Los navegantes Locura por la nuez moscada #5
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Locura por la nuez moscada #5

Diez años después, muchos de los residentes de la isla se vieron obligados a huir de nuevo, y en esa ocasión casi nadie regresó.

En 1998, la provincia de las Molucas fue escenario de enfrentamientos extremadamente violentos entre musulmanes y cristianos.

La violencia se extendió desde las grandes ciudades hasta las islas de Banda, donde la mayoría musulmana y la minoría cristiana habían convivido en paz durante quinientos años.

Se quemaron las iglesias y se asesinó con brutalidad a los cristianos.

Hoy casi nadie quiere hablar de lo que sucedió a finales del milenio pasado, y las islas vuelven a parecer paradisiacas, al menos por fuera.

Aunque también por dentro. El agua que rodea al archipiélago de Banda es cristalina.

Entre los corales nadan miles de peces de color amarillo limón, naranja, verde hierba y azul cielo, un espectáculo siempre cambiante.

El viaje a Run duró una hora en una sencilla lancha motora. La isla era tan tranquila como idílica. Las calles estaban impecables y no había ni un solo coche, ni siquiera motocicletas. Frente a las casas con tejados de teja había nueces moscadas, macis y pececillos secándose al sol.

Una empinada escalera de hormigón conducía al esqueleto del antiguo cuartel de bomberos de la VOC.

Solo quedaban en pie los andamios de hierro oxidados y el tejado.

Ahí era donde los neerlandeses secaban sus nueces moscadas, o, mejor dicho, donde obligaban a sus esclavos a secarlas para ellos bajo el sol tropical, al calor de las brasas incandescentes.

Tras la rendición de los últimos ingleses que quedaban en Run, británicos y neerlandeses continuaron disputándose el control de la isla durante décadas.

La Compañía Británica de las Indias Orientales hizo tímidos intentos de reocuparla, pero sin poder mantenerla.

Para impedir que los ingleses se hicieran con la nuez moscada de Run, los neerlandeses se aseguraron de talar todas las mirísticas y arrancar sus raíces.

Al final se llegó a un acuerdo. Inglaterra accedió a renunciar definitivamente a Run, que ya no controlaba, a cambio de un remoto y ventoso puesto comercial de pieles que había arrebatado a los neerlandeses unos años antes.

Una placa en el puerto recordaba el pacto: EN ESTE DÍA, JUEVES, 24 DE OCTUbrE DE 2017, NOSOTROS, EL PUEBLO DE BANDA EN LAS MOLUCAS, CONMEMORAMOS EL 350.

º ANIVERSARIO DE LA FIRMA DEL TRATADO DE brEDA, CUANDO LOS INGLESES INTERCAMBIARON NUESTRA ISLA DE RHUN POR LA NEERLANDESA DE NUEVA ÁMSTERDAM, AHORA CONOCIDA COMO MANHATTAN, EN NUEVA YORK, ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA, EL 31 DE JULIO DE 1667 .

¿Y cómo les fue a los portugueses en Ternate, la isla del clavo, en la que acabaron por casualidad tras naufragar en un junco chino poco después de zarpar de las islas de Banda?

Las cosas se complicaron. En un momento dado, las relaciones con la población local se volvieron tan tensas que los lusos quemaron la residencia del sultán y exhumaron los restos de antiguos gobernadores musulmanes y los retuvieron como rehenes.

Al final, los portugueses cortaron la cabeza al sultán reinante y la clavaron en una estaca.

Cinco años más tarde, en 1575, fueron expulsados de la isla para siempre.

Los lusitanos lograron mantenerse en la pequeña isla vecina de Tidore durante un tiempo más, en gran parte porque el sultanato local estaba enfrentado con Ternate y necesitaba un aliado.

Además, controlaban Ambon, y tras ser expulsados de Ternate, esa ciudad se convirtió en su cuartel general en la región, al menos por un tiempo.

Pero en 1605 también aparecieron por allí los neerlandeses, lo que supuso el fin de la aventura lusa del clavo.

Tan pronto como la Armada neerlandesa terminó su saqueo, los españoles vieron la oportunidad de entrar en Ternate.

Unos ochenta años antes, el traidor portugués Fernando de Magallanes, o Fernão de Magalhães, como se llamaba originalmente, se había convertido en el primero en dar la vuelta al mundo, bajo bandera española.

Desde entonces, los españoles habían intentado establecerse en las islas del clavo, y durante mucho tiempo mantuvieron una débil alianza con el sultán de Tidore.

Por fin se les presentó la ocasión de expandirse.

Tomaron Ternate en 1606, pero no se comportaron mucho mejor que sus predecesores: exiliaron al sultán a Filipinas y lo obligaron a convertirse al cristianismo.

En cuanto el soberano desapareció de escena, construyeron una ciudad fortificada en la isla, con un hospital y nada menos que tres iglesias.

Después de medio siglo allí, fueron expulsados por los neerlandeses, y esa vez el comercio de especias acabó para siempre para los ibéricos.

Como siempre, de las ambiciones del pasado solo quedan piedras. La pequeña y exuberante isla volcánica alberga nada menos que cuatro fortalezas —dos portuguesas, una española y una neerlandesa—, un recuerdo duradero de la insaciable ansia de los europeos por las especias y las ganancias.

Cuando el calendario rondaba el año 1670, la VOC tenía el monopolio tanto del clavo como de la nuez moscada y era, con diferencia, la empresa más rica y poderosa del mundo.

Contaba con cuarenta buques de guerra, ciento cincuenta barcos mercantes, cincuenta mil empleados y un ejército privado de diez mil soldados.

También eso era demasiado bonito para durar, pero duró bastante tiempo.

En 1799, la VOC se declaró en bancarrota, tras haber sido un Estado dentro del Estado durante casi doscientos años.

Las razones de su declive fueron muchas, entre ellas el galopante aumento de los costos administrativos y la corrupción generalizada dentro de la compañía.

Otra razón fue que ya no tenía el monopolio del otrora lucrativo comercio de especias.

Alrededor de 1770, un misionero y botánico francés llamado Pierre Poivre, es decir, Pedro Pimienta, logró contrabandear cientos de semillas y árboles de nuez moscada, así como semillas de clavo, desde los bastiones neerlandeses hasta Mauricio y Reunión, donde era administrador colonial.

Poco después, la nuez moscada y el clavo crecían en las colonias francesas.

El monopolio se rompió, y sucedió rápido: durante las guerras napoleónicas, los británicos ocuparon las islas de Banda por un corto periodo.

Antes de irse excavaron toneladas de tierra y desenterraron cientos de árboles.

Con el tiempo, la colonia británica de Granada, en el Caribe, se convirtió en el segundo mayor exportador de nuez moscada del mundo, y hoy se cultiva clavo en Madagascar, Sri Lanka y Tanzania, entre otros lugares.

Pero Indonesia sigue representando más de la mitad de la producción mundial total de nuez moscada y alrededor de tres cuartos de la de clavo. La mayor parte se cultiva hoy día en algunas pequeñas y exuberantes islas de las Molucas, rodeadas de volcanes y antiguas fortalezas europeas.

La capital de Indonesia se hunde. Ninguna otra metrópoli lo hace con más rapidez; los barrios más vulnerables se sumergen un cuarto de metro al año.

Para 2050 es probable que una cuarta parte de Yakarta esté bajo el agua.

Para salvar la ciudad, las autoridades han decidido construir una nueva capital, Nusantara, en Borneo, a mil kilómetros de distancia.

Las obras ya están en marcha, y Nusantara se convertirá oficialmente en la capital de Indonesia en agosto de 2028, aunque aún queda mucho para que esté terminada.

Según lo previsto, la nueva capital estará lista en 2045.

Los indonesios heredaron la que se hunde de los colonizadores neerlandeses.

En 1619, el nuevo y despiadado gobernador general de la VOC, Jan Pieterszoon Coen, decidió establecer la sede de la compañía en la isla de Java, en la desembocadura del río Ciliwung, en la pequeña ciudad portuaria de Jayakarta.

En el siglo XVI, durante un corto periodo, los portugueses habían dispuesto de un pequeño puerto allí con la aprobación del sultán local, pero fueron expulsados cuando otro soberano tomó el poder en la zona.

Los neerlandeses no se anduvieron con chiquitas.

Derribaron todo lo que había y construyeron una nueva ciudad fortificada en lo que prácticamente era un pantano, con canales, puentes, sinuosas fachadas de ladrillo y enormes almacenes para guardar especias y municiones.

Después de la quiebra de VOC, el Estado ocupó el lugar de la empresa.

Los Países Bajos mantuvieron el control de Indonesia, o India neerlandesa, como la llamaban, hasta que el país fue ocupado por Japón durante la Segunda Guerra Mundial.

Tras el conflicto bélico, todavía tendrían que pasar cuatro años de amarga lucha por la independencia antes de que los Países Bajos se retiraran del país que habían gobernado durante trescientos cincuenta años.

El 27 de diciembre de 1949, la era colonial terminó de manera oficial.

Desde entonces, la población de Indonesia se ha cuadruplicado y la de Yakarta se ha multiplicado por más de diez.

Solo el Gran Tokio tiene hoy más habitantes que Jabodetabek, nombre de la región metropolitana de la que forma parte Yakarta.

A pocos minutos en coche del centro histórico, con sus imponentes edificios de ladrillo encalados, sus grandiosas plazas abiertas y sus canales flanqueados por palmeras y flores, la realidad era otra: pantanos y ríos más llenos de plástico que de agua, casas estrechas, oscuras y sin regulación que se inundaban constantemente con la lluvia y la marea alta.

La mayoría de los que vivían allí se ganaban la vida con la basura que los rodeaba: por un kilo de botellas de plástico recibían algo menos de treinta y cinco céntimos de euro.