Capítulo 21
L a comisaría parecía distinta cuando era ella quien estaba a la defensiva.
Aunque Maggie no era sospechosa, el hecho de que Malone hubiera ido a su consulta para hacerla caer en una contradicción, para impedir que hablara con Sammy, le daba la sensación de meterse en un avispero donde cada bicho con aguijón llevaba un cartel de «Se busca» con su cara.
Imani la esperaba en el vestíbulo, hombros rígidos, labios apretados. Ni la blusa de seda verde chartreuse ni la falda tenían una sola arruga, pero el rostro de Imani era una máscara de pánico apenas contenido. Se esforzaba por no desmoronarse, igual que Maggie.
Pregunta por Sammy, no por tu madre. No pienses en osos polares, ni en madres, ni en cadáveres. Date diez minutos más.
—¿Lo está interrogando el detective Birman? —consiguió preguntar Maggie.
—Interrogándolo, oficialmente. Pero no es Birman. Es un canadiense. —La rodeó con los brazos y la abrazó con fuerza. Temblaba. Olía a limones, a desodorante y al almizcle acre del miedo—. No me gusta —dijo contra su pelo.
—A mí tampoco.
Pero Malone había estado con ella cuando se llevaron a Sammy.
Si no era Birman, ¿quién se había llevado a Sam?
En cualquier caso, que lo estuvieran «interrogando oficialmente» significaba que habían identificado la sudadera.
No sentabas a un abogado en una sala de interrogatorios a menos que pudieras obligarlo a responder; a menos que tuvieras pruebas.
—¿Dónde están los niños? —preguntó Maggie.
—Después del colegio se van a casa de los vecinos.
—Bien.
Kendra y Justin estarían mejor con sus amigos que sentados en casa, preocupándose por su padre.
Piensa en Sammy, Mags, en sus hijos, en cualquier cosa que no sea el oso polar. Bien hecho. Pero espera... tu madre podría estar muerta.
A Maggie se le revolvió el estómago.
Imani la soltó.
—No sé qué hacer —soltó con un suspiro—.
Sammy ha rechazado la asistencia de un abogado.
Y no puedo imaginar que Sam pudiera haberle hecho daño a tu hermano; es que no puedo.
Pero desde que encontraron el cuerpo de Aiden se ha comportado de una forma...
extraña. ¿Será por esto? ¿Porque daba por hecho que pensarían que estaba implicado?
Parecía que Imani sabía menos que ella.
—Ojalá pudiera responderte. Lo único que sé con certeza es que tienen pruebas que lo vinculan con el crimen. —Al ver que Imani abría mucho los ojos, prosiguió—. Pero, aunque lo peor fuera cierto, no pueden meterlo en la cárcel por algo que hizo con trece años. Tus hijos no perderán a su padre.
¿Y cómo me hace sentir eso?
¿Quería que acabara en prisión? Los niños de trece años cometían estupideces, pero aquello era demasiado grave como para descartarlo como un error de juicio infantil.
Quería que quien hubiese matado a Aiden recibiera un castigo.
Uno severo. Pero ¿creía que Sammy era un asesino? No. Y, sin embargo... la sudadera.
No podía pensar. Joder, no podía ni pensar .
Los ojos de Imani se endurecieron hasta ser esquirlas de obsidiana. En el pasillo, bañado por luces intensas, la temperatura pareció caer diez grados. Olía a hierro. A sangre.
—Él no hizo esto, Maggie. No pudo hacerlo.
Maggie tragó saliva. Esperaba que Imani tuviera razón, que existiera otra explicación. Pero aquella esperanza no le sonaba bien. Ya nada sonaba bien.
Nada.
No pienses en el oso polar. No pienses en tu madre.
Parpadeó, mirando pasillo abajo: las luces brillantes, los escritorios de la sala común, un agente uniformado que iba de un lado a otro, un detective de traje con una carpeta bajo el brazo.
No pienses.
Imani seguía observándola, esperando, con la cabeza ladeada, pero los pensamientos de Maggie eran un nudo de puro caos. ¿Qué se suponía que tenía que decirle?
—Maggie, ¿qué...?
—Encontraron el cuerpo de Aiden hace dos días —oso polar— y siento que no he tenido ni un solo momento —Mamá, no, mi madre no— para respirar, y mucho menos para pensar. Muerta. Mi madre está muerta.
Le temblaba la voz; también los dedos. Tenía la piel ardiendo, como si llevara dentro la presión de una presa a punto de reventar. Y cuando Imani le agarró la mano, las palabras que tanto había evitado salieron de golpe:
—Malone me ha dicho que han encontrado un cadáver. Podría ser mi madre.
Le escocían los ojos y, esta vez, al parpadear sintió el calor húmedo deslizándose por sus mejillas.
A Imani se le desencajó la mandíbula.
—Oh, Maggie. —Se acercó y volvió a estrecharla entre sus brazos, igual que Sammy la otra noche. ¿Cómo se les daba tan bien abrazar a los dos? —Tiene que haber alguien a quien podamos preguntarle, ¿no? Para saberlo con seguridad. Quizá...
Se apartó un poco y asintió. Maggie se volvió para seguir su mirada.
Reid.
El hombre con quien había pasado la noche avanzaba a zancadas por el pasillo sin reparar en el agente uniformado, que saltó hacia atrás para no acabar arrollado. Parecía agotado; tenía las ojeras hinchadas y amoratadas. Pero había dormido la noche anterior. Ella lo había visto.
Reid se detuvo frente a ellas, con la mirada clavada en Maggie, y antes de que pudiera decir una palabra sobre su madre, espetó:
—¿Lo sabías?
Frunció el ceño. ¿Lo de su madre? No, eso no podía enfadarlo así, y sus labios formaban una línea exangüe. Le estaba preguntando... por la sudadera.
La sudadera.
Era evidente que él ya lo sabía. Y eso significaba que...
El calor le subió por la garganta. Sabía que Malone iba a ir a hablar con ella y no la había avisado. Y en cuanto Malone le contó que ella se había cerrado en banda, supo que había mentido. ¿Para qué responder siquiera?
El silencio se alargó. Imani se tensó. Maggie se volvió hacia ella.
—Malone ha venido esta tarde a la consulta. Me ha enseñado una foto, una recreación de la sudadera de Sammy. La encontraron con el cuerpo de Aiden.
Imani parpadeó.
—Y no les dijiste que era suya.
No era una pregunta.
Maggie negó con la cabeza. Imani le apretó la mano, aún entre las suyas. Maggie había elegido un bando. Estaba la verdad —la ley— y estaba Sammy. Y había elegido a Sammy.
Reid también lo sabía, a juzgar por su mirada dura y la tensión de su mandíbula.
¿Era extraño que ni siquiera se hubiera planteado decir la verdad?
Quería creer que había mentido porque sabía, sin la menor duda, que Sammy era inocente, lo que quería decir que alguien le estaba tendiendo una trampa y ella no quería ayudarle.
Pero sospechaba que había sido un reflejo.
Estaba tan desbordada, intentando convencerse de que su madre no había muerto, que su cerebro había vuelto a las costumbres de siempre.
Ante la duda, protege a los que quieres.
Y allí había duda de sobra. Necesitaba hablar con Sam antes de responder una sola pregunta. Sobre lo que fuera.
Parpadeó mirando a Reid. Tal vez se lo imaginaba, pero podía oír el rechinar de sus dientes, el chirrido de sus molares.
—También están interrogando a Sammy por el otro cadáver —dijo él—. Puede que lo retengan hasta mañana.
Imani aspiró bruscamente, pero Maggie no se volvió. Mantenía los ojos fijos en Reid, como si pudiera descifrar, por la tensión de sus labios, si su madre estaba muerta.
—¿Es mi madre? —soltó.
—¿Lo de tu...?
—El cadáver.
Reid frunció el ceño, genuinamente confundido.
—Claro que no.
¿Por qué claro que no? Su hermano había desaparecido, ¿por qué no iba a hacerlo también su madre? Pero cualquier réplica se le quedó atascada en la garganta, las palabras ahogadas por la emoción. Imani le apretó la mano con más fuerza.
—¿Recuerdas que te dije que iba a rastrear la obra con perros adiestrados para localizar cadáveres?
Maggie se quedó mirándolo fijamente. ¿Perros? Apenas podía pensar. El alivio le corría por las venas tan ardiente, tan absoluto, que le espesaba los pensamientos, los volvía turbios como el barro. Su madre… no estaba muerta. Estaba desaparecida, pero no era un cadáver.
Probablemente.
Se obligó a asentir, y Reid prosiguió:
—Cuando empezaron a aullar, supuse que se trataría de ropa ensangrentada, algo que Dylan o Kevin enterraron mientras esperaban a que el equipo de búsqueda despejara el bosque.
—Las aletas de la nariz se le dilataron—.
Me equivoqué. El cuerpo estaba oculto muy hondo, pegado a la parte exterior de los cimientos originales.
Demasiado hondo para que alguien lo hubiera enterrado a mano.
Mi teoría es que la tiraron allí cuando los promotores empezaron a hacer catas, excavando alrededor de los cimientos para comprobar si eran estables.
El asesino pudo arrojar el cuerpo dentro y echar encima tierra suficiente para ocultarlo.
Maggie lo recordaba vagamente: las excavadoras al salir del colegio. Cuando los promotores acabaron, volvieron a rellenarlo todo con las máquinas y lo dejaron así hasta la demolición del año siguiente.
Frunció el ceño, repasando la cronología.
—Entonces, ¿ese cuerpo era del año anterior a la muerte de Aiden?
Él asintió.
—No desapareció mucha gente en la ciudad aquel año. Pero hubo un nombre que destacó. Un relicario que llevaba el cuerpo confirmó mis sospechas.
—¿Hay alguna razón para que le estés dando tantas vueltas? —espetó Imani—. Suéltalo de una vez.
Maggie quiso rodear a su amiga con los brazos; como mínimo, invitarla a un taco por aquella respuesta tan tajante. Me ha quitado las palabras de la boca.
Reid lanzó una mirada a Imani, pero no añadió nada. Maggie enarcó una ceja.
—Vamos, Reid. ¿Quién es?
—La madre de Alex.
Ella e Imani intercambiaron una mirada. ¿La madre de… Alex?
—Creía que había muerto de cáncer —dijo Imani.
Maggie asintió. Cáncer. Puto cáncer. Se le había olvidado.
Eso hacía mucho más fácil de creer la historia de Alex sobre su pecho: «genes de mierda», los había llamado Alex.
Y nunca le habían preguntado dónde estaba enterrada su madre.
Hasta ese día, la madre de Alex no era más que otro familiar muerto hacía tiempo.
Como Aiden. Alguien de quien no hablaban porque dolía demasiado.
Reid se pasó una mano por el pelo. Un mechón se le levantó sobre la oreja.
—Acabo de hablar con Alex. La he dejado ir hace unos minutos, antes de que llegarais.
Le lanzó una mirada significativa, como si Maggie fuera a salir corriendo al aparcamiento para alcanzarla.
Pero era lo último que le pasaba por la cabeza. El edificio. La madre de Alex. Y el propio Dylan, desaparecido del mapa antes de la muerte de Aiden… Esa era la conexión, ¿verdad?
—Por eso Dylan estaba en el edificio aquel día —dijo—. Iba a mover el cuerpo porque creía que lo encontrarían al derribarlo. No sabía que iban a conservar los cimientos.
Lo que significaba… que Dylan había matado a la madre de Alex. A su propia madre.
Reid asintió.
—Esa es la teoría principal. Dylan fue a ese edificio para mover el cadáver de su madre y acabó atacándote a ti.
La herida de la cara lo ralentizó lo suficiente para impedirle cumplir su objetivo, pero no llegó a dejarlo completamente fuera de combate.
Birman cree que seguía allí cuando tu hermano apareció buscándote; otro testigo con el que no estaba preparado para lidiar.
Así que pidió ayuda a su mejor amigo con Aiden mientras él corría a casa a sacar dinero de la caja fuerte de su abuelo para desaparecer.
Eso último es teoría de Alex. Dice que la caja estaba revuelta cuando volvió del hospital.
Pero, como había dicho Reid, Dylan no habría querido dejar testigos.
—Si su objetivo era mover el cuerpo, ¿por qué me llevó Kevin allí? Si Kevin conocía tan bien a Dylan, probablemente sabía que el cadáver existía.
Puede que incluso hubiera participado en su muerte, igual que hizo con Aiden. Maggie tenía la mano helada; Imani se la había soltado y estaba apoyada contra la pared, mirándola con los ojos muy abiertos. Ah… no sabía lo del ataque a Maggie. Demasiada información que procesar. Bienvenida al club.
—Puede que Dylan le pidiera a Kevin que te llevara. Tal vez le guardaba rencor a tu familia y Kevin no lo sabía.
—¿Por qué iba Dylan a odiar a mi familia?
Pero ninguno de ellos sabía responder a eso. En vez de molestarse en contestar, Reid se limitó a encogerse de hombros.
—Parece que tienes todas las respuestas que necesitas —dijo Maggie—. Todo el móvil que te hace falta para culpar a Dylan, da igual cómo empezara todo.
Miró a Imani, pero ella ya se separaba de la pared para rematarle la idea:
—Y nada de eso implica a mi marido.
Reid se volvió hacia Imani.
—Probablemente tengas razón, pero Sammy estaba con Alex la noche en que murió Aiden. Él fue quien la llevó al hospital. Y con esa camiseta tenemos un vínculo directo entre Sam y la familia de Alex.
Maggie negó con la cabeza.
—No, eso no puede ser. Alex y Sammy se conocieron a través de mí, y yo no conocí a Alex hasta una o dos semanas después de que Aiden desapareciera. No se conocían la noche en que se llevaron a mi hermano.
—No tengo todas las respuestas, Maggie. Y ahora no puedo seguir con esto; tengo que ir a buscar a Ezra. Ya debería haberme marchado, pero después de lo del parque tenía que… —Se le tensó la mirada, aunque esta vez no era tristeza. ¿Culpa? ¿Por…?
Mierda. Él había sido quien recogió a Sammy. No Birman.
—¿Dónde está el viejo Cara de Payaso?
Reid se encogió de hombros.
—Nadie parece saberlo. Ha apagado el móvil.
Vaya, eso era sumamente sospechoso. Su madre confesaba en un mensaje enviado al teléfono de Birman, ¿y él desaparecía antes de tener que presentar la prueba?
Reid se volvió para irse, pero Maggie dio un traspié hacia delante y le agarró del brazo.
—Reid, espera…
Él se volvió, y todo lo que quería decir se le quedó atascado en la lengua. Su madre, la confesión falsa, Birman, Sammy… Siento haberme escapado de tu casa; hueles a fuerza, a calma y a sexo … Pero, en lugar de eso, dijo:
—¿Adónde vas? Podemos hablar de todo esto, revisar…
—Ha habido un incidente en el colegio de Ezra. Se ha peleado con otro niño. Y no puedo… —Tragó saliva con esfuerzo y suspiró—. Solo necesito ir a recogerlo. Después podré volver a pensar.
El corazón se le cayó al estómago. Con razón estaba más tenso de lo habitual. Que el chico se metiera en líos apenas unas horas después de verla salir de casa era mala señal.
Reid levantó la vista hacia el techo, evitando su mirada.
—Te llamaré. Puede que necesite una sesión de urgencia.
Se le tensó la espalda. ¿Para el niño? Claro.
Para el niño. Por mucho que le preocupara Ezra, aquello le sentó como una bofetada.
Todos estaban pasando por una mierda, y lo de su hermano muerto, su madre desaparecida y su amiga detenida debería pesar más que una pelea de patio de colegio.
Le soltó el brazo, y Reid dio media vuelta y la dejó allí, en el pasillo, con sus preguntas y su dolor.
Mejor así.
Si su historial servía de algo, estaría mejor sola.