Los Pecados Del Conde (Serie "A La Caza De Un Noble" nº 2) Capítulo 6 #3
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Capítulo 6 #3

Isaac al ver que ella llegaba a su clímax, la siguió estremeciéndose fuertemente, temblando, al tiempo que su miembro derramaba su semilla en ella. Con la respiración entrecortada cayó sobre ella agotado depositando pequeños besos en su cabello.

Un rato después él se acomodó mejor, trayéndola hacia su pecho y abrazándola.

— ¿Estás bien, amor?

—No lo sé…jamàs en mi vida me imaginé que pudiera ser tan intenso, tan maravilloso.

Todo el mundo habla de que es una obligación para tener hijos, pero no te dicen que es algo especial.

Él rozó su mejilla en una caricia—me temo que es algo de lo que las señoritas decentes no hablan.

Creo que son temas de mujeres casadas, pero debo ser sincero; no todos los matrimonios tienen algo especial.

Isaac estaba tan confundido como ella, pero en su caso, era por lo que le había hecho sentir.

No era hombre de acurrucarse con una mujer, de abrazarla, de hacerle el amor tiernamente, pero todo eso había salido de él de manera instintiva.

Se veía preciosa, con su boca hinchada por los besos y su cabello suelto, derramado sobre su pecho, sus ojos guardaban el brillo de la excitación y él quiso volverla a hacer suya, pero no quería ser un animal.

Ella debía estar adolorida y necesitaba descansar.

—Yo…no soy así—le dijo avergonzada.

— ¿Cómo?—el pareció confundido.

—Es que acabamos de hacer el amor y yo me he comportado como una…—no pudo decirlo—Ay Dios, tengo que confesarme—dijo aterrada—la lujuria es un pecado grave.

Isaac se echó a reír—eres la pecadora más hermosa que he visto en mi vida—la besó y luego la miró fijamente—lo que hemos hecho es lo más normal entre un hombre y una mujer, más si son esposos.

Ella sonrió al verlo feliz. Se veía tan joven cuando reía, que parecía otro. Le encantaba ese Isaac, no el otro que se la pasaba con cara de pocos amigos, el que era frío como un témpano y hasta sarcástico.

Isaac la presionó contra él abrazándola y ella se imaginó como serían las cosas si ella le permitiera a su corazón enamorarse y él se permitiera enamorarse también. Así se quedaron dormidos, mientras ella sonreía cayendo en un sueño profundo.

No te enamores, se dijo. No te enamores.

Se quedaron dormidos con el fuego bajando.

*****

La mañana llegó con una claridad fría que entraba por las rendijas de las cortinas y recordaba que noviembre en Essex era noviembre en Essex.

Angustias abrió los ojos.

Lo primero que vio fue el techo. Lo segundo fue el brazo de Isaac sobre su cintura. Lo tercero fue la memoria completa de la noche anterior, que llegó con todos sus detalles y en ningún orden particular.

Cerró los ojos.

Los volvió a abrir.

—No puede ser—colocó las manos en su cabeza—tanto vino fue el causante de que ella ser dejara llevar por sus pasiones.

Jamàs había sido una mujer de perder el control y ahora por culpa de ese error, podía estar embarazada en ese mismo instante.

Por un segundo recordó los besos de Isaac, sus caricias y su pasión llenaron su mente.

Había sido algo especial y ese había sido el problema.

Ella no quería que esos sentimientos llegaran a lo más profundo de su corazón.

—Buenos días —la voz de su esposo la sorprendió—Pensaba que seguías dormida

—Buenos días— respondió con un pequeño escalofrío al sentir que le daba un beso en el hombro.

Isaac la miró un momento, pensando en lo hermosa que se veía con su rostro sonrojado y su precioso su cabello negro derramado sobre la almohada— ¿estás bien?

— Si—le devolvió la mirada con ojos soñolientos. Se veía algo nerviosa.

—Hay algo que me...gustaría decirte—se expresó con dificultad porque no sabía cómo decirle—creo… que tal vez nos apresuramos.

Y con esas pocas palabras, ella acabó con la pequeña esperanza que empezaba a nacer en el corazón de él.

Cuando acababan de hacer el amor, Isaac se había quedado mirándola un buen rato mientras se quedaba dormida.

Pensó en que tal vez podrían hacer funcionar las cosas, si él se quitaba esa forma de pensar tan cerrada sobre las mujeres, si dejaba de lado su prevención y se daba una oportunidad con su esposa.

Tal vez las cosas serían mejores, pero entonces ella habló todos sus argumentos del porque no quería tener nada serio, ni permanente, salieron.

Comenzó a verle nuevamente sentido a su trato con ella, cuando dijeron que cada quien por su lado y metido en su vida y no en la del otro.

—Sí, Creo que tienes razón— le respondió.

— ¿No crees?— Ella no se esperaba esa respuesta.

— Bueno lo cierto es que estamos mejor separados. No quiero lastimarte, soy un hombre de muchos afectos y no puedo con sólo una mujer— se levantó de la cama y comenzó a vestirse.

— Compartimos un momento de pasión, pero yo tampoco creo que pueda ser tu esposa en todos los sentidos.

— Lo sé— trató de disimular su malestar— no somos afines para nada—tomó sus botas y se las puso actuando normal, pero ella veía que estaba molesto.

—Tengo que irme—cuando llegó a la puerta se dio la vuelta—tal vez no vuelva esta noche—y con eso, cerró la puerta y se marchó.

Angustias se quedó allí sin saber qué hacer y sintiéndose molesta por sus palabras. Que estúpido error— se dijo así misma.