Los Nombres del Río Capítulo 15Última anotación de Héctor
51%

Capítulo 15Última anotación de Héctor

Última anotación de Héctor

Raúl Mendizábal

Aquella mañana, unas horas después de la inspección en la central, Raúl Mendizábal estaba en la sala de pruebas de la Policía Judicial; la luz blanca lavó los contornos hasta dejarlos exactos: mesa metálica, guantes sobre la mesa, copias forenses alineadas con cinta numerada.

Se quitó la gabardina, dejó el sello numerado sobre la carpeta y se calzó los guantes de nitrilo con la rutina que ya conocía: un movimiento deliberado, la presión justa para que la piel sintética se fijara sin arrugar.

Frente a él, sobre una tabla limpia, estaban las reproducciones impresas del cuaderno de Héctor.

Tomó la primera página con cuidado, apoyó la palma a ambos lados y dejó que el silencio de la sala sirviera de medidor.

Recorrió el resto de la página en busca de contexto.

A la derecha había un mapa esquemático, dibujado sin pretensiones topográficas: el río como una línea ondulada, el embarcadero marcado con una cruz, una nota que decía "madera rota" y, más abajo, una serie de puntos numerados que se leyeron como rutas: "vía vieja — molino — acceso terroso.

" Las pequeñas figuras que Héctor trazó con hombros inclinados representaban casas y caminos; una flecha, trazada en lápiz y repasada con bolígrafo, unía el embarcadero con el caserío L.

Raúl colocó un papel vegetal sobre la reproducción y, con lápiz, trazó la misma flecha para ver la coincidencia de direcciones.

Buscó las fechas. En las páginas siguientes halló una serie de entradas ordenadas por días: anotaciones recientes que correspondían a abril de 2022, palabras abreviadas que aludían a transferencias, recibos y números con paréntesis.

No interpretó los números como pruebas contables; dejó ese paso al perito financiero.

Sí comparó las fechas que Héctor consignó con la hoja impresa del informe pericial que había traído el perito: una relación de movimientos hallados en extractos.

Abrió el sobre donde había depositado el informe y leyó las coincidencias en voz baja, casi para sí: partidas fechadas el 12 y el 15 de abril, transferencias a sociedades interpuestas y cargos menores hacia cuentas de proveedores locales.

La línea temporal encajó con la mano de Héctor.

Una anotación del día 12 aparecía junto a una abreviatura literal —"pago caserío L.

"—; otra, de la noche del 14, consignaba una transferencia "a cuenta — gestor".

Raúl hizo cuentas en la libreta: sumó fechas, marcó con una cruz los documentos que ya habían cotejado en el Registro y subrayó las coincidencias con el matasellos postal que había aparecido en la caja de evidencias.

Volvió a la anotación fresca. "reunir 23 — caserío L.

" podía ser un día —el 23— o una hora —las 23:00—; la economía de la caligrafía y la urgencia implícita le hicieron optar por la interpretación horaria: Héctor solía escribir la hora en cifras cuando pensaba en encuentros.

Recordó la manera en que, en otras páginas, Héctor consignaba "20:15 — taxi" o "21:30 — cajero".

Marcó la nota con un círculo y escribió a su lado la palabra "¿hora? " en letra pequeña.

El cuaderno mostraba además nombres seguidos de iniciales y, en una de las páginas, una lista corta que repetía apellidos ya conocidos: las cinco entradas que habían aparecido en la hoja del bolsillo de Héctor y otras anotaciones que remitían a intermediarios.

Juntó dos hojas, comparó las abreviaturas y detectó una coincidencia operativa: las mismas siglas aparecían al lado de cantidades y de lugares concretos.

Sus dedos, dentro del guante, siguieron las líneas como quien sigue una partitura.

Dejó una nota en el margen digital de la copia forense: "¿reunir 23 = 23:00?

— caserío L. — contrastar con movimientos bancarios y horarios de accesos.

" Apartó la cámara y abrió la tablet donde guardaba las impresiones forenses: comparó el hash de la copia con el de la imagen archivada y cruzó la referencia con la ficha del perito financiero.

El informe del perito señalaba una serie de cargos emitidos entre la tarde y la noche del 14, así como transferencias con destino a cuentas controladas por gestores en fechas inmediatamente anteriores al 15 de abril.

Escribió "coinciden: 12, 14, 15/04" y subrayó sin ruido.

No necesitó más para perfilar una lectura provisional: Héctor llevaba una agenda de contactos, fechas y lugares; esas entradas, combinadas con movimientos bancarios, dibujaban una secuencia de encuentros concertados.

La nota de la tinta reciente no era una línea aislada: se insertaba en un tejido donde los papeles, los pagos y las rutas físicas convergían siempre en los mismos puntos —el caserío L.

, la Casa de la Fuente, el embarcadero—.

Raúl cerró los ojos un instante y dejó que la línea de horas se formara en su mente: salidas, encuentros, cobros, devoluciones de papeles.

Apretó la pluma que llevaba en el bolsillo, escribió una orden clara en la hoja de servicio: "Verificar 'reunir 23 — caserío L.

': cruzar con registros de pings y cámaras; citar perito financiero para plazo y cruce horario; solicitar comprobación de hospedajes y taxis 14‑15/04.

" La lista fue concisa, hasta el punto de ser casi un mapa operativo.

Colocó la copia del cuaderno en un sobre numerado, rotuló la carpeta y deslizó la nota junto a la petición que enviaría al fiscal.

Antes de levantarse, volvió una vez más al mapa esquemático de Héctor.

La flecha entre embarcadero y caserío L.

ahora dejaba de ser un dibujo: se transformó en un vínculo con sentido.

Raúl repitió en la libreta la frase que, sin dramatismos, le servía para ordenar el paso siguiente: "Héctor buscaba confrontar papeles; encuentro directo.

" Guardó la libreta en el bolsillo interior de la gabardina, se quitó los guantes con cuidado y, con la probidad que imponía la sala de pruebas, cerró la carpeta sellada.

Regresó de la ronda y cerró la puerta de la sala tras él.

Se quitó los guantes con el mismo cuidado con que los había puesto y los dejó plegados sobre la mesa metálica antes de volver a la tablet.

La pantalla le mostró, en filas compactas, los archivos que ya conocía: fotografías, hashes, las impresiones forenses.

Abrió la carpeta marcada como «EVIDENCIAS — CRONO» y, sin prisa, fue trazando en la libreta la operación de cruce que ahora debía convertir en línea de tiempo usable.

Lo primero que colocó en la mesa fue la copia certificada que le había entregado el responsable de la gasolinera dos horas antes: recibo impreso del TPV con hora y cuatro últimos dígitos de una tarjeta; al pie, un sello y la firma manuscrita del dueño.

A su lado posó el DVD que el propietario había cedido voluntariamente, con acta firmada de entrega y su número de bolsa.

Abrió el reproductor y revisó los fotogramas señalados por la nota de la entrega: 20:58, 21:03, 21:07.

En la pantalla se veía un utilitario parar frente al surtidor, la puerta cerrarse; un hombre apoyado en el capó, mirar la pantalla del lector y devolver la tarjeta.

El movimiento era rutinario, sin aspavientos; la cámara, desde el ángulo de la tienda, captaba el gesto de pagar y la vuelta del conductor hacia la orilla del embarcadero.

Raúl fotografió la pantalla con su cámara macro, numeró las tomas y las dejó entrar en la cadena: Fotograma G‑2103‑A a G‑2107‑C; la firma del dueño y la hora de la entrega constan en el acta.

Anotó en la hoja de custodia: «Gasolinera — DVD entrega voluntaria — TPV recibo — hora 21:03 — testigo: D.

Morales (propietario)». Cerró el DVD en una funda sellada y lo colocó junto a la copia del recibo, luego subrayó en la libreta la cifra: 21:03.

Sacó después la impresión que le había remitido el perito informático a petición fiscal: fragmento de registros de acceso de Valdeluz, convertido a papel por la sala técnica tras la imagen forense HVAL_01.

bit. En la columna de hora aparecían entradas de personal, visitantes y pases de vehículos con sellos de validación.

Había una fila marcada con el sello de la guardia de la presa: «Acceso peatonal: visitante — hora 21:38 — motivo: visita técnica».

La rúbrica era ilegible; la casilla de acompañante estaba vacía.

Raúl puso la lámpara en ángulo y fotografió la página: macro de la tinta, relieve de la firma, hash provisional de la imagen.

Sobre la hoja escribió: «Registro Valdeluz — pase peatonal 21:38 — verificar cámara pasarela — solicitar identificación titular de pase».

En la tercera columna de su mesa dispuso la reproducción forense del cuaderno 031, abierta sobre la mesa; el original seguía embalado en su bolsa numerada.

La anotación marginal de Héctor rezaba: «reunir 23 — caserío L.

» La frase aparecía varias veces en sus notas y aquella noche, según la copia, la tinta más reciente parecía haberse escrito con premura.

Raúl colocó una hoja vegetal encima y, con lápiz, alineó direcciones: gasolinera — embarcadero — caserío L.

Con el dedo señaló la distancia que separaba los puntos en el mapa y midió tiempos razonables de desplazamiento en unas carreteras de la comarca que ya conocía demasiado bien.