Los Nombres del Río Capítulo 14Los muros de Valdeluz #2
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Capítulo 14Los muros de Valdeluz #2

Antes de marcharse, Raúl ordenó que la petición formal de imagen bit‑copy saliera por mensajería certificada esa misma tarde y que el perito responsable tuviera prioridad de acceso en cuanto se autorizara.

Volvió a fotografiar una última vez la página con la numeración irregular, selló la tableta con el hash provisional y añadió la nota procesal: "Prioridad pericial: bitácora física — cotejo con imagen electrónica — peritaje caligráfico folio 212‑214 — conservación preventiva de registros".

Firmó, guardó la carpeta sellada y entregó una copia del acta al responsable de seguridad.

Cerró la puerta de la sala técnica, alzó la vista a la loma que se veía a través de los ventanales y, con la bolsa 060 en la mano, caminó hacia el coche bajo la lluvia.

Había vuelto a la central para supervisar personalmente una nueva fase de la pericia y recoger las copias de seguridad.

Sostuvo la bolsa 060 junto al pomo de la puerta del coche; la gabardina pegada de lluvia, la luz gris sobre el capó.

Dio dos pasos cortos, volvió sobre sus huellas y cruzó el aparcamiento hasta la entrada de servicio.

La sala de control lo recibió con el calor seco de los equipos; el olor a aceite y metal le llegó antes de que la tarjeta abriese el torno.

Con la bolsa aún bajo el brazo empujó la puerta y dejó que la geometría de pantallas lo absorbiera: pasarelas iluminadas en azul, paneles donde parpadeaban alarmas normalizadas y dos sillas frente a un rack abierto.

I. Gómez ya esperaba junto a una mesa provisional; sobre ella había una tableta, un maletín y un pendrive con protector metálico. Saludó sin prisa y señaló con la barbilla la funda donde, según las actas de la pericia anterior, se custodiaba la imagen bit‑copy HVAL_01.bit.

—Traje lo que hace falta para trabajar con la imagen —dijo Gómez—.

HVAL_01 está preservada en el servidor forense del laboratorio; la he traído en dispositivo cifrado con la autorización.

No vamos a reimagenar nada aquí; vamos a montar la copia sellada en modo lectura y a trabajar sobre réplicas forenses.

Raúl dejó la bolsa 060 en una silla y tendió el acta de intervención.

La teniente, presente como fedataria, estampó su rúbrica; Gómez conectó la llave física del cifrado al equipo forense, leyó el sello y, con movimientos medidos, montó la imagen en la estación.

Antes de abrir ficheros, recitó los pasos del protocolo en voz baja: comprobación de hash, verificación de integridad y generación de un volumen de trabajo inmutable.

Raúl comprobó el hash que ya conocía de la sesión anterior; la cadena cuadró.

La mesa quedó en silencio, solo el zumbido de los ventiladores y el pitido lejano de una alarma rutinaria.

Gómez desplegó una ventana con los logs. No anunció novedades: fue desgranando hechos que, para Raúl, empezaban a ordenar lo que hasta entonces eran sospechas sueltas.

—Los metadatos confirmados vuelven a mostrar lo mismo que el peritaje anterior expuso —dijo—: reinicio del servidor la madrugada del 9 de abril a las 01:14, comandos de borrado a las 01:17 y reactivación a las 02:03.

La imagen conserva indicios de sectores sobrescritos; hubo reutilización de inodos.

Eso ya consta. Ahora lo que vamos a hacer es carving fino sobre HVAL_01 para recuperar fragmentos adicionales y confeccionar una relación documental utilizable en Fiscalía.

Trabajó con la paciencia de quien conoce los ritmos de la máquina.

Ejecutó módulos de recuperación, aplicó filtros sobre extensiones parciales y fue agregando piezas a una carpeta temporal etiquetada según los protocolos.

Raúl se inclinó sobre la pantalla y leyó en voz baja los retazos que Gómez fue destacando.

—Hay fragmentos que coinciden con cabeceras de bitácora —murmuró Gómez—.

No son archivos completos, son trozos: cadenas de texto, nombres de campos y líneas de acción.

Uno de esos fragmentos reproduce la estructura de la hoja arrancada del libro de guardia.

Lo he marcado como «Fragmento 1/7 — offset X».

Raúl no habló; tomó una fotografía de la pantalla con el pulgar y anotó el código del fragmento en su libreta.

Gómez imprimió la porción recuperada en papel sellado y la numeró; una copia quedó en formato electrónico con su propio hash secundario.

Nada salió de la imagen original; todo lo que se embaló fue producto del procesamiento sobre la réplica forense.

Esa precisión era la garantía que Raúl exigía.

Mientras Gómez seguía, señaló otro hallazgo y pronunció la etiqueta que clavó en la libreta de Raúl.

—Hay actividad de una cuenta con etiqueta MANT‑03 —dijo—.

Sesiones a las 01:02, 01:16 y 02:05. No está asignada a ningún empleado en la tabla de nóminas del servidor; figura como cuenta de mantenimiento creada en 2019 y, lo que es más relevante, las sesiones parten de una IP que se resuelve en el switch a una pasarela de la estación de mantenimiento, no a la sala de control.

Raúl escribió MANT‑03. Gómez hizo un cruce rápido y mostró en pantalla una tabla donde, junto a las marcas temporales, aparecía una columna vacía donde debía figurar el nombre del titular.

En su lugar, la casilla decía «no asignado».

Entre esos accesos y los fragmentos recuperados había, además, un registro que Gómez definió con cuidado: una imagen escaneada de una hoja mecanografiada —conservada en sistema como escaneado antiguo— que contenía una anotación manuscrita sobre presencia de operario en la franja 01:00–03:00 la madrugada del 9 de abril.

—He podido reconstruir parte de esa hoja —explicó Gómez—.

Aparece a las 02:07 una entrada manual, texto mecanografiado con añadidos a lápiz y una firma ilegible.

No figura en las nóminas. La correlación temporal entre esa entrada y las sesiones de MANT‑03 es consistente dentro de márgenes técnicos.

No es indicio único, pero sí coherente con manipulación dirigida.

Raúl acercó la impresión: las líneas mecanografiadas, la rúbrica incompleta, la nota añadida con lápiz.

Nada que permitiera identificar una persona de forma categórica; sí, en cambio, una anomalía administrativa: presencia física sin trazabilidad laboral.

Marcó en el margen de su libreta: «Registro manual — operario no nómina — correlación MANT‑03».

Pidió a Gómez que cruzara las coincidencias con los pings de la cámara vecinal que ya habían visto.

—El fotograma clave está a las 02:13 —dijo Gómez tras ajustar las columnas—.

MANT‑03 registra actividad reiterada entre 01:55 y 02:10, con silencio relativo poco después del reinicio y antes de la reactivación.

La ventana coincide con la aparición del todoterreno en el vídeo.

Todo esto es coherente con una operación breve: reinicio, limpieza de sectores y reactivación.

Raúl dejó por escrito el patrón que exigía acción procesal.

Gómez imprimió un informe preliminar donde consignó: «Sobrescritura detectada; reinicio del servidor 09/04/2022 01:14; comandos de borrado 01:17; recuperación parcial de archivos con correspondencia a bitácora física; accesos MANT‑03 fuera de horario; registro manual de presencia de operario no registrado».

Firmó el informe, estampó su sello pericial y lo dejó en la mesa.

La teniente lo rubricó como testigo. Raúl repasó la ficha y estampó su firma como requirente.

Gómez volcó las impresiones y los extractos electrónicos en carpetas distintas: los fragmentos recuperados pasaron a bolsa numerada con etiqueta 061; la reproducción de la hoja mecanografiada y el informe preliminar, junto con copias certificadas, fueron alojados en la bolsa 062.

Cada bolsa recibió su acta y las firmas pertinentes. Raúl observó cada sello.

—Que conste también —pidió Raúl— que la copia de trabajo que hemos utilizado sale de HVAL_01.bit preservada y que cualquier otra actuación posterior debe tomar como origen esa copia sellada. No queremos que nadie pueda alegar falta de trazabilidad.

Gómez asintió y replicó las notas pertinentes en su informe.

El perito limpió la mesa, guardó el maletín, selló las bolsas y esperó la instrucción procesal.

Raúl escribió en su libreta una línea escueta: «Irregularidades técnicas: sobrescritura + reinicio + MANT‑03 fuera de horario + registro manual operario no nómina».

Añadió dos instrucciones: «Citar técnico jefe Valdeluz» y «Remitir bolsas 061/062 al fiscal — petición peritaje complementario y cotejo caligráfico».

Antes de dejar la sala, miró a la loma húmeda más allá del ventanal.

Marcas en el tiempo, identificadores vacíos y una entrada manual que definía una presencia sin nombre.

Raúl pidió que la citación se preparara de inmediato y que las copias electrónicas con sus hashes fueran remitidas al fiscal con carácter urgente; firmó la petición, la deslizó en un sobre registrado y depositó las carpetas selladas en el armario de custodia de la brigada.

La lluvia, en el cristal, siguió su medida inalterable.

Depositó las carpetas selladas en el armario de custodia de la brigada.

Salió de la comisaría y se dirigió de nuevo a la central para inspeccionar las casetas de mantenimiento.

Colocó la bolsa 060 sobre el asiento del copiloto, apoyó la palma en el capó y cruzó hacia el acceso de servicio que discurría por la ladera lateral de la central.

La chapa decía SERVICIO en letras desteñidas; la cerradura llevaba cinta de seguridad y dos sellos rotulados por la empresa y por la brigada, y cuando empujó la puerta el aire que salió olía a aceite frío, a metal y a humedad acumulada en tablones.