Capítulo 31 #2
—Cuando lo dice así, preferiría desollarme viva antes que hablar con él.
Infantil, sin duda, pero la estaba provocando a propósito.
—Muy bien, Sam, pregúntaselo tú. Pregúntale por qué estuvo en casa de Christine Archer el día antes de que desapareciera.
Por qué su paciente, Tonya Rupert, terminó muerta igual que Lillian Mace.
Pregúntale por qué trata a mi principal sospechoso en una serie de homicidios como si fuera un puto santo mientras sigue secuestrando a mujeres inocentes.
Sammy se quedó boquiabierto.
Maggie se quedó inmóvil, pero se le retrajeron los labios: le estaba gruñendo al detective y le importaba una mierda.
La voz de Sammy le llegó desde muy lejos.
—Maggie, si tu paciente está haciendo daño a la gente, tienes todo el derecho ético a revelarlo.
Cuadró los hombros.
—Creo que el detective se equivoca. O que miente. Y eso significa que cualquier cosa que revele podría perjudicar a un paciente en vez de ayudar a nadie.
Y Helena... Helena podía estar en peligro. Por una vez en su vida, aquella pobre mujer merecía que alguien le cubriera las espaldas.
Reid soltó un bufido. Sammy se volvió hacia el detective, negando con la cabeza.
—¿Hasta qué punto estás seguro de que es este paciente, Reid? No tienes suficientes pruebas forenses, o ya lo habrías detenido y habrías pasado el caso a Fiscalía.
—Oh, estoy seguro. Pero ahora mismo no consigo encontrarlo. Esta misma noche, cuando fui a echar un vistazo a las yemas de sus dedos, no estaba en casa. Qué conveniente.
La mirada que le lanzó a Maggie estaba cargada de agujas, afilada y acerada, y no se suavizó al volver hacia Sammy.
—El caso tiene que ser irrefutable antes de que os lo pase, sobre todo tratándose de un ricachón como ese. Ya lo traje antes, y no se sostuvo.
—¿Ué te hace pensar que esta vez va a funcionar? —dijo Maggie.
Los ojos de Reid estaban surcados de vetas de hielo que le helaban la sangre pese al calor del incendio.
—Si me equivoco, ¿por qué iba alguien a hacerte esto, doctora? Si no es tu paciente, comparte conmigo tus vastos conocimientos sobre este asesino.
Frunció el ceño, con la mirada fija en las llamas. ¿Decía la verdad cuando afirmaba que no había podido encontrar a Tristan? ¿También Tristan había desaparecido, huyendo con Christine? ¿Verdad o mentira? Pero aquel destello helado alrededor del iris… Mentira . Al menos en parte.
Pero podía empezar por decir la verdad: Maggie era capaz de elaborar un perfil hasta dormida.
Omitiría cualquier sospecha sobre el propio Reid.
Y no tenía por qué admitir que trataba a Tristan.
Reid lo había mencionado como nexo entre las víctimas, así que ahora conocería su nombre aunque no se hubiera reunido con él en una habitación de hotel.
—Busca a alguien con vehículo propio —dijo—.
Lo necesita para acechar a las víctimas.
Su sospechoso no es un novio celoso, o habría ido a por el hombre que creía que se interponía en su camino: el propio Tristan.
Creo que busca a una asesina, a alguien con una motivación muy fuerte para quitar de en medio a las mujeres relacionadas con Tristan, porque él es el objeto de su afecto.
Ve a las demás mujeres como el único obstáculo que le impide estar con él.
Y, si la misma asesina atacó a la madre de Tristan, busca a alguien que ya estuviera obsesionada con él entonces.
Quizá alguien que no habría contado con la aprobación de su madre.
Como una mujer a la que conoció en un club de estriptis.
—Una mujer. Claro. —Reid soltó un bufido.
¿Por qué descartaba la idea sin más? ¿Porque quería incriminar a Tristan?
¿Para proteger a Christine, la mujer con la que casi se había casado?
Maggie sabía por experiencia que no haber llegado al altar no implicaba querer menos a alguien, aunque a veces hiciera que la gente se lanzara con el coche por un puente.
Se le dilataron las aletas de la nariz; el humo le abrasaba la garganta.
—Por lo que me ha contado, los crímenes no requieren una fuerza desmedida en la parte superior del cuerpo: las víctimas estaban drogadas.
—Y el lugar donde abandonaban los cadáveres era el mismo donde las mataban—.
Una mujer podría atraer a víctimas femeninas hasta las inmediaciones del terreno donde las asesina, probablemente con más facilidad y discreción que un hombre, puesto que las mujeres tienden más a confiar en desconocidas.
Pero un hombre también podría llevar a su novia hasta allí y atacarla por sorpresa.
A un detective le bastaría con pedirle a una mujer que lo acompañase.
En ninguno de esos casos había heridas defensivas.
—Pero esa teoría tiene un problema. —Reid sorbió por la nariz, tosió y prosiguió—.
Sus vecinos no tienen cámaras en los timbres, pero me he tomado la libertad de buscar huellas en su coche, concretamente en el motor trasero.
Estaba que quemaba cuando llegué, pero aun así se podían obtener huellas.
Los problemas de su coche fueron fruto de un sabotaje.
Hay huellas de Tristan en el bloque del motor.
Entrecerró los ojos al mirar su casa y luego recorrió con la vista las viviendas vecinas, ya evacuadas; sus ocupantes seguramente estarían furiosos porque aquella casa, convertida en una hoguera, había puesto sus propiedades en peligro.
Por último, volvió la mirada hacia el coche, cuya pintura estaba más oscura que cuando había llegado.
¿Huellas en el bloque del motor? No tenía sentido.
Lo que Reid describía había sido premeditado, no obra de un sonámbulo.
Tampoco encajaba con el patrón de sonambulismo de Tristan.
Y Tristan, cuando estaba despierto, tenía tendencias obsesivo-compulsivas: le preocupaba mucho ensuciarse. Habría llevado guantes.
—No, no las había.
La mirada de Reid se ensombreció.
—¿Me está llamando mentiroso, doctora?
—Sí.
Sammy se volvió hacia él.
—Yo también puedo mandar técnicos, Reid. O al menos preguntar qué han encontrado. —Echó un vistazo al coche, aunque no necesitaban un termómetro para saber que ahora estaba demasiado caliente como para acercarse.
Reid sorbió por la nariz y se encogió de hombros.
—Vale. No puedo demostrar que fuera él. Pero sí puedo demostrar que hubo sabotaje: alguien dejó ese coche inutilizado.
Probablemente intentaba retenerla aquí para prenderle fuego.
De momento, él no puede enterrar a nadie en los sitios que le gustaría.
Tengo patrullas pasando por todos los campos abandonados de la zona.
Y estamos registrando sistemáticamente con perros los lugares más probables donde deshacerse de un cadáver.
¿De campos abandonados a un espectáculo de llamas a la vista de todos?
—Detective, quien manipulase mi coche, si es que alguien lo manipuló… sabría que yo no lo estaba conduciendo. Sabría que no estaba aquí. Solo parece que estoy aquí.
Y, mientras lo decía, se le ocurrió otra cosa: ¿y si la avería del coche le había salvado la vida? Pero, si alguien lo había manipulado para que pareciera que estaba en casa, esa persona también sabía que ella era un objetivo… lo que significaba que tenía que conocer al asesino.
El fuego le rugía en los oídos. Crepitaba.
Escupía chispas. De pronto se sintió muy, muy cansada, como si el fuego le hubiera derretido la energía de la médula.
Basta. Estoy hasta aquí. Maggie ya no soportaba seguir a la defensiva, y no tenía por qué hacerlo.
No se había comportado de manera impecable durante todo aquello, pero todo lo que había hecho, cada visita que había realizado, había sido por un bien mayor.
Si ella tenía que responder por esas decisiones, Reid tendría que responder por las suyas.
—Quizá solo está enfadado con su hermano, y hacer que lo detengan le resulta más fácil que competir con él.
Fulminó a Reid con la mirada.
—He oído que casi se casó con la novia con la que Tristan rompía y volvía una y otra vez; que Tristan le quitó a Christine.
—Ah, ¿has hablado con Eden? Esa vieja me tiene entre ceja y ceja desde el día que yo… —Negó con la cabeza—. Me odia. Dejémoslo así.
—Me imagino que sí, viendo cómo tratas a Tristan.
Desde luego, parece considerarlo de la familia.
¿Y eso de decirme que debería comprarme un arma?
Una forma estupenda de quitarse a un hombre de en medio, ¿no?
Con lo que sabes de la historia de mi familia, podrías haber supuesto que ya tenía una bala lista.
Las cejas de Sammy se le habían subido hasta el nacimiento del pelo.
—Reid… ¿pero qué coño es todo eso? Pero ¿tiene razón? ¿Estás emparentado con tu sospechoso? Porque, si es así, no deberías participar en esta investigación. Es un conflicto de intereses.
Reid parpadeó.
—No estamos emparentados.
—Venga ya, saco engreído de pañuelos de bolsillo —espetó Maggie.
—¿Saco engreído de…? —dejó escapar el resto de la pregunta con un suspiro y siguió—.
La madre de Tristan se folló a mi padre y se quedó embarazada; mi madre se enteró de lo del bebé Tristan y se largó.
Pero no considero a ese bicho raro parte de mi familia ni de coña.
Tu paciente está como una cabra. Compulsivo, de mecha corta, antisocial.