enseguida bajaron por la línea de la mandíbula y luego mordisquearon el lóbulo de su oreja.

Ella jadeó cuando sintió que lamía el punto sensible detrás de la oreja y bajaba por su cuello.

Lamió en el lugar donde su hombro se encontraba con su cuello y luego suavemente mordió, lo que la hizo gemir ruidosamente y después reírse.

Enganchó sus dedos en la parte superior de su camisola que era lo último que quedaba de su vestido y lo tiró hacia abajo para liberar sus pechos.

Estos se derramaron del vestido y fue su turno de gemir ante la vista.

La luz de la luna llena entraba a raudales por la ventana, dejando ver su hermoso cuerpo.

Su exquisita piel blanca como la leche se veía tan suave como la seda y él deseó tenerla en ese mismo instante.

Sus ojos le mostraron la intensidad de sus sentimientos.

Los labios de él, se cerraron sobre un pezón para chupar suavemente y mordisquearlo en su boca.

Estaba retorciéndose en la cama con necesidad cuando él fue por el otro pezón.

Ella sintió su lengua de nuevo, mientras lamía un sendero en el valle entre sus pechos y luego en la parte inferior de cada uno de ellos, antes de levantarse y volver a tomar sus labios de nuevo.

Sintió su mano mientras se elevaba por el interior de su muslo empujando la falda de su camisón hacia abajo y fuera del camino al mismo tiempo.

Trazó el camino de sus piernas hacia arriba, hasta llegar a ese secreto lugar que tanto placer le causaba y ella pudo sentir su mano empujando para separar mejor sus piernas.

Le dio el acceso que él quería y su mano se deslizó hasta sus pliegues empujando lentamente el pulgar contra su sexo, antes de hacer un movimiento circular que la hizo gemir aún más e impulsar sus caderas hacia arriba.

Su dedo se deslizó dentro de ella para empezar a empujar dentro y fuera de su cuerpo, casi acabando con su cordura por las sensaciones tan deliciosas que pasaban por su cuerpo.

Un poco después se apartó y ella gimió porque no quería separarse, entonces sintió que reemplazaba sus dedos por su miembro.

Lo sintió deslizarse dentro de ella lentamente como si tuviera cuidado de no dañarla y comenzó a moverse dentro de ella lentamente, escuchando sus gemidos de placer, viéndola echar la cabeza hacia atrás en total abandono sin importarle nada.

Angustias gritó con el éxtasis que atravesó su cuerpo y sintió que caía una y otra vez por un precipicio, debido a las sensaciones que causaban escalofríos por todo su cuerpo hasta que se agotó y se derrumbó en la cama.

Isaac se movió más y más rápido dentro de ella hasta que se estremeció con su liberación.

Después de eso, se acostó junto a su esposa, acariciándola suavemente, sorprendido por la intensidad de lo que acababa de suceder.

Pensó que solo pasaría la primera vez, pero su mujer, era como una droga para él y estar en la cama con ella, era cada vez mejor.

No te enamores, pensó ella, como todas las noches.

Y como todas las noches, llegó demasiado tarde.