Capítulo 1El embalse escupe un cuerpo #3
Marta apretó la mandíbula. Raúl percibió en su gesto el cálculo de consecuencias más que la discrepancia de criterios.
—¿Prioritario? ¿En serio quieres abrir una investigación cuando la familia pide discreción? Cristina Valcárcel ya ha hecho saber que una investigación amplia dañaría intereses… y no solo su imagen. Hay llamadas del ayuntamiento.
Raúl no preguntó por remitentes. El operario del muelle y el representante de la familia ya habían dejado su impronta de presión en la escena. Consultó la libreta, señaló las entradas que exigían seguimiento.
—Abro diligencias por muerte sospechosa.
No por convicción personal, sino por deber de comprobar.
Señalo motivo de comprobación: hoja con cinco apellidos fechada en 15/04/1982, extracción in situ sin orden judicial por riesgo de pérdida probatoria, peritaje caligráfico requerido, y priorización de la autopsia para datación de lesiones.
Marta miró la lista de puntos como quien lee una sentencia posible. Habló en voz más baja.
—Tú entiendes lo que eso implica aquí. La provincia tiene líneas que prefieren no remover estas cosas. Si avanzamos con esto, tendremos resistencia política y mediática. ¿Estás seguro de que quieres esa pelea ahora?
Raúl apoyó las manos sobre la mesa.
—Estoy seguro de que no puedo firmar una instrucción que diga otra cosa. Si los hechos apuntan a accidente, lo diré; pero mientras haya indicios que sugieran otra cosa, debo registrar la sospecha y pedir peritos.
Marta exhaló, recogió un bolígrafo y trazó un círculo con la punta sobre la carpeta como si contuviera un mapa de salidas.
—Haré lo que exija la ley. Pero te digo ya que la cúpula reclamará explicaciones. Yo no quiero que la comisaría sea campo de batalla político. Pide lo que necesites, pero mantén el control de la información.
Raúl asintió una sola vez. Imprimió el acta preliminar en la impresora de la caravana: encabezado formal, casillas.
Escribió con letra clara el motivo: «Diligencias previas por muerte sospechosa — posible agente externo a la inmersión».
Desglosó las medidas iniciales: traslado al Instituto de Medicina Forense, embalaje separado de prendas, fotocopia de alta resolución de la hoja remitida a Fiscalía, petición de caligrafía y análisis de fibras del folio.
Añadió la solicitud de verificación de accesos a la presa durante la franja horaria indicada por los testigos.
Marta leyó el documento con la misma moderación con la que hubiera repasado una orden.
No firmó de inmediato. Buscó en su tablet comunicaciones y deslizó la pantalla hacia él: mensajes entrantes, una llamada perdida marcada con la etiqueta de «Alcaldía», un correo corto de un número no registrado que sugería «prudencia por el bien común».
—Te están llamando ahora. Y no serán los vecinos preocupados.
Raúl dejó el bolígrafo. Firmó primero como responsable de la brigada. El trazo fue corto. Luego, con formalidad, dejó la firma para la comisaria; Marta la estampó después de un tiempo que midió el posible alcance de la rúbrica.
—Consta en acta. Diligencias previas abiertas por muerte sospechosa. Notificar a Fiscalía, peritos forenses y calígrafos. Mantener cadena de custodia. Comunicación interna restringida.
Marta dejó la tablet encima de la carpeta. Miró la bolsa 003 con una expresión que no quiso convertir en palabra.
—Protección a testigos. Revisa quién declaró en el muelle y pide vigilancia discreta. Si esto escala, necesitaremos medidas concretas.
Él cogió de nuevo la libreta y, con la firma ya estampada en el acta, escribió una instrucción breve: «Vigilancia programada; notificar a Fiscalía confidencialmente; prioridad peritajes». Retiró la gorra que tenía sobre la mesa y la dejó boca abajo.
Antes de que Marta se levantara, sonó el teléfono fijo de la caravana. Un número sin rastro en pantalla. Raúl contestó y dejó que la voz al otro lado confirmara el recibo de la notificación fiscal. Colgó, volvió a mirarla.
—La lista es la pista que marcará la dirección de la investigación. No sé aún si será móvil o coincidencia. Pero por eso mismo merece investigarse.
Marta respiró con la contención de quien guarda la reserva para después.
—Bien. Hice constar reservas; seré la primera en advertirte si llega una orden superior. Y te pediré, Raúl, que midas cada paso.
Él asintió. Guardó el acta en el expediente y colocó la copia en la carpeta destinada a Fiscalía. Pidió que la bolsa 003 fuera introducida en el depósito provisional bajo llave y que un agente permaneciera en guardia hasta el traslado al Instituto.
Al salir de la caravana, la niebla les dio la bienvenida con la indiferencia que siempre muestra el clima del valle.
Raúl miró la orilla una vez, luego al muelle, y volvió la vista hacia la caravana donde la documentación aguardaba su curso.
La decisión tomada iba a rendir frutos que quizá dolieran al pueblo, pero era necesaria.
Firmó, anotó la hora en la libreta y dejó que el papel sellado con su firma marcara el principio formal de una investigación cuyo primer actor había sido el agua.