Los navegantes Reina en ropa de hombre #2
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Reina en ropa de hombre #2

Si se aludía a Nzinga en Europa, en general se hacía mostrándola como un ejemplo de terror, basado en fuentes fantasiosas y prejuiciosas.

Georg Wilhelm Friedrich Hegel la presentó como prueba de por qué África fue excluida de la historia.

Según el filósofo alemán, dirigía un Estado femenino gobernado por mujeres varoniles y sedientas de sangre que masacraban con regularidad a niños y hombres.

El marqués de Sade la describió en La filosofía en el tocador (1795) como «la más cruel de todas las mujeres, mataba a sus amantes tan pronto como habían tenido un orgasmo con ella.

A menudo hacía que los guerreros lucharan, con ella como espectadora, y ella misma era el premio del ganador.

Para calmar su alma sedienta de sangre, podía entretenerse escogiendo a todas las mujeres que se quedaban embarazadas antes de cumplir los treinta años y aplastándolas con un mortero». 1

Lo que sabemos: Nzinga nació alrededor de 1582.

Era la hija mayor de Ngola Mbande Kiluanje, futuro rey de Ndongo, un poderoso reino en el norte de la actual Angola.

Es probable que Ndongo hubiera estado originalmente subordinado al Congo hasta surgir como un reino independiente a principios del siglo XVI .

Ndongo era el segundo reino más grande de África en ese momento, solo superado por el ya mencionado Congo, y constaba de diecisiete provincias y más de setecientos territorios, todos gobernados por sobas.

La jerarquía social estaba formada por hombres y mujeres libres, así como por siervos y esclavos, en su mayoría prisioneros de guerra.

La madre de Nzinga era la concubina predilecta del futuro rey, con el que tuvo cuatro hijos.

Aunque su padre tenía un montón de vástagos, Nzinga era su favorita, algo que él nunca ocultó.

Fue entrenada en la guerra, al igual que los chicos, y destacó a una edad temprana, ya desde su nacimiento: nació con la cara vuelta hacia las estrellas y con el cordón umbilical alrededor del cuello.

Los mbungu, el pueblo de Nzinga, creían que los niños que sobrevivían a partos difíciles tenían habilidades espirituales especiales y estaban destinados a lograr hazañas extraordinarias.

El padre de Nzinga se convirtió en rey en 1592, en medio de un momento difícil para Ndongo.

Los portugueses se habían establecido definitivamente en Luanda en 1575, siete años antes de que naciera Nzinga.

Al principio habían colaborado con el rey de Ndongo, pero la buena sintonía no duró mucho.

En 1583, los portugueses construyeron un fuerte en Massango, tierra adentro, que utilizaron como base para sus campañas en la región.

Muchas de sus conquistas fueron en realidad incursiones esclavistas.

Los portugueses arrasaron, mataron e incendiaron aldeas, y cuando el humo se disipó, los prisioneros de guerra fueron enviados a Brasil a través del océano Atlántico.

Durante el reinado del padre de Nzinga, miles de habitantes de Ndongo morían cada año luchando contra los portugueses.

Decenas de miles eran enviados como esclavos al otro lado de la Tierra, y el descontento con el rey iba en aumento.

El propio rey estaba amargado y abatido.

En 1617 fue emboscado y asesinado por su propia gente.

En ese momento solo había unos pocos focos de independencia en Ndongo, todo el reino estaba al borde del colapso.

El cristianismo se extendió con rapidez; se dice que en Luanda un solo jesuita convirtió a veinte mil almas.

Además de estar en conflicto con los portugueses, Ndongo también estaba constantemente en guerra con su pueblo vecino, los imbangalas.

La muerte del rey desató un baño de sangre.

No solo porque la ceremonia fúnebre incluía numerosos sacrificios humanos, sino también porque surgió una disputa sobre la sucesión.

El hermano mayor de Nzinga se autoproclamó nuevo rey, pese a ser hijo de una concubina.

Para asegurarse el trono tuvo que matar a su hermanastro, el heredero legítimo, así como a la madre de este y a otras personas de la corte que se interponían en su camino.

Por si acaso, también mató al hijo recién nacido que Nzinga había tenido con uno de sus muchos concubinos.

Luego, supuestamente, se aseguró de llenar de aceite hirviendo los estómagos de sus hermanas, para que ninguna pudiera quedarse embarazada.

Los historiadores no están seguros de si eso sucedió de verdad, pero Nzinga no tuvo más hijos, a pesar de sus numerosos amantes.

Las dos hermanas menores también murieron sin descendencia.

El reinado de su hermano comenzó mal. Poco después de llegar al poder, los portugueses lanzaron una gran ofensiva contra la capital de Ndongo, Kabasa.

Se habían aliado con los belicosos imbangalas, que en la práctica eran grupos de mercenarios bien entrenados que servían sin escrúpulos a los que más pagaban.

Cientos de aldeas fueron destruidas en el intento de tomar Kabasa.

El rey y su corte lograron ponerse a salvo, pero la capital estaba en ruinas.

Unos años más tarde, los portugueses hicieron un nuevo avance. Esa vez lograron llegar hasta la isla del río Cuanza en la que el rey había buscado refugio. El soberano también escapó entonces, pero su esposa, su madre y varias de sus hermanas fueron hechas prisioneras.

Durante los primeros cuatro años del reinado del hermano de Nzinga, más de cincuenta mil esclavos fueron transportados a través del océano Atlántico desde la costa angoleña.

Un número desconocido de personas murieron.

Esa violencia desmedida se sumó al entorno hostil, caracterizado por mosquitos portadores de la malaria, cocodrilos, leones, serpientes venenosas, rápidos, ríos peligrosos, calor húmedo y sofocante y grandes distancias por terrenos accidentados.

Además, había enfermedades tropicales y epidemias mortales: disentería, cólera, viruela, enfermedad del sueño.

Las campañas debieron de estar marcadas por la diarrea, la sangre y el sudor.

El medio ya era de por sí bastante letal.

En 1621 se instaló en Luanda un nuevo gobernador portugués. El hermano de Nzinga aprovechó la oportunidad para probar una estrategia diferente y logró persuadir a su hermana, que hablaba portugués, para que encabezara una delegación diplomática a la ciudad.

Nzinga, que ya tenía cuarenta años, llegó a Luanda con un impresionante séquito de soldados, músicos, esclavos y damas de la corte.

En lugar de vestirse con ropas europeas, como solían hacer los mbundu cuando se reunían con portugueses, la enviada diplomática de Ndongo y sus damas de la corte se presentaron allí con lujosos atuendos tradicionales.

Sus brazos y tobillos estaban adornados con valiosas joyas y alhajas, y Nzinga llevaba grandes y coloridas plumas en el pelo.

El gobernador se sentó en una bonita silla e hizo que sus sirvientes extendieran una manta para que Nzinga se sentara. Esta, en lugar de someterse a la humillación, hizo una seña a una de sus asistentas, quien inmediatamente se puso a cuatro patas: una silla humana.

Durante las negociaciones, Nzinga se negó a aceptar que su hermano pagara a los portugueses un número anual de esclavos como tributo.

Argumentó que él no había sido vencido, al contrario, negociaban en pie de igualdad, como socios iguales.

Para convencer al portugués de sus buenas intenciones, Nzinga accedió a bautizarse en público.

Antes de que se llevara a cabo su bautismo estudió a fondo el catecismo católico; ella y su séquito permanecieron en Luanda varios meses.

Durante su bautismo tomó el nombre cristiano de Ana de Sousa.

Dotada de un nuevo nombre y un alma salvada, Nzinga regresó triunfante junto a su hermano.

Los portugueses habían aceptado el acuerdo: se reabrirían las rutas comerciales de esclavos, ellos se retirarían y ambos pueblos vivirían en paz.

La concordia no duró mucho. Los portugueses permanecieron en su fuerte, en contra de lo que habían prometido. Un grupo de sobas que habían sido llamados a Luanda para someterse oficialmente al gobernador terminaron siendo enviados como esclavos a Brasil.

El rey cayó en una profunda depresión, y en la primavera de 1624 ingirió veneno. Se desconoce el papel de Nzinga en el suicidio de su hermano. Lo único que se sabe es que ella lo sucedió como ngola de Ndongo, es decir, rey, que era el título que utilizaban.

Esa vez el cambio de poder tampoco se produjo de manera pacífica.

Familiares y opositores tuvieron que pagar con sus vidas.

El hermano había dejado a su hijo con el pueblo vecino, los imbangalas, presumiblemente por la seguridad del niño.

El sobrino tenía solo siete años, pero representaba una amenaza potencial en el futuro.

Nzinga logró persuadir al líder de los imbangalas para que se casara con ella.

Antes de que terminara la ceremonia de la boda agarró al niño, lo mató y lo arrojó al río.

A diferencia de su abuelo, su padre y su hermano, Nzinga logró poner a la defensiva a los portugueses.

Muchos de los habitantes de Ndongo se habían hartado de sus estragos y se unieron a la reina.

Por primera vez en cincuenta años, los portugueses ya no tenían la sartén por el mango y el comercio de esclavos se redujo.