Los navegantes Zona Liberada #5
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Zona Liberada #5

—La libertad llega en tres fases —explicó Pires pedagógicamente en un francés impecable—. El primer paso, crucial, es entender que no eres libre.

Como tantos otros, tuvo que abandonar Cabo Verde antes de darse cuenta de lo que le pasaba.

Comprendió que algo iba mal. La isla en la que creció, Fogo, Isla Volcánica, perdió la mitad de su población en pocos años.

Miles de personas murieron de hambre, y muchas más emigraron.

Su familia se mudó a otra isla, San Vicente, pero también allí la gente se moría de hambre.

Estuvo tres años seguidos sin llover. Tres años seguidos, las cosechas se estropearon.

—Vi niños con estómagos grandes e hinchados. Vi a la gente morir de hambre. Esas cosas nunca se olvidan. Te afectan.

Si bien muchos viajaron a las plantaciones de Santo Tomé, Pedro Pires fue uno de los pocos afortunados que recibieron becas para estudiar en Portugal. Al igual que Cabral, entró en contacto con los luchadores por la libertad africanos en Lisboa.

—Antes de venir a Portugal solo veía miseria, pero no entendía la causa del problema —relató Pires—.

Había vivido aislado toda mi vida. Por mi cuenta no pude ver la salida del callejón, pero en Lisboa, rodeado de todos estos pioneros, comprendí que la única solución era luchar por la independencia.

La forma de salir de la miseria era la independencia.

La segunda fase, la lucha por la independencia, llegó sin una respuesta definitiva, sin límite temporal.

La guerra se prolongó y se libró en tres frentes: Guinea-Bisáu, Angola y Mozambique.

En Cabo Verde no hubo guerra: la población era pequeña y vivía dispersa en islas remotas.

La lucha por la libertad de Cabo Verde tuvo lugar en Guinea-Bisáu.

Antes de que a Pedro Pires se le permitiera ir a allí a luchar, tuvo que pasar por varios años de estudios políticos e instrucción militar en Moscú y Cuba.

Amílcar Cabral entendió que la lucha requeriría mucho tiempo y que, por lo tanto, necesitarían personas bien entrenadas, con la educación y la experiencia pertinentes, incluso después de ganar la batalla.

—Era una guerra de guerrillas —recordó Pires—.

Era el débil contra el fuerte. Teníamos menos soldados, menos armas y menos instrucción militar.

Nuestra mejor arma fue el tiempo, porque se convirtió en una guerra de desgaste.

Se trataba de cansar al enemigo, haciéndole perder la esperanza de que la victoria estaría a su alcance.

Haciéndole creer que nunca podría derrotarnos, porque jamás nos rendiríamos.

Es difícil, psicológicamente hablando. Tienes que encontrar la manera de recargar las pilas sin cesar, tienes que recuperar una y otra vez la fe y la confianza en ti mismo.

Es importante celebrar cada pequeña victoria para mantener el ánimo.

La guerra de liberación de Guinea-Bisáu duraría más de diez años y costaría sangre, sudor y lágrimas.

La tercera fase, sin embargo, fue la más difícil: construir un nuevo país de la nada.

Cuando la guerra terminó, Pedro Pires regresó a esas islas azotadas por la sequía en las que había crecido.

Tenía cuarenta años y hacía diez que no volvía a casa.

El 5 de julio de 1975, la bandera portuguesa fue arriada definitivamente, y los amos coloniales hicieron las maletas y se marcharon.

Cabo Verde se valía por sí mismo por primera vez en su historia.

Tres días después, Pedro Pires se convirtió en el primer presidente del país.

—Nuestros problemas eran principalmente económicos y sociales —explicó—. La población era pobre, el país no era sostenible.

Cabo Verde era independiente, pero tan estéril como lo había sido siempre. En 1977, el país fue golpeado por otra sequía catastrófica.

—Un equipo de los Países Bajos, especialista en el desarrollo de los países pobres, vino a guiarnos.

Nos aconsejaron trasladar a la población de las islas más secas a las más fértiles.

¡Pero no podíamos renunciar a una parte de nuestro país!

—El expresidente rio un buen rato—. Eso estaba fuera de discusión, por supuesto, ¡era indiscutible!

¡No era por eso por lo que habíamos luchado!

Aunque la situación no era fácil. Teníamos que conseguir que la gente creyera en nosotros y se uniera al proyecto.

—Pero ¿cómo se hace eso? —pregunté.

Volvió a echarse a reír.

—¿Cómo se hace eso...? ¡Es una buena pregunta!

Uno debe predicar con el ejemplo. Sin ir más lejos, yo me dediqué a la limpieza y el orden aquí en Praia.

¡Estaba tan sucia que era peligroso para la salud!

Pero ¿cómo podía hacer que la gente actuara si yo no contribuía?

Además, teníamos que encontrar buenos socios en el extranjero, porque no queríamos arreglárnoslas solos, eso era bastante obvio.

Para lograrlo teníamos que parecer honestos y transparentes.

Poco a poco fuimos avanzando, poco a poco cambiamos el país, y poco a poco el país cambió.

A diferencia de otras antiguas colonias portuguesas, Cabo Verde optó por no vincularse a la Unión Soviética.

El joven país recibió ayuda de sus antiguos aliados socialistas, pero también de Estados Unidos, del Programa Mundial de Alimentos y del Banco Mundial.

En 1980, tras el golpe de Estado en Guinea-Bisáu, Cabo Verde rompió el contacto con su país hermano.

Guinea fue eliminada del nombre del partido, que pasó a llamarse PAICV, Partido Africano da Independência de Cabo Verde, y durante mucho tiempo fue el único partido legalizado.

Durante quince años, el PAICV gobernó Cabo Verde como un Estado de partido único.

No fue hasta 1990 cuando se abrieron a más partidos, y luego perdieron frente al partido de la oposición en las elecciones de ese año.

—Se habla mucho de democracia, pero eso viene después —argumentó el expresidente—.

Primero hay que crear un país sostenible.

No se puede tener una democracia con pobreza y miseria, porque entonces los políticos terminan comprando votos, comprando a la gente.

La gente pobre y hambrienta no piensa en la democracia, piensa en satisfacer sus necesidades básicas.

Para lograr un cambio, grandes cambios, hay que tener tiempo para pensar, creo. Simplemente hay que tener tiempo libre.

En la actualidad, Cabo Verde es el tercer país más democrático de África, solo superado por Mauricio y Botsuana. En 2001, el PAICV volvió al poder. Pires fue elegido presidente con una mayoría de poco menos de doce votos. Permaneció en el cargo durante diez años.

Uno de los asistentes señaló discretamente que el tiempo había terminado, de hecho había pasado mucho tiempo, y seguí al anciano expresidente por las escaleras.

Antes de subir al coche que me esperaba, me enseñó la exposición de Amílcar Cabral en la planta baja.

En el archivo del sótano, los historiadores digitalizaban todos los documentos, transcripciones y libros relacionados con Cabral.

Pedro Pires corrió directo a sus libros escolares.

—Hay niños de piel oscura en la portada, ¿lo ves? Queríamos que pudieran identificarse con el material escolar, que se reconocieran en él. Desde el primer día nos enfocamos en la educación, porque esa es la clave de todo.