Los muertos no ven (Juegos de la mente 4) Capítulo 6 #3
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Capítulo 6 #3

Había una explicación. Una explicación lógica. Le palpitaban las manos. Aflojó los puños, pero aún notaba las hendiduras en la carne de las palmas: minúsculas medias lunas marcadas por las uñas.

—Puede que, antes de Joel… estuviera acostándome con él.

Reid volvió a mirar a través del cristal. Harry seguía sollozando, con la cabeza entre las manos.

—Durante el último año hubo un hombre al que elegí una y otra vez.

Alto, de hombros anchos, pero siempre llevaba la cara cubierta por la máscara; tenía toda la cabeza oculta bajo el cuero.

No tengo ni idea de qué color tenía el pelo ni de nada más.

Le veía los labios, pero no podría identificarlos en una rueda de reconocimiento.

No dijo ni una sola palabra. —Tragó saliva—.

Ayer, por primera vez en meses… elegí a otro.

—¿A Joel?

Asintió.

—Sí.

—Y ese otro hombre, el que rechazaste… ¿crees que podría ser este tipo?

El filo de su voz terminó la frase por él: ¿Te lo estabas tirando mientras te tirabas a mí?

En vez de responder a aquella pregunta no formulada, Maggie miró fijamente a través del cristal.

Hombros anchos. Fuerte. Sin tatuajes. Nunca le había visto la cara, así que…

podía ser. Eso, claro, suponiendo que hubiera robado la identidad de otra persona para poder entrar, una maniobra que aún le parecía demasiado calculada para Harry.

—Quiero decir, puede ser. No puedo asegurarlo.

Se obligó a volver la mirada hacia Reid.

—Sigo sin creer que sea él. No tiene sentido.

—Maggie, te dije que investigaría un poco más, pero ha confesado y…

—Tiene barba incipiente debajo de la oreja.

—¿Y qué? Seguro que yo también.

—Pero tú no eres sospechoso de una serie de crímenes que exigían una precisión meticulosa.

Reid torció el gesto.

—No estaba haciendo neurocirugía. Apuñaló a sus víctimas una y otra vez. Con saña.

—También les extirpó los párpados con cuidado.

Los cortes eran uniformes, hechos con pulso firme.

No les arañó los ojos ni desgarró la carne de las comisuras de los ojos.

Fue un trabajo preciso. También arrancó con cuidado la piel tatuada del brazo de Joel.

Por no mencionar el cuidado con el que entraba y salía de cada escena del crimen.

No hubo testigos. La primera vez acabó en prisión porque llamó él mismo a la policía y le dijo a la operadora del 9-1-1 que la había matado, aunque en realidad fue un accidente.

—O eso te contó después.

—Eso es lo que creo . Este tío es incapaz de no autoinculparse.

Y ahora, ¿por qué deshacerse de su ropa dos veces para luego venir aquí a confesar?

¿Por qué ir a ese club durante un año sin acercarse jamás a mí fuera de él?

Si quería verme, ni siquiera tenía que acosarme: bastaba con pedir cita.

Y si quería ir a la cárcel, podría haber llamado a la policía desde la escena del crimen, como hizo la primera vez.

Ni siquiera tenía que matar a Joel; solo por lo de Cara le caerían los mismos años. Nada de esto tiene sentido.

El estómago se le contrajo, retorciéndose en nudos de acero fundido, tan duros y afilados como los bordes de la mesa.

—Creo que ha confesado porque tiene miedo. Eso encaja con su perfil. Eso encaja con el Harry que conozco.

—¿Miedo? ¿A qué?

—A tener que cuidar de un niño él solo, quizá.

La libertad no es tan maravillosa como la pintan, no para todo el mundo.

La cárcel le daba estructura. Le daba de comer, le vestía, le quitaba responsabilidades, eliminaba la presión bajo la que había vivido toda la vida.

Siempre se ha considerado un fracasado, y por eso acabó juntándose con su ex.

Estar encarcelado le permitía existir sin tener que ser una decepción todos y cada uno de los días de su vida.

Reid negó con la cabeza.

—Sé que no quieres que sea él. Sé que tendrías… sentimientos al respecto, después de convencer a una junta de libertad condicional de que no suponía una amenaza.

¿Sentimientos? ¿Quieres decir culpa?

—Pero sabe más de lo que debería. Sabe cómo murió Cara, para empezar. Y, en muchos sentidos, este hombre encaja con tu perfil. Es blanco, tiene la edad adecuada, una infancia traumática, problemas con las mujeres, aunque no sea impotente…

Sí, si el asesino estaba en el club, no era impotente. Pero eso no significaba que no se sintiera impotente. Puede que su pene funcionara, pero quizá no lograba satisfacción sin una cuchilla.

Reid se apartó de ella y se quedó mirando a su asesino confeso. A su sospechoso.

—Tiene un hijo. No mentiría ni abandonaría a ese bebé si no fuera necesario.

Lo haría si pensara que el niño estaría mejor sin él. Apretó los labios, pero el ácido que le retorcía las entrañas se negaba a calmarse.

Sobre el papel, Harry encajaba, pero era demasiado fácil. Demasiado fácil. En todos los episodios de Scooby-Doo , el primer sospechoso nunca era el culpable. Así funcionaba aquello.

Maggie no lograba librarse de la sensación de que mentía.

Odiaba que todo aquello pareciera un arranque en falso.