Capítulo 18 #2
Mierda . ¿Era una disculpa retorcida? ¿Culpabilidad? ¿Autocastigo? Había mucho de eso por ahí últimamente.
—Te juro que parece que tú y tus amigos estáis tentando al destino, y...
bueno. —Reid se aclaró la garganta—. Haré otra llamada.
Pero ya he hablado con los de arriba, y la jefa no cree que tus amigos corran peligro, puesto que ninguno ha resultado herido ni ha recibido amenazas.
Me han asignado una patrulla adicional. Para ti.
Nada más. —Se volvió hacia ella—. Si el asesino intenta conquistarte, ¿de verdad haría daño a la gente que quieres?
—Mató a Kevin.
—Kevin estaba en medio. Y tú le dijiste que no cuando te pidió matrimonio. Quizá creyó que te ayudaba a pasar página.
Se le cerró el pecho, pero consiguió arrancarse un ronco:
—Quizá.
Pero, otra vez, no podía estar segura. El modus operandi del asesino era de lo más errático, y ¿quién decía que no pudiera sentirse amenazado por alguno de sus amigos?
¿Y si lograba conquistarla y a sus amigos no les gustaba?
Estarían prácticamente muertos. A menos que ella identificara primero al asesino.
Primero tenían que encontrarlo.
—Creo que deberíamos reunirnos todos —dijo despacio—. En algún sitio público. Llamaré a Sammy e Imani, a Owen, a Alex... — Alex, la asesina de su hermano — y los reuniré a todos en el mismo sitio, así podréis vigilarlos al mismo tiempo. Era lo más seguro, ¿no? Separarse siempre era más peligroso.
Tristan asintió.
—Al menos Alex no podrá esquivar a mis hombres si están todos los demás presentes.
—También llamaré al hospital —dijo Reid—. Sé que quieren darle el alta a tu padre, pero, si pueden prolongar su estancia, pondremos seguridad en la puerta.
—Vale. —Se cruzó de brazos—. Y quiero ir de incógnito. Quiero volver al club.
Esta vez se les abrieron los ojos tanto a Tristan como a Reid.
—¿Cómo has dicho? —preguntó Reid.
—¿Y si está allí? ¿Y si consigo atraparlo con solo aparecer?
—Es demasiado peligroso, Maggie —Reid negó con la cabeza, con el rostro demacrado por la preocupación—. Esto no es un juego.
No me jodas. Hasta la ruleta rusa se cobraba menos víctimas.
—El club es exclusivo —dijo ella, procurando que no le temblara la voz—. Lleva tiempo pasar el filtro. Un agente no podrá hacerlo. Y ese club es el único lugar que nos consta que ha frecuentado. Sabemos que lo ha usado para elegir víctimas en el pasado.
Tristan sonrió.
—Quiero entrar. Siempre he querido ir.
Maggie puso los ojos en blanco. Tenía el brazo empapado; la lluvia repiqueteaba contra su manga, y el interior de la puerta del lado de Reid también estaba mojado.
—Acabo de decir que lleva tiempo—
—Soy socio. No tengo máscara, pero puedo conseguir una en un periquete.
Maggie se le quedó mirando. ¿Era socio ?
Reid se puso rígido, con los nudillos blancos sobre el volante.
No se había acostado con Tristan; tenía que creer que lo habría sabido.
Pero, con las máscaras y el hecho de que nunca le hubiera visto el torso…
había creído percibir su olor allí, ¿verdad?
Maggie había pensado que era una jugarreta de su mente, como cuando solía oler a Kevin en los hombres con los que se acostaba, pero ¿y si no lo había sido?
—¿Estás de broma? —espetó.
Pero Reid ya se había girado bruscamente hacia él; su voz retumbó por encima del trueno.
—¿Has estado yendo allí a intentar acostarte con—
Tristan levantó las manos.
—¡Eh, eh! Nunca he ido . Ya fue una metedura de pata apuntarme, pero me aceptaron, lo cual nos viene de perlas. Puedo hacerme pasar por tu galán provisional. Conseguir que el asesino vaya a por mí después. Y Reid puede detenerlo. —Señaló a su hermano con el pulgar.
Maggie tenía ganas de gritarle, y ni siquiera sabía por qué. ¿Por lo de los límites? Quizá. O solo por frustración. Como equipo estaban rotos, eran disfuncionales, pero Tristan era, de algún modo, el único que siempre estaba en situación de ayudarla. La hacía sentirse… atrapada.
Tragó con dificultad, pese al nudo que tenía en la garganta, y logró decir:
—Esta noche. Este asesino se mueve demasiado deprisa como para esperar.
Las órdenes judiciales y los grupos especiales llevan tiempo; demasiado tiempo.
Tristan y yo podemos ir juntos, por seguridad.
No nos atacará en el club, y no podemos llevarnos un equipo de policías; no podemos perder el único lugar donde quizá consigamos hacerle morder el anzuelo.
Si podemos organizar protección para la familia de Sammy y para todos los demás—
—No tenemos efectivos suficientes. —Reid se frotó la sien.
—Sé manejar armas —dijo Tristan—. Tú me dijiste que tenía que aprender, hermano, precisamente para una ocasión como esta.
—Es una mala idea.
—Es la única idea, Reid —replicó ella—. No puedo quedarme sentada esperando a que mate a alguien más. Pero si me está vigilando, si está matando a la gente con la que follo… —Miró a Tristan—. Al menos sabemos dónde atacará la próxima vez.
—Tiene razón. —Tristan se encogió de hombros con una despreocupación tan absoluta que resultaba inquietante—.
Primero, una reunión; luego, una visita a un club de sexo conmigo.
—Le guiñó un ojo; sus ojos verdes relucían—.
Será un buen día, doctora. Para los dos.
—Agarró el tirador de la puerta y salió bajo la lluvia.
Maggie volvió la vista al frente y observó a Tristan alejarse calle arriba, sin prisa pese a la tormenta.
Pero, por el rabillo del ojo, seguía viendo el rostro de Reid, sus ojos castaños oscurecidos por la furia.
La idea de que fuera a aquel club con Tristan le había tocado claramente una fibra sensible.
Y, mientras Tristan se alejaba, se preguntó qué hacía Reid para dar salida a aquella rabia.
Y qué podría pasar con ella si no hacía nada.
Seguro que no dejaría que su medio hermano muriera a manos de ese asesino, pero, por la expresión de su cara, quizá quisiera. Y una vocecilla al fondo de su mente no dejaba de susurrar, insistente: ¿Por qué no te mató el sospechoso, Reid?
¿Por qué no te mató a ti?