Locura por la nuez moscada #3
Sebastián I había sido la última esperanza de la Casa de Avís.
Su padre murió pocas semanas antes de que él naciera, y cuando tenía tres años también falleció su abuelo, el rey Juan III, por lo que el pequeño se convirtió en rey.
Veinte años después, ya mayor de edad pero aún soltero, Sebastián se dejó convencer para ir a la guerra contra sus archienemigos, los musulmanes de Marruecos.
Los portugueses habían perdido hacía poco muchos de los territorios que habían conquistado a lo largo de la costa marroquí a principios del siglo XVI , y el joven monarca estaba decidido a recuperarlos.
Se dice que la flota del rey Sebastián contaba con quinientos barcos, más del doble que cuando Portugal atacó Ceuta en 1415, y que su ejército estaba formado por unos dieciocho mil hombres, incluyendo a gran parte de la nobleza portuguesa.
La breve guerra pasó a la historia como la batalla de los Tres Reyes y tuvo lugar en el interior de Marruecos, a unos noventa kilómetros al sur de Tánger, que todavía estaba bajo control luso.
El enfrentamiento duró solo cuatro horas y aún se recuerda como la mayor derrota militar de Portugal de todos los tiempos.
Los portugueses fueron rápidamente rodeados y no tuvieron ninguna oportunidad frente al ejército del emir, que era tres veces más grande.
En el bando luso perdieron la vida ocho mil soldados, entre ellos la mayoría de los nobles, y otros tantos fueron hechos esclavos.
Al rey nunca más se le volvió a ver, ni vivo ni muerto.
Lo más probable es que cayera en combate, pero como no se encontró su cuerpo, muchos lusitanos estaban convencidos de que Sebastián seguía vivo y podía aparecer en cualquier momento.
Y reapareció, al menos cuatro veces. El último que se hizo pasar por el monarca desaparecido era italiano y ni siquiera hablaba portugués.
El tío abuelo de Sebastián, Enrique, de sesenta y seis años, asumió el trono.
Dado que había sido ordenado sacerdote católico y en ese momento era cardenal, Enrique I había vivido una vida de celibato.
Tras ser coronado solicitó al papa la dispensa de sus votos sacerdotales para poder casarse y engendrar un heredero del trono.
El papa tardó en responder, presumiblemente para evitar enemistarse con el rey español.
Después de solo dos años en el trono, Enrique murió, todavía atado al celibato y sin descendencia.
Corría el año 1580 y Portugal carecía de un heredero directo del trono.
Se presentaron como candidatos tres nietos del difunto rey Manuel I: Catalina de Braganza, que tenía la desventaja de ser mujer; Antonio, que por desgracia había nacido fuera del matrimonio, y Felipe II, que ya era rey de España.
La madre de Felipe, Isabel, era la hija mayor de Manuel y se había casado con su primo Carlos V, rey de España y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.
En el verano de ese año, Antonio se autoproclamó rey de Portugal, pero solo reinó tres semanas.
Felipe II organizó una pequeña invasión veraniega del país vecino y zanjó así la cuestión sucesoria de una vez por todas.
Sin embargo, fueron necesarios varios miles de muertos y heridos para que los portugueses se convencieran de que Felipe de Habsburgo era el hombre adecuado para ocupar también el trono luso.
El principal problema de la unión dinástica fue que los enemigos de España pasaron entonces a ser también los de Portugal.
Y España tenía muchos, sobre todo entre los protestantes del norte de Europa.
Lisboa se vio obligada a cerrar sus puertos a los barcos de los Países Bajos.
Como los neerlandeses ya no podían comprar productos asiáticos a los portugueses, tomaron cartas en el asunto.
Querían especias, aunque tuvieran que procurárselas ellos mismos.
Las primeras expediciones neerlandesas fueron dirigidas por Willem Barents y también se dirigieron al norte.
Los marineros neerlandeses tampoco fueron capaces de encontrar un paso a través del hielo del Ártico, a pesar de las optimistas teorías que sugerían que habría menos hielo cerca del Polo Norte.
A bordo de las dos expediciones a cargo de Barents iba el aventurero Jan Huygen van Linschoten.
Cuando en 1595 regresaron por segunda vez a Ámsterdam sin haber llegado tampoco a China, Van Linschoten se sentó a escribir tres libros sobre sus viajes anteriores a regiones más cálidas.
Estos allanaron el camino para la época de esplendor de los Países Bajos.
Siendo joven e intrépido, Van Linschoten se trasladó a Lisboa, donde casi de inmediato fue contratado como secretario del arzobispo de Goa.
Durante los casi veinte años que trabajó para los portugueses adquirió un conocimiento profundo de las rutas marítimas y de cómo se desarrollaba el comercio de especias en las distintas ciudades portuarias.
Detalló toda esa información en su primer libro, Reys-geschrift Vande Navigatien der Portugaloysers in Orienten, publicado en 1595.
Al año siguiente publicó dos volúmenes más, uno sobre la costa de África y otro sobre la India portuguesa, y los tres libros juntos se conocieron como Itinerario .
Las obras incluían mapas detallados, y el autor dejó claro que los lusitanos no eran tan poderosos en el océano Índico como intentaban dar a entender, sino que tenían que compartir el supuesto monopolio comercial con los árabes y los chinos.
Van Linschoten propuso una ruta alternativa hacia las islas de las especias a través del estrecho de Sonda para evitar el de Malaca, controlado por los lusos.
La trilogía se tradujo enseguida al latín, francés e inglés, y el océano Índico nunca volvió a ser lo que era.
Los primeros barcos neerlandeses pusieron rumbo al cabo de Buena Esperanza el mismo año en que se publicó el primer volumen.
Fue una travesía larga y penosa, pero siguiendo la ruta que Van Linschoten había recomendado consiguieron llegar a la ciudad portuaria de Bantén, en Java, en la actual Indonesia.
Allí entraron pronto en conflicto con los lugareños y acabaron bombardeando la ciudad.
Antes de continuar su viaje, los neerlandeses ejecutaron a todos los prisioneros que habían capturado.
No pasó mucho tiempo antes de que los exaltados marineros cometieran más masacres.
En resumen, pasaron más tiempo masacrando a la población local que comerciando con especias.
Cuando regresaron a Ámsterdam dos años después, solo un tercio de la tripulación original seguía con vida, uno de los barcos había desaparecido y los restantes estaban cargados con una cantidad decepcionante de especias.
Sin embargo, dado que los precios de estas habían alcanzado niveles desorbitados, la expedición resultó rentable.
Incluso las flotas pobres y mal dirigidas pudieron regresar de Oriente con ganancias.
Los Países Bajos se envalentonaron. Durante los años siguientes enviaron tantas flotas hacia el este que los marineros neerlandeses empezaron a competir entre sí en los puertos orientales.
Para controlar la situación se fundó en 1602 la VOC, Vereenigde Oostindische Compagnie, Compañía Unida de las Indias Orientales.
Fue la primera sociedad por acciones del mundo.
Toda la población tenía acceso a la compra de acciones y bonos de la empresa, que podían revenderse en la recién creada Bolsa de Valores de Ámsterdam, también la primera del mundo.
La VOC obtuvo el monopolio de todo el comercio neerlandés al este del cabo de Buena Esperanza y vía libre para negociar alianzas y tratados de paz, construir fuertes, reclutar soldados y hacer la guerra: la compañía tenía instrucciones permanentes de atacar a españoles y portugueses dondequiera que los encontrara.
En otras palabras, la VOC era un Estado dentro de otro Estado, la primera corporación multinacional del mundo.
Su capital inicial fue formidable: casi seis millones y medio de florines, unos doscientos cincuenta millones de euros al cambio actual.
Se había sembrado la semilla del modelo capitalista moderno.
Si el XVI había sido el siglo de Portugal, el XVII iba a ser la época de esplendor de los Países Bajos, que en solo unas décadas expulsaron a los portugueses de las costas de Malabar, Ceilán y Malaca, entre otros lugares.
Su objetivo principal eran también las codiciadas islas en las que crecía la nuez moscada.
Los primeros barcos neerlandeses llegaron al archipiélago de Banda en 1601.
Al principio, los marineros compraban nuez moscada a los lugareños y luego la vendían con enormes ganancias en Europa, pero esa relación pacífica no duró mucho.
La recién creada compañía comercial tenía ambiciones: la VOC quería monopolizar todo el comercio mundial de nuez moscada para poder fijar ella misma los precios.
En 1609 ancló frente a Banda Besar una impresionante flota.
A bordo iban más de mil soldados. El líder de la expedición, Peter Verhoef, bajó a tierra, reunió a los líderes locales y los reprendió con severidad por haber comerciado con otros.
Los informó de que habían ido para construir un fuerte en Banda Neira.
Verhoef hizo caso omiso de las protestas de la población local y ordenó a los soldados que se pusieran manos a la obra.
Estos empezaron de inmediato a levantar altos muros defensivos sobre los restos de los cimientos abandonados por los portugueses.