Los navegantes Locura por la nuez moscada #4
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Locura por la nuez moscada #4

Los bandaneses lograron tender una emboscada a Verhoef y los demás oficiales.

A continuación atacaron a los soldados. En lugar de huir precipitadamente, como habían hecho los lusos, los neerlandeses se apresuraron a terminar el fuerte.

Luego se vengaron con saña. Incendiaron aldeas y asesinaron a sangre fría a hombres, mujeres y niños.

Después de unas semanas los lugareños se rindieron, y así, tras un gran derramamiento de sangre, Banda Neira se convirtió en la primera posesión de los Países Bajos en Asia.

Desde esa isla, los neerlandeses intentaron hacerse con el control del resto del archipiélago.

La orden estipulaba que solo los representantes de la Compañía Unida de las Indias Orientales podían comprar nuez moscada.

No obstante, dos de las islas de Banda estaban tan lejos que a los neerlandeses les resultó difícil imponer su monopolio allí.

Y los habitantes de esas islas remotas estuvieron encantadísimos de vender nuez moscada a otros extranjeros.

En 1579, Francis Drake regresó a Inglaterra con tres barcos cargados de especias de las Molucas después de navegar alrededor del mundo.

Drake era ante todo una especie de corsario y no había anotado coordenadas ni otra información de especial valor.

Nueve años más tarde, en 1588, su talento como pirata le fue útil en la batalla contra la Armada española.

Los españoles tenían grandes planes: querían deponer a la reina Isabel I, reinstaurar el catolicismo en Inglaterra y poner fin al apoyo inglés a los Países Bajos.

Los dioses del clima estuvieron del lado de Drake, y la batalla naval terminó en una aplastante derrota para España y, en consecuencia, también para Portugal, que en ese momento llevaba ocho años de unión dinástica con su país vecino.

Una gran parte de los barcos portugueses y españoles fueron capturados por los ingleses.

De repente, Inglaterra tenía su propia flota mercante.

En 1600, la reina Isabel dio su aprobación a la creación de la Compañía Británica de las Indias Orientales, siguiendo el modelo de la Compañía Moscovita. Su capital inicial representó menos del 5 % del que recibiría la VOC poco más de un año después, pero, aunque modesto, fue un comienzo.

La primera expedición de la compañía se hizo a la mar al año siguiente.

A diferencia de los neerlandeses, los ingleses entablaron una relación cordial con los sultanes locales de Oriente.

Los barcos regresaron a casa cargados de pimienta que los británicos habían comprado a sus nuevos amigos, así como de algodón indio que habían robado de una embarcación portuguesa en el estrecho de Malaca.

Un pequeño contingente permaneció en la ciudad portuaria de Bantén, que los neerlandeses habían bombardeado unos años antes, con el fin de establecer allí un puesto comercial inglés.

Tenían instrucciones de ir a las islas de Banda y comprar tanta nuez moscada como fuera posible.

Una vez terminados los preparativos, los marineros ingleses zarparon en una pequeña pinaza.

Durante dos meses libraron una batalla inútil contra el viento.

Al final fueron sorprendidos por una violenta tormenta que los arrastró hasta la costa de Run, la más remota de las islas de Banda.

Los británicos perdidos fueron bien recibidos por los lugareños y se fueron de allí con el bote repleto de nuez moscada comprada a precio de saldo.

Así fue como los ingleses, más o menos por casualidad, se convirtieron en los primeros europeos en pisar Run.

Los británicos siguieron comerciando con los habitantes de Run y, con el tiempo, también con los de la vecina isla de Ai.

Los neerlandeses no veían con buenos ojos a la competencia.

En 1615 atacaron Ai, pero los bandaneses, con la ayuda de los ingleses, lograron recuperar la isla esa misma noche.

Al año siguiente, los neerlandeses volvieron a atacar.

Los lugareños lucharon con valentía, pero finalmente se quedaron sin municiones.

La mayoría de los supervivientes huyeron a Run.

La VOC ya controlaba todo el archipiélago de Banda, excepto esa pequeña isla.

En la víspera de Navidad de ese mismo año, dos barcos británicos anclaron en las afueras de Run bajo el mando de Nathaniel Courthope.

Una vez más, los ingleses fueron recibidos con calidez por la población local, que estaba sometida al bloqueo de la VOC y al borde de la inanición.

Los líderes locales juraron lealtad al rey Jacobo y dieron a Courthope una confirmación por escrito de que Run pertenecería por siempre al monarca inglés.

Inglaterra había adquirido su primera colonia en Oriente.

La pequeña y escarpada isla era fácil de defender.

Los arrecifes submarinos dificultaban el atraque y, desde puestos de vigilancia estratégicos, Courthope y sus hombres tenían una vista completa de cualquier barco que pudiera acercarse.

El problema era la comida y el agua. Aparte de la nuez moscada, no crecía casi nada comestible en las laderas volcánicas; los lugareños siempre habían intercambiado alimentos con otras islas.

El agua de lluvia tenía que racionarse de manera estricta, y a veces estaba tan llena de amebas que había que colarla con los dientes.

Muchos murieron y muchos desertaron. El 20 de octubre de 1620, tras resistir durante más de mil trescientos días, Courthope fue abatido a tiros en un viaje de reconocimiento en un bote de remos. Los británicos que quedaban abandonaron la isla y se rindieron a los neerlandeses.

El verano siguiente, estos desembarcaron en Run. Mataron a todo el que no pudo escapar a tiempo.

La población de las otras islas recibió el mismo trato.

La VOC había nombrado a un nuevo gobernador general que carecía absolutamente de escrúpulos, Jan Pieterszoon Coen.

Este tenía la radical opinión de que era necesario reemplazar a la población de las islas de Banda para obtener el control total de la producción de nuez moscada.

Fue dicho y hecho: con la ayuda de mercenarios japoneses, los neerlandeses exterminaron a los bandaneses en 1621.

A finales de año solo quedaban unos mil de los quince mil habitantes originales.

El resto habían sido asesinados o esclavizados.

Unos pocos cientos consiguieron escapar a las islas Kei, a cuatrocientos kilómetros de distancia.

Los colonos neerlandeses se asentaron en las islas para gestionar las plantaciones de nuez moscada. Esclavos procedentes de Java y de otras islas remotas hicieron todo el trabajo duro por ellos.

Se había alcanzado el objetivo. La VOC ya tenía el monopolio mundial de la nuez moscada.

El genocidio fue inmortalizado en una pintura que se exponía en el pequeño museo de Banda Neira: samuráis casi desnudos, manchados de sangre, cortan la cabeza a bandaneses aterrorizados mientras soldados neerlandeses se aseguran de que nadie escape o se resista.

También se exhibían grandes campanas, que se utilizaban para llamar a los esclavos a trabajar en las plantaciones, así como cañones pequeños y grandes. Según los lugareños, era imposible clavar una pala en la tierra sin toparse con un cañón neerlandés.

El museo se basaba en la colección de Des Alwi, quien fue adoptado por el nacionalista y defensor de la libertad Muhammad Hatta durante su estancia involuntaria en la isla.

A lo largo del siglo XX surgió un fuerte movimiento independentista entre los indonesios instruidos.

Las autoridades neerlandesas intentaron mantenerlo bajo control encarcelando a sus miembros más prominentes o enviándolos al exilio a islas remotas como Banda Neira.

Durante su permanencia en la isla de la nuez moscada, Hatta y su compañero de exilio, Sutan Sjahrir, fundaron una escuela para niños locales en la que enseñaban historia y política.

Sjahrir se convirtió más tarde en el primer ministro de Indonesia, mientras que Hatta fue el primer vicepresidente del país.

El hijo adoptivo de este último, Alwi, llegó a ser un respetado historiador y diplomático, pero nunca olvidó la isla de su infancia.

A finales de la década de los ochenta del siglo pasado construyó el primer hotel de la isla, el Maulana, y recibió la visita de huéspedes famosos como la princesa Diana de Gales y Mick Jagger.

Antes de morir logró convertir la casa de su infancia en un museo, con pequeños y grandes objetos que documentaban los estragos causados por los neerlandeses en las islas.

En las islas de Banda aún hay huellas de la VOC por todas partes.

Su odiado emblema está tallado en las piedras con las que se construyó la iglesia y se encuentra sobre la entrada de muchas de las casas.

Dentro de las puertas del fuerte Nassau, la primera fortificación neerlandesa, erigida sobre las ruinas portuguesas, pastaban un puñado de vacas.

La residencia del gobernador era como una fortaleza en sí misma, con un enorme patio trasero e incluso una pequeña prisión privada.

La casa se utiliza ahora como salón de fiestas.

En el punto más alto de la isla se alzaba el fuerte Hollandia, con forma de pentágono y torres en cada vértice.

Ochocientos soldados custodiaron la nuez moscada.

Por las noches, los jóvenes de la isla se reunían en pequeños grupos para aburrirse juntos en el fuerte pentagonal, restaurado con esmero.

Un par de turistas subieron a las torres para inmortalizar el caprichoso volcán de la isla vecina, envuelto en fotogénicas nubes rosadas.

Las laderas de las montañas seguían negras por la lava de la última erupción, que tuvo lugar en 1988.

Todos los habitantes de la isla volcánica y de Banda Neira fueron evacuados.

Una vez que hubo terminado la expulsión de magma, casi todos regresaron.