Capítulo 6 #2
Llegaron tarde. El camino de regreso a la finca fue oscuro y tranquilo, y entre el vino de la cena y el calor del baile y el traqueteo del carruaje, Angustias se encontró apoyada en el hombro de su esposo sin haber tomado una decisión consciente al respecto.
Él no lo señaló. Solo pasó el brazo alrededor de ella con la naturalidad de alguien que ya ha hecho eso antes, y el carruaje siguió avanzando bajo los robles desnudos.
Isaac la acompañó hasta su habitación por el corredor del primer piso, con la vela que había tomado de la consola de la entrada. El corredor olía a cera y a madera fría, y el único sonido era el de sus pasos sobre el entarimado.
Se detuvieron frente a su puerta.
—Ha sido una buena noche —dijo ella.
—Sí. —La miró—. Eres muy buena con las personas, Angustias. Lo de la chica Ludlow. No cualquiera lo habría visto ni lo habría dicho.
Ella no respondió porque no supo qué responder.
Él se inclinó y la besó en la mejilla, despacio, y su boca se detuvo ahí un momento más de lo que el gesto de buenas noches requería. El calor de su aliento contra su piel. El olor del cedro y del vino mezclados.
— ¿Por qué no terminamos esta noche de manera perfecta?—su mirada era misteriosa.
— ¿Y cómo sería eso?
No respondió con palabras.
Él no respondió, solo tomó su boca sorprendiéndola y ella sintió que el mundo daba vueltas.
Su beso era lento y suave, de una manera que lo calmaba.
Su mano descansaba bajo su oreja, su pulgar acariciando su mejilla mientras sus respiraciones se mezclaban.
La acercó más a él, hasta que no quedó espacio entre ellos y pudo sentir el latido de su corazón contra su pecho.
Apenas tuvo un momento para reaccionar antes de que presionara su lengua contra la comisura de sus labios y casi inmediatamente se introdujo en su boca.
Los brazos de ella se levantaron y se enredaron alrededor de su grueso y fuerte cuello, mientras gemía por el contacto de su cuerpo contra el suyo.
Angustias quería más, pero él comenzó a apartarse lentamente de ella, mientras le daba pequeños besos en su rostro.
—Angustias no sé que me haces, pero cuando te tengo cerca me olvido de todo.
Ella sintió la esperanza florecer en su corazón con sus palabras se apartó un poco y colocó sus dedos sobre sus labios—me gusta cuando me besas.
— A mí me encanta besarte— volvió a acercarse y esta vez la tomó por la cintura aferrándola a él, sus manos vagaron por sus caderas y luego volvieron a subir pasando a los lados de sus pechos para después volver a poner sus manos sobre ellos y tocarlos plenamente.
Eso hizo que ella saltara por la sorpresa y tratara de alejarse, pero él no la dejó.
— Tranquila amor.
— Esto no es correcto.
— Claro que lo es, somos marido y mujer ¿Por qué no lo sería?
— Continuó besándola, empujándola dentro del dormitorio, persuadiéndola, quitándole la ropa hasta que ella solo quedó con el camisón, tan perdida en sus besos que no se percató de que casi estaba en la cama.
Le desabrochó el corpiño de su camisón y se lo quitó, dejando caer la prenda en la alfombra.
Ella trató de cubrirse por vergüenza, pero él la detuvo.
—Quiero ver todo tu cuerpo, mi preciosa esposa.
Ella retiró sus manos y sintió su mirada quemándola en las partes de su cuerpo donde se posaba.
Ella siguió la mirada de él cuando llegó a uno de sus senos y su mano se extendió para tocar un pezón y ella quiso hacer lo mismo acariciando su pecho fuerte y bajando hasta su abdomen.
Isaac tomó su mano y la guio hasta su erección y se quedó sorprendida al sentir su miembro palpitante.
Isaac se quitó los pantalones y la dejó ver su miembro en toda su gloria.
Angustias lo tocó y sintió una humedad en la punta.
—Quiero saber cómo darte placer. Yo…no tengo idea de cómo complacer a un hombre. Isaac vio la inseguridad en su rosto cuando lo dijo.
—Solo tienes que hacer lo que quieras, cariño.
Te aseguro que cualquier cosa que me hagas me gustará mucho.
Entonces ella comenzó a acariciarle y él la guio para que lo hiciera con más firmeza, de arriba abajo.
Luego simplemente se inclinó y pasó su lengua por su miembro tomando por total sorpresa a su esposo.
— ¿Se siente bien?—le preguntó con total ingenuidad.
—Demasiado bien, amor—le respondió con sus músculos tensionados por el esfuerzo de no tomarla allí mismo. Isaac podía imaginársela debajo de él extasiada, mientras la llenaba por completo con su miembro.
—Tenía curiosidad por probarte—sonrió.
Él se levantó y se separó de ella. Sabía que si seguían por ese camino no duraría mucho—Amor, creo que lo mejor es detenernos ahora.
— ¿Porque?—ella parecía decepcionada.
Isaac se quitó la camisa—Tengo una idea mejor—la colocó debajo de él y tomó sus pezones entre los dedos.
Ella se quedó sin aliento y un calor extraño empezó a formarse entre sus piernas.
Él cerró la boca sobre uno de sus pezones y hundió la mano entre sus piernas para tocar la humedad que sabía que habría allí.
Ella jadeó por la sorpresa al sentir su mano en esa parte tan íntima ¿sería eso correcto?
— se preguntó mientras esos dedos acariciaban su sexo y esa boca hambrienta mordía su pezón.
Al final no le importó nada, simplemente se dejó llevar por la deliciosa sensación.
—Estás húmeda cariño, tu cuerpo se prepara para mí.
Era algo mágico ver como su cuerpo respondía a cada caricia de él y la hacía sentir, hinchada y dolorida por él. Isaac exploraba con los dedos entre los pliegues de su sexo, tocando ese punto sensible que sabía que la haría estallar de placer.
—Isaac… se siente tan bien…
—Eso es lo que deseo, amor.
Le separó las piernas y con su miembro rozó su sexo, mojando en sus jugos, su pene. Ella sintió la presión en su entrada y se asustó.
—Tranquila —le susurró al oído—. No hay prisa. Angustias comenzó a preguntarse mentalmente si todo eso cabría dentro de ella. Isaac trató de relajarla con suaves besos y caricias hasta que ella fue cediendo y se olvidó de temer, recibiéndolo en su acogedor calor.
El dolor fue leve, para lo que ella esperaba y fue pasando poco a poco hasta que ya no sintió nada.
Se encontró deseando que él se moviera de nuevo, ansiando sentirlo más profundo en ella, pero él no lo hizo, solo siguió mirándola detenidamente para ver que no estuviera sintiendo dolor y acarició sus labios con los suyos, en cortos y tiernos besos que la relajaban más y más.
Entonces fue ella quien tomó la iniciativa y se movió de manera que él sintiera lo que ella quería.
Eso lo hizo sonreír—Así que eres una chica impaciente, ¿verdad?
—le dijo mientras comenzaba a moverse lentamente.
Ella gimió aferrándose a él, sintiendo el placer.
Isaac aumentó sus embestidas y fue cada vez más rápido, hasta que ella llegó a un punto en que pensó que no podría soportarlo.
Su corazón estaba desbocado, no pudo evitar que un grito se le escapara por la intensidad de lo que sintió en ese momento.
Su cuerpo vibraba y parecía que iba a explotar y volvió a gritar superada por el placer.