Capítulo 3 #2
Mercy negó con la cabeza. Nada, reflexionó con tristeza, ni siquiera su boda con Claus Van Buren haría que Luke renunciara a su propósito.
Su hermano Dan lo había sido todo para él, más que sus padres; desde luego, más que ella misma.
Y el encuentro del joven con la viuda de Tom Gardener, poco después de que el Dolphin llegara a Sídney, había servido para reafirmar su determinación.
La viuda de Tom y sus dos hijos huérfanos…
Aquel encuentro había afectado mucho a Luke, recordaba Mercy.
Él les había dado hasta el último centavo que tenía y, como consecuencia, se había marchado al Turon sin nada más que su caballo y la ropa que llevaba puesta.
Iba determinado a trabajar para los dos jóvenes neozelandeses de la misión Rangihoua a cambio de su sustento.
—No —afirmó convencida—. Luke no se dejará disuadir. Claus le ofreció trabajo en Sídney, o bien en la mar, en uno de sus barcos, pero Luke lo rechazó. Seguirá buscando a Jasper Morgan hasta que lo encuentre, señora Cox. Estoy segura de que lo hará, aunque le lleve el resto de su vida.
—¿Y si lo encuentra, Mercy? —insistió Alice—, ¿va a hacer justicia por su propia mano? ¿Tú que crees?
—No lo sé —confesó inquieta la joven. Recordaba que Luke solo había hablado de llevar a Jasper Morgan ante la justicia; pero estaba claro que le resultaría difícil, si no imposible, llevar a Morgan de vuelta a Thayer, o incluso a los Estados Unidos.
Sus medios eran exiguos y, para entonces, habría pasado demasiado tiempo.
Claus podría ayudar, pero no estaba obligado en modo alguno a apoyar la causa de Luke.
Sentía que Alice estaba esperando una respuesta—.
Supongo que dependerá de que las autoridades de aquí quieran actuar basándose en nuestros testimonios, el de Luke y el mío.
Pero podrían no estar dispuestas. Sería la palabra de Jasper Morgan contra la nuestra, ¿no?
Y, como él afirma ser un oficial británico…
—Se interrumpió. De repente, sintió miedo de expresar sus pensamientos.
«Una vida por otra —había citado Luke en alguna ocasión—. Ojo por ojo, diente por diente… Herida por herida, eso es lo que enseña la santa Biblia. Morgan ha puesto su vida en la balanza al matar a Dan y a los Gardener, y debe pagar con ella».
Mercy se estremeció y desvió los ojos ante la mirada ansiosa de Alice Cox.
Bien lo sabía. Tenía la dura y fría certeza que, si las autoridades australianas se negaran a tomar medidas contra el autoproclamado capitán Morgan, Luke tomaría la ley en sus propias manos, sin importarle las consecuencias para él u otro cualquiera.
Pero eso no podía decírselo a Alice Cox, a la esposa de un miembro del clero, del «hombre de Dios» más venerado por Claus.
En ese sentido, Luke tenía derecho a su silencio.
—No lo sé, señora Cox —repitió sin apartar la mirada.
Alice Cox no insistió. El viejo Saleh estaba a bordo del Dolphin , así que fue otro sirviente quien les trajo el café. Como si se hubieran puesto de acuerdo, las mujeres cambiaron de tema.
—De camino aquí, hemos podido echar un vistazo al nuevo velero de Claus. Es magnífico —dijo Alice—. No sé mucho de barcos, pero Nathan se ha emocionado de verdad cuando lo ha visto. ¿Volverán a hacerse a la mar después de la boda, supongo?
—Sí —confirmó Mercy—. Claus va a enviar dos de sus barcos al puerto Phillip con suministros para la minería, pero nosotros viajaremos a Nueva Zelanda a bordo del Dolphin , el barco nuevo.
Es precioso, de verdad, y estoy encantada con la idea de volver a Wellington y a la bahía de las Islas.
Apenas tuve tiempo de bajar a tierra en el viaje hacia aquí.
Todo el mundo dice que Nueva Zelanda es un país maravilloso y me gustaría verlo más a fondo; y también a los maoríes.
Ellos… —Guardó silencio, avergonzada, pues veía en Alice Cox una expresión de inexplicable tristeza.
—Perdóname —suplicó Alice—, pero hemos perdido a un amigo muy querido y bueno en la reciente guerra contra los maoríes.
Quizá tiendo a pensar en ellos de forma poco caritativa, como salvajes, crueles y vengativos.
Sí, sé que ha habido equivocaciones por ambas partes y que algunos de los colonos han engañado a los nativos para despojarlos de sus tierras.
Pero Michael Dean no era un hombre de ese tipo.
Era un soldado, es cierto, pero todos sus esfuerzos se dirigían a mantener la paz y garantizar que los maoríes fueran tratados con justicia.
A pesar de todo, le tendieron una emboscada y lo mataron cuando se dirigía a negociar con uno de los jefes, uno que había solicitado la paz.
He escuchado la historia de segunda mano y no estoy enterada de los detalles, pero conocía muy bien al capitán Dean.
—Alice Cox sonrió mientras procuraba contener las lágrimas que se le habían acumulado en los ojos—.
Dejó su huella en esta colonia. Fue en gran parte responsable del cierre de uno de los peores asentamientos penales de aquí, el de Moreton Bay.
Al igual que yo, lo logró en las columnas del Australian, llamando la atención del público sobre los males del penal.
Además, en los primeros tiempos exploró y cartografió gran parte del territorio más allá de Bathurst. Después se unió a las expediciones del capitán Sturt y el señor Hume.
A pesar de todo —su sonrisa se amplió—, tras su muerte corrió el rumor de que Michael Dean había sido bandolero.
Te digo con franqueza que no me lo creo, pero, si lo fue, solo puedo decir que aquí se redimió con creces.
Mercy la miró desconcertada, pero no hizo ningún comentario. Alice Cox dejó la taza de café y se levantó.
—Si me disculpas, Mercy, creo que me voy a acostar. Y tú también deberías acostarte temprano, porque mañana será un gran día para ti y Claus. No debes escatimar en tu sueño reparador, niña.
—No —admitió Mercy obediente—. No, claro que no.
La joven novia llevaba las dos velas mientras acompañaba a Alice a su habitación.
Después de las buenas noches, se encontró sin poder conciliar el sueño.
No había pasado mucho tiempo cuando una lluvia de guijarros golpeó un cristal.
Saltó de la cama y cruzó de prisa la habitación para descubrir, bajo su ventana, una figura nebulosa que poco a poco fue convirtiéndose en Luke.
Con las ropas sucias por el viaje, el muchacho le hacía señas para que lo dejara entrar.
Mercy corrió jubilosa a responder a la llamada y Luke la recibió con un abrazo.
—¿Llego a tiempo para tu boda? —preguntó él.
—Justo a tiempo —respondió Mercy, sin poder evitar que en su voz se colara un reproche—. Es mañana.
—Lo siento. He venido tan pronto como me he enterado. El capitán Broome y su hijo me dijeron que tú y Claus habíais fijado una fecha; pero yo no estaba seguro… Verás… Ah, es una larga historia, Mercy. He estado persiguiendo sombras por todo el Turon.
Mercy lo tomó del brazo.
—Debes de estar cansado y hambriento, Luke.
—Llamó y uno de los sirvientes javaneses de Claus vino a atenderla.
Ella lo envió corriendo a la cocina. Luego acompañó a Luke a través de las puertas dobles con cristales hasta el salón—.
Hay una habitación preparada para ti. Para cuando te hayas lavado, Abdul tendrá tu comida lista y…
—Apareció un segundo criado que sostenía una vela y se frotaba los ojos para quitarse el sueño—.
Ve con Kassim. Él te traerá todo lo que necesites.
—¡Ya eres la señora de esta gran casa! —exclamó Luke con admiración—. ¡Qué cambio con respecto al estofado de ternera y patatas de Jemmy Kemp en el Nancy Bray ! Desempeñas bien tu papel, hermanita.
—Nuestro engaño ha terminado —le advirtió Mercy—. No podría casarme con Claus llevando tanto peso sobre mi conciencia, Luke, ¡no podría! Él me ha dado todo: su amor, su confianza y…
—¿Le has contado que no soy tu hermano?
—Sí, se lo he dicho. Tenía que hacerlo.
Luke entrecerró sus ojos oscuros.
—¿Y Morgan? ¿Le has hablado de Morgan?
Mercy respondió a su mirada de alarma con una sonrisa tranquilizadora.
—Sí, se lo he contado todo.
—Y está claro que no te ha echado —observó Luke. Su consternación momentánea se desvaneció, y entonces él también sonrió—. Voy a asearme. Luego podremos hablar. Me alegro de haber llegado a tiempo para estar en tu boda, Mercy. Me alegro mucho.
—Yo también —le dijo ella—. Esperaba con todas mis fuerzas que así fuera, porque hemos llegado al final de…
nuestra persecución, ¿no es así, Luke? Lo es para mí.
Me has dicho que has estado persiguiendo sombras a lo largo del Turon y eso…
debe significar que no lo has encontrado, que no has encontrado a Jasper Morgan.
La expresión de Luke se endureció.
—No —admitió con los labios apretados—, pero sí el rastro que ha dejado con otro asesinato. Morgan se ha ido a los nuevos yacimientos de oro en Victoria. Antes de que tú y yo llegáramos al puerto, acababa de zarpar de aquí en el Banshee bajo el nombre de Lewis.
—Entonces… —Mercy contuvo la respiración. El corazón le latía con fuerza—. Entonces…
—Iré tras él —dijo Luke con dura determinación— tan pronto como te haya visto casarte.
Tengo una deuda que saldar. Ahora es una deuda de honor, y, aunque me cueste la vida, voy a ajustar cuentas.
—Cuando la dureza de su voz se hubo desvanecido, citó en voz baja—: Ojo por ojo, diente por diente, herida por herida.
Ahora es una vida por otras cuatro, Mercy. Y no estoy dispuesto a rendirme.
Se volvió de espaldas por no darle a Mercy la oportunidad de suplicarle, y Kassim se apresuró a seguirlo. La llama titilante de la vela del criado casi se había extinguido cuando la puerta del salón se cerró de golpe.